La ciencia ante la religión

Pío Moa

2007-01-28

De la experiencia histórica del ateísmo podemos sacar en principio tres conclusiones:

a) El ateísmo práctico ha traído consigo, entre otras cosas, matanzas extraordinarias y la privación de la libertad para millones de personas.

b) Desde el punto de vista del propio ateísmo, estos resultados no son condenables. Al contrario, deben considerarse con el criterio de su utilidad: ¿ayudaron a erradicar la falsedad religiosa? Si fueron útiles a ese fin, deben estimarse como medios racionales, adecuados al objetivo, y prescindir de valoraciones supersticiosas y anticientíficas.

c) Ese punto de vista parece refrendado por la ciencia, para la cual las matanzas, el GULAG, las llamadas tiranías, no son sino comportamientos humanos observables empíricamente, igual exactamente que otras muchas conductas diferentes o en apariencia contrarias. La ciencia no predica que sea bueno o malo que el lobo mate a las ovejas, o que éstas pazcan tranquilamente en el prado. Simplemente constata esos hechos como manifestaciones de la vida, los cuantifica, los estudia en detalle. La misma imparcialidad aplica a la vida humana.

Sin embargo percibimos un pequeño fraude en el tercer punto. El ateísmo implica que la erradicación de la creencia religiosa, por uno u otro medio, es algo bueno, cosa que la ciencia no acredita en modo alguno, ni tiene siquiera medios ni propósitos de acreditar. La pretensión del ateísmo de basarse en la ciencia carece por ello de sentido. En general, la religión es más modesta: no aspira a fundarse en la ciencia, aunque tampoco se supone incompatible con ella.

La ciencia, por supuesto, debe ocuparse de la religión, pero su aproximación a ella no puede ser la del ateísmo (para la ciencia, el ateísmo sería solo otra forma del comportamiento humano). Creo que el ciencismo ateo parte de una crítica inadecuada al dogma religioso. Para tal aproximación, Las meninas no pasarían de ser una tela manchada con diversos productos químicos. He comparado esa crítica desorientada a la del intento de demostrar científicamente la "falsedad" de la literatura. Alguien ha replicado que nadie duda de que la literatura sea ficción, la leemos sabiéndolo, mientras que las creencias religiosas tienen la pretensión de reflejar la verdad. Cierto, pero creo que la analogía sigue siendo válida. Pese a ser declaradamente ficticios, los relatos literarios constituyen un mundo peculiar con fuerte influencia sobre nuestra conducta real. Es decir, contienen una realidad y nos sugieren una verdad, aunque no sea por una vía racional y lógica. De otro modo nadie perdería el tiempo leyéndolos. Con un espíritu "científico" dedicado a demostrar la inverosimilitud de esos relatos, no solo nos sería imposible disfrutar de ellos, simplemente nos privaríamos de entender algo del mundo literario o artístico, de tanta importancia real en la vida humana. Creo que el mismo error de enfoque se produce en la aproximación ciencista, atea, a la religión.

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