El obisparra

Pío Moa

2006-12-22

Uriarte, digno sucesor de Setién, es, cómo no, partidario de echar abajo el estado de derecho, escupir sobre las víctimas directas de la ETA y ceder a los asesinos.

La gran trampa en que cayó la democracia española desde el principio fue la "solución política" al problema terrorista, auspiciada desde el grupo Prisa fundamentalmente. Esa "solución política", ha dado oxígeno y alimento el grupo asesino, ha creado una simbiosis entre él y los separatismos supuestamente moderados, que utilizaban su chantaje para avanzar más y más contra la unidad de España y las libertades, y, en general, ha sido un factor de descomposición del sistema de libertades, de modo muy similar a como lo fue el terrorismo anarquista bajo la Restauración.

Por asombroso que suene, el fracaso sistemático, año tras año, del cuento de la solución "política", es decir, antidemocrática –que llegó a combinarse con el terrorismo de partido en el poder–, no enseñó nada a los políticos hasta que Aznar propugnó, por fin, la única solución admisible, la solución policial. Con tan buenos resultados que la derrota final de los pistoleros se vislumbraba ya a plazo medio. De esa postración han venido a salvarla Cebrián, Zapo y los suyos con su proceso de "paz", proceso de guerra a la Constitución.

Hay un interés y un sentimiento profundo en estas maniobras. El interés de acabar con la democracia liberal y el sentimiento antiespañol, compartidos de siempre por una gran parte de la izquierda y por los secesionistas.