Alta traición (II)

Pío Moa

2006-09-21

La degradación de las instituciones y los partidos ha quedado confirmada una vez más por la negativa de las Cortes a investigar el 11-m, con la grotesca argucia del “respeto” a las instituciones. Más el intento asociado y renovado de silenciar los medios de información democráticos. Y las actividades del gobierno, su Infame Alianza con terroristas y separatistas, su carácter de quinta columna del radicalismo etarra y del secesionismo, entran en lo que siempre y en todas partes se ha llamado traición: a España y a la democracia. Son hechos ciertamente más graves que los cometidos en el pasado por un PSOE que jamás se regeneró de su corrupción y terrorismo de partido en el poder. Tan bien representados por el actual ministro del Interior.

¿Qué función cumple, en este contexto, una acusación de alta traición? No cabe esperar que ella tenga éxito en la burocracia institucional: ningún partido es capaz siquiera de plantearlo en las Cortes, por claros que sean los hechos; y el poder judicial, largamente erosionado por los enterradores de Montesquieu y poco prestigiado entre el pueblo, ofrece insuficientes garantías. Pensemos en el Tribunal Constitucional, bajo la presidencia de una señora promovida por el PSOE y cercana a la “sensibilidad” del PNV, es decir, de un partido opuesto desde el principio a la Constitución. Su presidencia implica el respaldo de la mayoría del tribunal. No hace falta una vista de lince para entender qué significa el caso.  

Pero no fue el poder judicial ni los partidos, empezando por el PP, quienes sacaron a la luz la gigantesca corrupción del PSOE y su terrorismo. No fueron ellos quienes sensibilizaron a los ciudadanos en defensa de los más elementales principios democráticos, entonces en proceso de rápida corrosión. Tampoco fue la prensa, como se afirma, sino solo alguna prensa y algunos periodistas. A los cuales los medios de masas encubridores del delito intentaron hundir llamándoles “el sindicato del crimen”; y el PSOE, directamente, con otros métodos mafiosos bien conocidos.

Hoy el número de periodistas y medios defensores de la democracia es inferior al de aquellos años, y el PP muchos menos consecuente –y aun entonces solo lo fue cuando le ponían todas las bazas en bandeja–. Por ello la Infame Alianza se siente fuerte. En cambio crece el número de ciudadanos dispuestos a resistir al ataque generalizado contra la unidad y la libertad de España. La acusación de alta traición no tiene, hoy por hoy, otro sentido que el de informar de los hechos y movilizar a la ciudadanía: información, organización, movilización.

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Colegio de Periodistas (intoxicadores) de Cataluña