Entre centristas

Pío Moa

2006-08-31

García Lorca fue asesinado en una de esas brutales venganzas de ciudades pequeñas so pretexto de política. El franquismo no tenía ninguna razón real para asesinarlo, y la derecha se ha sumado después a los actos de homenaje al escritor.

Ramiro de Maeztu o Muñoz Seca, entre otros, fueron asesinados por razones exclusivamente políticas. Que, por lo visto, se mantienen: las izquierdas, incluso después de Franco, han rehusado cualquier homenaje o desagravio por tales crímenes. Peor, si surge la ocasión añaden el vituperio y la burla a las víctimas.

Entre quienes más utilizaron y manipularon políticamente el asesinato de Lorca estuvo Rafael Alberti, que por entonces combinaba sus labores de poetastro revolucionario con las de la cheka de Bellas Artes.

Y ahora sale por ahí un fulano con la penúltima manipulación: Lorca somos todos, titula su engendro. El fulano ha mandado "a la mierda a la puta España" y deseado que "les exploten los cojones a los españoles". No sobra recordar que el grito "¡Viva España!" se hizo sospechoso durante la república, y subversivo en el Frente Popular. Bastaba para llevar a una persona a la cheka más próxima. El fulano en cuestión no tiene nada que ver con Lorca, tan español. Se parece mucho más a Alberti.

Gallardón ha cedido el Teatro Español, sufragado por todos los madrileños, a ese fulano para que represente en él su panfletillo. Porque Gallardón es un centrista, colindante con el no menos centrista PSOE. Y ese fulano también lo es, indudablemente. Entre centristas se entienden. La cultura, ya se sabe.