Ateísmo y datos empíricos

Pío Moa

2006-12-26

Ninguna persona con mentalidad mínimamente científica separa las teorías de sus resultados prácticos, como si la validez de aquellas dependiera en exclusiva de su aparente lógica interna. Por ello sorprende lo nula disposición de los ateos, pese a su ostentosa admiración por la ciencia, a repasar los datos empíricos, los efectos reales de su modo de pensar. En esto acostumbran a ser poco consecuentes.

Aunque los ateos han tendido a dar por superada la religión hace siglos, sólo en el siglo XX lograron imponer sistemas sociales basados en sus doctrinas. Los principales han sido el marxismo, extendido sobre un tercio de la humanidad durante largos años, y el nacionalsocialismo, cuya poca duración quedó compensada por su intensidad.

Al revés que el marxismo, el nacionalsocialismo no se proclamaba oficialmente ateo, sino más bien agnóstico, siendo caracterizado a menudo como pagano o neopagano por su evocación de la mitología nórtica, puro pintoresquismo, en realidad. Pero su concepción de fondo, nietzscheana y cientifista –basada en el evolucionismo darwiniano o en una versión de él– lo vuelven radicalmente antirreligioso, aunque adoptara ante las religiones una postura oportunista y provisionalmente tolerante.

Durante un período las dos ideologías se llevaron bastante bien, y si terminaron chocando a muerte se debió a razones ajenas a su componente ateo o ateoide, concretamente al designio nazi de apoderarse de Rusia. Sus prácticas políticas y sociales fueron muy parecidas: expansión omnímoda del estado, orientación de ese estado por unas ideas presuntamente científicas, aplastamiento despiadado de los disidentes o de las capas sociales consideradas inapropiadas para el nuevo orden de cosas. Tales son los datos empíricos, las consecuencias reales de la aplicación de esos sistemas. Los ateos suelen contraatacar hablando de las atrocidades de otros, pero eso no es un verdadero argumento, ya lo veremos.

¿Quiere esto decir que el ateísmo conduce necesariamente a tales resultados? En principio caben al menos tres objeciones: a) Muchos ateos no son marxistas ni nazis. b) Otra evidencia empírica muestra que entre los ateos -- como entre los creyentes--, encontramos tanto malas como buenas personas, por decirlo convencionalmente. c) Las prácticas tiránicas y exterminadoras nazis o marxistas no obedecen al componente ateo de sus doctrinas, sino a otros factores (incluso, afirman algunos, en realidad esos regímenes constituyen otras formas de religión, lo cual no es un argumento muy honesto).

Ya iremos viendo estas cuestiones. Baste señalar ahora que en principio debemos considerar aquellos regímenes como aplicaciones prácticas del ateísmo, y como tales merecen un examen atento, aun si admitimos que puedan no ser las únicas prácticas posibles.