Prieto y el asesinato de Calvo Sotelo

Pío Moa

2006-08-28

El autor de los disparos a la nuca de Calvo Sotelo, en la noche del 12 de julio, fue Luis Cuenca, un guardaespaldas distinguido de Indalecio Prieto en su equipo de protección llamado La Motorizada, y autor de otros asesinatos; y el director del grupo, Condés, era también hombre de confianza de Prieto e instructor de la misma Motorizada en tareas que solo pueden considerarse de terrorismo. Poco después de cometido el crimen, Condés fue a informar a Vidarte, otro alto dirigente del sector socialista de Prieto, y fue a ocultarse en casa de Margarita Nelken. Y luego Condés informó al mismo Prieto, que le encubrió y le buscó protección.

Otros dos miembros de la expedición, Ordóñez y Garcés, también pertenecían a La Motorizada como hombres de mano de Prieto, y durante la guerra fueron muy favorecidos por su jefe. Garcés fue jefe nacional del SIM, la temidísima policía política montada por don Indalecio a sugerencia del jefe de la policía soviética en España, Orlof; y Ordóñez fue nombrado jefe del Servicio de Informaciones del Estado. Estos hechos, y otros como el robo a mano armada del sumario en los primeros días de la guerra por milicianos prietistas, abonan fuertemente la idea de que el líder socialista estuvo detrás del crimen.

Otra versión apunta a un complot masónico. Las dos versiones no son necesariamente contrarias.

En la reunión de la Diputación permanente de las Cortes, el día 15, Prieto pretendió equiparar los asesinatos de Calvo Sotelo y del teniente Castillo, un oficial de la Guardia de Asalto también instructor de las milicias socialistas. La comparación, desde el punto de vista del alcance político, es grotesca, y revela la verdadera intención del jefe socialista de encubrir un crimen con otro. Pero revela también una verdad: las fuerzas de seguridad del estado, de un estado en plena descomposición, no diferían de grupos terroristas como el que mató a Castillo.