Bien por Kamen, aunque...

Pío Moa

2007-04-18
Kamen está aquí mucho mejor que cuando desbarraba en "Imperio". Observen que reproduce en buena medida mis tesis, sin citar mi modesto nombre. Supongo que debo considerarlo un honor:
 
Lo que (no) se quiere recuperar de la Segunda República,
de Henry Kamen en El Mundo

TRIBUNA LIBRE

La Segunda República española fue proclamada, en medio de una gran esperanza y expectación, el 14 de abril de 1931. El poeta Antonio Machado describió cómo él y un grupo de allegados ondearon la bandera republicana en el Ayuntamiento de Segovia: "Con las primeras hojas de los chopos y las últimas flores de los almendros, la primavera traía a nuestra República de la mano. La naturaleza y la Historia parecían fundirse en una clara leyenda anticipada o en un romance infantil". Pero muy pronto, sólo dos años después de proclamarse, la República comenzó a desmoronarse. ¿De quién era la culpa?

Hoy, tanto tiempo después, resulta trágico constatar que la manipulación y distorsión de la historia de la Segunda República que se empezó a hacer bajo el régimen de Franco todavía continúa. El pasado año, con mucha propaganda, el Ministerio de Cultura fue anfitrión de una serie de congresos en los que eruditos extranjeros y españoles presentaron sus puntos de vista sobre aquel periodo. Sin embargo –como a menudo ocurre cuando los intereses políticos dictan la Historia–, no hubo acuerdo sobre lo que verdaderamente sucedió entonces.

El principal intento de manipulación estuvo en las palabras de José Luis Rodríguez Zapatero al afirmar que su Gobierno es el heredero directo de la Segunda República. Ésta fue una afirmación maravillosamente romántica, pero simplemente descubría el hecho de que el presidente había leído poco sobre la República. ¿Trataba de decir que el actual régimen democrático de España es heredero de la República burguesa de 1931 o de la República centrista de tres años después o de la República revolucionaria de 1936? ¿Trataba de decir que el Partido socialista de hoy es el heredero directo del Partido socialista de 1934, que se las arregló más que cualquier otro grupo político en la Cortes para minar y destruir la República? Se analice como se analice esta afirmación, uno se asombra de que alguien pueda hacer tal paralelismo.

La afirmación de continuidad con la República descansa, por supuesto, en la presunción de que ésta era una buena cosa, una niña bonita que no erraba y preservaba todas las reglas de la democracia, pero que posteriormente fue violada y asesinada por una derecha brutal que todavía está activa en España y ha adoptado la forma de la oposición democrática oficial. Muchos otros han proclamado la afirmación de continuidad, como el dueño del grupo capitalista Prisa, quien ha afirmado que esta misma derecha está incitando al "guerracivilismo". Así las cosas, la proximidad de las elecciones municipales del próximo mayo hace inevitables las comparaciones con aquellas elecciones que hicieron posible el nacimiento de la República en la primavera de 1931.

Acabo de leer algunos estudios sobre los orígenes de la Guerra Civil española y me ha parecido extraño que en los últimos 30 años los historiadores españoles hayan evitado en general estudiar la República. En cambio, han concentrado su atención en el régimen de Franco y lo que hizo para destruir España. Ha habido, según un reconocido historiador español socialista, "un desplazamiento de interés en las nuevas generaciones de historiadores desde la búsqueda de las causas del fracaso de la República, que tanto intrigó a los mayores, hacia la naturaleza, el funcionamiento y la larga duración de la dictadura, que ha permitido abordar con un rigor hasta ahora desconocido la magnitud de la violencia y represión sobre las que se edificó el régimen de Franco".

Es fácil adivinar las consecuencias de este énfasis. En la última generación, a todos se les ha hablado de los crímenes de Franco, como si antes del caudillo no se hubiesen cometido crímenes. Franco es representado como la bestia que destruyó la felicidad y la democracia que había florecido en España antes del 18 de julio de 1936. La República, según esta interpretación, era un paraíso de democracia, una víctima inocente de fascistas que aún hoy –en 2007– están planeando destruir el régimen progresista de España.

¿Es posible que los investigadores progresistas de los últimos años hayan evitado estudiar la República para no descubrir que fue el Partido Socialista el que la destruyó, mucho antes de que Franco lo hiciera? Las conclusiones del último estudio de un eminente historiador norteamericano, hechas públicas en 2006, manifiestan inequívocamente que, como resultado de las elecciones de 1933, en la República, "la izquierda se burló sistemáticamente de la legalidad, reduciendo finalmente el orden legal al caos y preparando el escenario para una guerra civil". Efectivamente, desde aquella fecha, las dos mitades de la izquierda minaron la República con el objetivo de alcanzar una "conquista de poder", como ellos lo llamaban. La izquierda moderada buscaba subvertir el orden legal mediante la manipulación política, mientras que la izquierda revolucionaria atacaba al Estado con violencia e incendios.

En junio de 1933, el líder socialista Largo Caballero afirmaba que "en España, afortunadamente, no existe peligro de fascismo". Pero el empleo de la violencia de la izquierda revolucionaria contra los falangistas en realidad aceleró su crecimiento. Los líderes fascistas fueron a Italia en busca de apoyo, de la misma manera que los comunistas irían mas tarde a la Unión Soviética con el mismo propósito. La mayor contribución a la socavación de la República fue el Octubre Rojo, en 1934, que preparó el camino a la futura violencia y demostró al ejército que podría desempeñar un papel represivo. Como ha concluido el destacado historiador norteamericano Malefakis, "la revolución de octubre es el origen inmediato de la Guerra Civil". Hubo una polarización total, en la que desempeñaron un papel crucial los socialistas, quienes se dedicaron a apoderarse del control de la República, con medios antidemocráticos si era necesario.

¿Y qué hay de los errores de la República? Una nueva y excelente tesis sobre la represión de Franco en el área de Madrid de un estudioso británico, Julius Ruiz, ofrece copiosos hechos y análisis sobre la represión militar que ejerció el nuevo régimen de Franco después de 1939. Al mismo tiempo, el autor lamenta que no pueda dar detalles sobre lo que pasó antes de ese periodo, porque "la represión republicana todavía aguarda a su historiador". ¿Por qué los eruditos españoles (con la única excepción de un escritor que no es profesor universitario y que ha sido deliberadamente marginado por los historiadores del establishment) no han estudiado la represión? ¿Hay alguna barrera ideológica que les prohíbe hacerlo?

El hecho de que la represión franquista fuera sangrienta, y la opresión larga, nos ha alentado a olvidar que hubo otros españoles que sufrieron bajo la República, y que miles murieron a manos suyas porque no consiguió controlar la situación en España. Nos hemos acostumbrado a las terribles cifras de asesinatos por el terrorismo de ETA –casi un millar de muertos desde 1975–, que representan una espantosa tragedia extendida a lo largo de los 30 años de la democracia española. No obstante, la cifra es realmente pequeña si la comparamos con lo que sucedió bajo la Segunda República, en especial después de 1934. En total, hubo más de 2.400 muertos en los cinco años de aquel régimen, una cifra que excede el número de víctimas de cualquier otro país europeo en esa etapa en que la democracia estaba luchando para sobrevivir en todas partes del continente.

Mientras rememoramos los prometedores años del nacimiento de la Segunda República, también vale la pena que recordemos que tenemos el deber de estudiarla y analizarla sin los prejuicios ideológicos que todavía persisten en la historiografía oficial en España. Fue un gran experimento que se colapsó, y el colapso vino provocado no sólo por el Alzamiento del 18 de julio, sino también –bastante antes de esta fecha– por los intereses políticos que nunca aceptaron las reglas de la democracia.

Hace algunas semanas, un consejero de la Generalitat de Cataluña anunció la provisión de fondos para la identificación y nuevo enterramiento de todas las personas que fueron asesinadas por las fuerzas franquistas durante la Guerra. Sin embargo, no está previsto que se haga lo mismo para el igualmente gran número de personas asesinadas por la izquierda y los elementos anarquistas. Su explicación fue que las víctimas de Franco tenían una posición moral y ética, mientras que los asesinados bajo la República eran "rebeldes" y no tenían categoría ética.

El ejemplo demuestra que lo que aparece ahora en la superficie sobre el debate de la Guerra Civil es una franca polarización de ideología, que sigue siendo igual de corrosiva que en la generación anterior. Y la polarización surge a causa de una deliberada negativa a estudiar con imparcialidad los acontecimientos de las primeras décadas del siglo XX.

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El PP advierte al ciudadano detenido por criticar a Zapatero a causa del Sáhara: "Que se prepare el buen señor"

¿Qué es eso de "que se prepare el buen señor"? ¿Qué clase de oposición de cretinos borregos es esa? ¿No debiera defender como es debido a alguien que ha expresado su opinión con todo derecho? ¿No debiera ser Zapo y su banda los que "se preparasen" ante la denuncia del PP? Pues no. Menudos bobitos solemnes.

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Perdone el señor Robredo mi olvido de su enlace, es cosa de despiste y presión por la falta de tiempo. Pero ahí va:

http://bilbaopundit.blogsome.com/

El señor Robredo insiste en que le sigamos de rama en rama con dirección a Bizancio. Yo he dicho que tanto los nazis como los soviéticos desarrollaron una ciencia muy notable. Esto no es discutible, es un hecho, que, simplemente, se conoce o no. Pero el señor Robredo, tras intentar negarlo en vano, salta a otra rama: al hecho de que la ciencia en Usa haya superado a la soviética y a la nazi (en el caso nazi es más difícil de probar, porque ese régimen no tuvo tiempo de desarrollar plenamente su ciencia, como la URSS, y porque no fue vencido por la ciencia useña, sino por los esfuerzos conjuntados, científicos y no científicos, de Usa, la URSS y el Imperio Británico, entre otros). Pero no es esa la cuestión. Podrían esos regímenes no haber desarrollado ninguna ciencia, y sin embargo seguirían siendo ciencistas y ateos, tal como la admiración del señor Robredo por la ciencia no garantiza que él llegue a aportar algo significativo a la misma. Son cosas distintas. La comparación sobra, además, porque Usa no es un régimen ateo ni nada que se le parezca. Y la sociedad useña es mucho más creyente que la europea –cuya contribución científica, y en general cultural, ha bajado mucho, en proporción, a lo que fue antes de la guerra mundial, cuando era mucho más creyente–. No digo que a más creencia religiosa más ciencia, pero da la impresión de que no son incompatibles.

Tampoco se trata de discutir sobre las evidentes raíces cristianas de la cultura occidental ni sobre las ramificaciones y las raíces, a su vez, del cristianismo. No porque no sean temas interesantes, sino porque la cuestión aquí es otra, y si nos dispersamos terminaremos como suelen terminar las discusiones en España: en un galimatías.

Volvamos al asunto: la experiencia del siglo XX indica una relación entre regímenes ciencistas-ateos y totalitarismo. Esa relación evidente, innegable, ¿es forzosa o es fortuita? El hecho de que muchos ateos ciencistas se proclamen antitotalitarios, ¿demuestra que esa relación es casual y no necesaria?

A mi juicio, la existencia de ciencistas no totalitarios no demuestra nada, porque ellos, en sociedades liberales, no tienen la posibilidad de establecer un régimen ateo. Por consiguiente su ateísmo queda como simple opinión particular de más o menos personas, más o menos combativas, pero sin ninguna otra consecuencia social y política. Además, es evidente que estas personas viven en una cultura repleta de tradiciones, imágenes y valores cristianos, y muy posiblemente su rechazo del totalitarismo se deba a eso, a que adopten tales valores sin darse mucha cuenta, y no a sus convicciones ateas.

Digámoslo de otro modo: la parte fundamental de la crítica atea se basa en la noción de que la creencia religiosa es un cúmulo de falsedades y de que, por lo tanto, ha de tener efectos sumamente perniciosos. El ateísmo no puede ser entonces, simplemente un juego de opiniones, sino una necesidad absoluta, un programa para liberar a la humanidad de tales errores y horrores. Así piensa un ateo consecuente, así pensaban (y piensan) los marxistas. Se trata de construir sociedades basadas en la ciencia y la razón, excluyendo la creencia religiosa, porque en ello nos iría la subsistencia.

Pero he aquí el problema, que expresa de modo algo confuso el señor Robredo: “Si los regímenes nazi-socialistas de masas degeneraron en tiranías cruentas no fué, desde luego, debido a un exceso, sino a un defecto de "racionalismo"; no por mucho "ciencismo" sino por demasiado autoritarismo y dogmatismo”. Craso error:

– Esos regímenes no “degeneraron”, eran así desde su concepción.

– Esos regímenes eran perfectamente racionales y consecuentes desde sus propios presupuestos; menos racionales y consecuentes son quienes comparten sus presupuestos antirreligiosos pero no los aplican.

– La ciencia es, a su modo, autoritaria y dogmática en métodos y conclusiones: no permite que, so capa de tolerancia y antidogmatismo se cuelen en ella las supercherías tan habituales en la sociedad. 

– Dogmática, en el mal sentido, no en el sentido del rigor científico, es la pretensión de que ciencia y creencia religiosa son incompatibles. Eso no se ha demostrado, al menos hoy por hoy.

La base del problema está en que la ciencia excluye nociones como las de libertad o dignidad. Un científico no se preocupa de ello, porque no es su asunto (en cuanto científico; lo es en cuanto persona y ciudadano); pero un ciencista sí. Para el ciencista el ser humano es, en definitiva, una máquina. Lo cual está muy lejos de estar demostrado por la ciencia, supuesto que la ciencia tuviera entre sus objetivos el demostrar tal cosa.

Tengo la impresión de que el ateísmo ciencista es tan solo una nueva manifestación del utopismo, tendencia tan arraigada en eso que suele llamarse “el alma humana”. Y el utopismo nunca ha dejado de ser la cara (pretendidamente) humana de la tiranía.

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 Odiseus:

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