Fernando Fernán Gómez, artista del franquismo

Pío Moa

2007-11-23

Y muy típico, por otra parte. Empezó próximo al régimen en sus años más duros para distanciarse conforme el franquismo se liberalizaba. En su distanciamiento se fue inclinando al anarquismo, cuyos atentados y matanzas le parecían muy justificables, si bien en ningún momento sus aparentes convicciones le llevaron a renunciar, muy al contrario, a las oportunidades, premios y privilegios que el franquismo le permitía o con los que recompensaba su trabajo en el teatro, el cine o como escritor; o a sus colaboraciones en el monárquico ABC. Algo parecido ocurrió con Berlanga, con Cela (en Años de hierro menciono el dato, poco observado, de que empezara a escribir La Colmena en el significativo año 1944, cuando hasta el más torpe vislumbraba la derrota de Alemania y todos los expertos estaban convencidos de que Franco y su régimen tenía los meses contados), y tantos más. Lo cual vuelve a confirmar el hecho de que el franquismo nunca tuvo una oposición democrática, y que fue lo bastante liberal para permitirse una intelectualidad díscola… al modo de Fernán Gómez, y hasta de otros más arriscados.

Como artista, Fernán Gómez tenía considerable talento, si bien lastrado por su carga ideológica de una simplicidad casi infantil y sus prejuicios sobre el pasado reciente español, acerca del cual llegó a tragarse sin respirar toda la contradictoria propaganda izquierdista. Aun así estaba bien por encima de la media intelectual del posfranquismo, tan estragado por la mentira rampante que parasita nuestra democracia.

Al final, su ataúd iba envuelto en la bandera cenetista, con la medalla de la Real Academia, después de que el grotesco Zapo honrara con su presencia el cuerpo presente. ¡Cosas de España!, se decía antes.

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Iniciativas

Ya pasan de 4.000 las firmas para el manifiesto, pero deben ser muchas más. Se trata  también de difundirlo con la máxima amplitud posible de modo que cada cual lo haga llegar a su entorno, por internet o fotocopia. Es un primer paso efectivo contra la Ley de la Checa con la que se pretenden envenenar, como decía Besteiro, la conciencia de los españoles. Una vez más, que no terminemos condenados por nuestro silencio.

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"Aunque nunca he visto la serie de televisión Cuéntame como pasó, quedo informado de ella por unas concisas palabras del actor Emilio Gutiérrez Caba: “Cuéntame comete un acto delictivo, pues esconde los horrores de la dictadura”.

Ya está todo claro.

Por suerte, en aquella dictadura horrorosa hubo personas que no se sometieron, y que alentaron la esperanza de los demás y les dieron ejemplo, sin reparar en peligros y sacrificios por escalofriantes que fueran.

Gutiérrez Caba mismo fue castigado ferozmente por su lucidez y rebeldía, obligado al tormento de protagonizar obras de teatro en televisión, condenado a hacer cine, a una popularidad obscena y vejatoria, y, última humillación y escarnio, forzado a aceptar premios artísticos y a cobrar sumas cuantiosas por su trabajo, aparte de otras mil afrentas, miserias y brutalidades cotidianas inventadas por la mente retorcida de sus verdugos para hacerle la vida imposible.

Nadie entenderá cómo logró sobrevivir a tamañas atrocidades si olvida las altísimas dosis de idealismo y fe en un porvenir menos espantoso que caracterizaron al célebre actor, si olvida que sólo gracias a su indomable espíritu puede hoy deleitarnos con su arte e ilustrarnos con su clarificación del pasado.

Me trae esto a la memoria unas palabras de Fernando Fernán Gómez explicando la violencia anarquista como pura defensa propia, porque los policías, informó, “a quienes buscan, descubren, persiguen y atacan con tenacidad y furia, más que a los delincuentes, es a aquellos ciudadanos que no piensan ni dicen lo que les han ordenado sus amos, los jefes de la policía, los inventores de las leyes, los dueños de la tierra y el dinero”.

Fernán Gómez, por ser fiel a sus ideas y no doblegarse jamás a pensar ni decir lo que ordenan los amos, los dueños y los inventores de esas cosas, hubo de sufrir la salvaje vesania del dictador, y luego incontables ultrajes bajo la falsa democracia actual, salida de aquella dictadura. Baste señalar que sus torturas superaron incluso las padecidas por Gutiérrez Caba. Ante tan heroico sacrificio, sólo nos queda inclinarnos respetuosamente, con el sombrero o la gorra en la mano.

No debe ocultarse, ni siquiera por modestia, que el ejemplo de entereza dado por los Fernán Gómez, Gutiérrez Caba y tantos más, fue el factor moral decisivo que permitió a la gente común aguantar, así fuera en silencio, y superar aquellos ominosos y desdichados tiempos, cuando la dictadura sentenciaba al pueblo a aumentos insoportablemente rápidos de su nivel de consumo, mediante los cuales trataba de hundirlo en el vicio, la degradación y la explotación capitalista; cuando extendía frenéticamente la enseñanza superior y no superior, y, para hacer más intolerable tanta miseria y oscuridad, machacaba a los españoles con un aumento de sus expectativas de vida que, en toda Europa, sólo quedaban por debajo de las de Suecia: ¡imponía a las masas una vida interminable de penuria y aflicción!".

(Del artículo  "Damnificados del franquismo")