El caso de Turquía

Juan Velarde

A más de sus problemas con kurdos y armenios, y aparte de las tensiones políticas en relación con las fuerzas armadas y los partidos políticos, Turquía ofrece un panorama económico que hay que atreverse a calificar de imposible mantenimiento.

Juan Velarde | 2012-04-03

A la economía española le conviene que el Mediterráneo sea un mar no ya pacífico, sino en auge creciente. Se trata del camino que une a la Europa más rica con el potente mundo –China, Japón, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, y así sucesivamente– que ha alboreado en el Asia del Pacífico, y que se amplía por Australia, Nueva Zelanda, por un lado de este gigantesco triángulo, y con la India por otro. También es el de expansión de la rica Europa hacia el Sur, en un fenómeno que mucho recuerda la de la Norteamérica del Este hacia California. Aparte queda el comercio interior de esa región.

Desgraciadamente, desde Marruecos a Siria, con el complemento de las tensiones en torno a Israel, los movimientos islámicos más violentos y variados han creado una región del Mediterráneo meridional y oriental, que todo lo complica. Pero, he ahí que algunos consideran que se tiene el punto de apoyo de Turquía. Parecen querer comprobarse con la fortísima expansión que tiene su PIB. En tasa anual, en el tercer trimestre de 2011, crecía nada menos que un 8’2%. Pero ese gigante, ¿no tiene los pies de barro?

En primer lugar, Turquía tiene una inflación fortísima: en febrero de 2012, su IPC, en tasa anual, era nada menos que del 10’4%. La tasa de paro no es baja. Conviene no contemplarla con magnitudes españolas, pero con su 9’8% sobre la población activa en diciembre de 2011, base para la preocupación existe. En China, con un incremento análogo en la producción, el paro es sólo del 4’1%. Pero lo tremendamente alarmante es su déficit exterior por cuenta corriente. En los doce meses que concluyen en enero de 2012, se alcanzaba la cifra de 77.100 millones de dólares, un 8’6% del PIB, un porcentaje sin igual en el conjunto de la economía mundial, prueba de un recalentamiento enorme.

Por tanto, a más de sus problemas con kurdos y armenios, y aparte de las tensiones políticas en relación con las fuerzas armadas y los partidos políticos, ofrece un panorama económico que hay que atreverse a calificar de imposible mantenimiento. Tampoco Turquía favorece la paz en el Mediterráneo.