Autoestima y miedo

Pío Moa

2007-03-29

“El señor Polanco muestra una aversión al franquismo algo chocante en quien amasó su fortuna precisamente en la dictadura y en relación directa con la administración de ella. Por lo que se refiere al laicismo, tenemos la impresión de que el señor Polanco repite el enorme error de Azaña, ofendiendo los sentimientos religiosos de la gran mayoría de los españoles. Confunde el laicismo con la antirreligión. Son dos cosas distintas y convendría no tropezar en la misma piedra.

En cuanto al guerracivilismo, quienes lo propician son los que complacen a los asesinos de la ETA y atacan a sus víctimas, quienes atacan la Constitución, quienes intentan enterrar a Montesquieu, resucitan las pasiones de la república y tratan de imponer una versión stalinista de nuestra historia reciente. Ellos crispan a la sociedad, socavan las bases más elementales de la convivencia democrática y del espíritu de la transición, y el PP tiene el derecho y el deber de denunciar esa deriva y oponerse a ella, porque puede llevarnos a un callejón sin salida”.

Algo así. Rajoy podía haber aprovechado el inestimable servicio que le han rendido las acusaciones de Polanco para explicar claramente la situación a los españoles, con tranquilidad y sin despeinarse. En lugar de eso nos aclara que se trata de la “autoestima y de no tener miedo”. ¿Y a quién le importa la autoestima o el miedo del PP, más que a ellos mismos? Lo que importa a los españoles es si el PP es capaz de denunciar y oponerse al guerracivilismo de la cuadrilla de Zapo. Si lo hace, ganará muchos votos; en otro caso puede perder las elecciones, o ganarlas por un mínimo, gracias a la reacción ciudadana –que no del PP– . Y continuar de un modo u otro el proceso de desmantelamiento de la Constitución y la unidad de España.

Ahora, Rajoy parece algo nervioso por la decisión de romper la relación con PRISA. Quizá no debería haberlo hecho, siempre que hubiera aprovechado para exponer la realidad. Pero ya que lo ha hecho, es de esperar que no dé el espectáculo de cuando rompió con el PSOE para mendigarle días después un poquito de atención. PRISA es un enemigo declarado del PP, de la democracia y de la derecha, y si Rajoy, después de esta ruptura algo impulsiva, se vuelve atrás, se encarnizará con su partido y tratará de romperlo. Pero tampoco es para tener miedo. Aznar se negó a conceder entrevista alguna a esos sinvergüenzas y ganó por mayoría absoluta. Son menos fuertes de lo que parecen, o, más bien: su fuerza consiste en el miedo del PP y en el oportunismo de algunos de sus señoritos.