Paradojas de monárquicos y republicanos

Pío Moa

2008-01-15

"Io no capisco niente. Siamo in una gabbia de pazzi” (Yo no entiendo nada, esto es una jaula de locos), dijo el pobre Amadeo de Saboya ante los políticos que pronto traerían la demencial I República.

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La II República no llegó por unas elecciones, sino por un golpe de estado: el que dieron los políticos monárquicos, Romanones en cabeza, contra la monarquía.

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Aquel golpe, a pesar de sus enormes consecuencias, tuvo todos los rasgos de una opereta bufa. O viceversa.

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Aunque la república tomó enseguida aires izquierdistas, fue organizada y traída por políticos de derechas, Alcalá-Zamora y Miguel Maura ante todo

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El nuevo régimen se inauguró con grandes quemas de conventos, bibliotecas y centros de enseñanza. Lo más decisivo: las izquierdas identificaron a los autores, y se identificaron con ellos, como "el pueblo". El pueblo como bandas de criminales, base  de la soberanía.

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Las izquierdas declararon al rey perjuro por haber traicionado en 1923 la Constitución canovista: la Constitución que las izquierdas nunca habían aceptado y contra la que se habían rebelado violentamente.

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El PSOE condenó al rey por haber amparado la dictadura de Primo de Rivera, una dictadura con la que habían colaborado los socialistas.

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El PSOE se convirtió en árbitro de la república al llegar a ella como único partido con una potente y disciplinada organización de masas... gracias a su previa colaboración con la dictadura.

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La Constitución impuesta por las izquierdas no fue laica, sino anticatólica. Y solo parcialmente democrática, porque reducía a ciudadanos de segunda a los religiosos y, en menor medida, a los militares; de hecho, también a las masas de población católica, el valor de cuyo voto nunca reconocerían las izquierdas.

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El golpe de Sanjurjo no tuvo carácter monárquico. De hecho el general había contribuido más que Azaña o cualquier político izquierdista al "advenimiento" de la república.

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Los monárquicos, antaño liberales, reaccionaron a la república que ellos mismos habían alumbrado, evolucionando a un autoritarismo parafascista. Pero no pasaron de ser  una minoría en la derecha.

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Volviendo al primer punto, solo Franco hizo posible la vuelta de la monarquía. Nada más natural que con ello se ganase la animadversión de tantos monárquicos.

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¿Obedeció Zapo al Sinn Fein? Para creerlo hace falta mucha ingenuidad, por decirlo suavemente. Obedeció a sus propias convicciónes: ni la Constitución ni la nación española tienen importancia. Tales son sus convicciones de fondo, en ellas coincide con la ETA y de ellas procede su continuada colaboración con los asesinos.