Guarderías y rebaños

Pío Moa

2007-11-19

Leí alguna vez un comentario sobre los jóvenes de los kibbutz, criados en guarderías al margen de sus familias cuyo papel educativo se sacrificaba al valor supremo del trabajo de la madre fuera de casa (esto ha cambiado algo desde hace años). El resultado era un déficit de individualidad, una especie de gris uniformidad del carácter, como de rebaño, solo parcialmente contrapesado por las exigencias espartanas impuestas por las circunstancias políticas.

Algo semejante ocurre con un amplio sector de la juventud española, cuya manifestación más llamativa es el botellón, torpe pero adecuada palabra para un fenómeno de torpeza gregaria. Libre de las constricciones israelíes, el rebaño botellonero expresa un hedonismo ramplón, estilo Torrente, una forma especialmente baja de ese déficit de individualidad.

Me inclino a creer que ello proviene de la progresiva liquidación del papel educativo de la familia y la (de)formación de la infancia a manos de la guardería y la televisión. Es una hipótesis de trabajo que podría estudiarse.

Otros van en dirección contraria. El Futurista Solemne nos promete más de lo mismo: exenciones tributarias para la mujer que trabaja fuera de casa, doble ataque de tipo sociata a la familia y a la igualdad ante la ley. Su “centrismo” consiste en demostrar que es más progre que Zapo.

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El Futurista y los suyos también incluyen ahora en su programa la reforma de la Constitución, mediante consensos que solo podrán dar por buenos los avances disgregadores impuestos mediante hechos consumados por la Infame Alianza. Un consenso que, aun así, solo tiene muy remotas posibilidades de producirse. Se trata de un ejercicio de ilusionismo político, para quitar votos al partido de Díez y Buesa, en el que ven un peligro. Y de volver a engañar a algunos millones de sus votantes, a quienes dejarán en la estacada si llegan a obtener el poder. Como demagogo sin originalidad, el Futurista hace y promete cosas contradictorias a fin de satisfacer a todos –ya sabemos que para su partido todos los ciudadanos somos premios Nobel–. Y, como Zapo, sabe que mucha gente, aturdida por los medios de masas, tiene poca memoria y presta más atención a la palabrería halagüeña que a los hechos.

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La represión de los años 40.

Me reconvenía suavemente Gotzone Mora en la tertulia de César Vidal porque, según íbamos hablando, daba la impresión de que Años de hierro ofrecía una visión edulcorada de aquella época, sin prestar la debida atención a la represión y el sufrimiento de las familias de los perseguidos. Otros amigos me han hecho la misma crítica. Por supuesto, la represión existía, pero afectaba solo a una minoría pequeña dentro de los veintitantos millones de habitantes que, pese a las penurias, estaba bastante satisfecha de haber superado la guerra civil y de ir sorteando la mundial, con los bombardeos, las persecuciones y hambres que la acompañaban. Pero el tema merece mucho más comentarios, ya lo iremos tratando.

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La falsificación del pasado corrompe y envenena el presente. Que el silencio no nos condene. Sigue la recogida de firmas para el Manifiesto por la verdad histórica, en la columna derecha de LD, bajo la convocatoria para la manifestación de la AVT.