Menos gasto y menos impuestos

Guillermo Dupuy

Aunque no perdamos de mira la necesidad de reducir el déficit público, confiemos, sensata y responsablemente, en la grande maravilla de la libertad.

Guillermo Dupuy | 2010-03-15

¿Pero cómo se hace todo esto? ¿Con qué caudales? Esta es la grande maravilla del Reinado de V.M. ¿Quién, sino el que lo ve, no juzgará que para poner en ejecución tantas y tan costosas providencias, acaba de extraerse, con nuevas imposiciones a los extenuados vasallos la poca sangre que les quedó en las venas? Muy al contrario: Antes bien han sido y son aliviados de una no pequeña parte de las cargas establecidas" 

Fray Benito Jerónimo Feijoo 1750 (A Fernando VI en Cartas eruditas y curiosas)

Si mis precarios conocimientos en Historia no me engañan, a la muerte de Fernando VI la Hacienda Real contaba con un superávit de más de 300 millones de reales, lo que justificaría aun más la "grande maravilla" de la que nos habla el P. Feijoo, al tiempo que constituiría, en mi opinión, un elocuente ejemplo histórico de la posibilidad de recaudar más, gravando menos, de la que, desde la teoría económica, nos hablaba el economista Arthur Laffer. 

Sin irnos tan lejos en el tiempo, los españoles hemos podido constatar esa posibilidad teórica también en tiempos de Aznar (por no hablar de la segunda legislatura de Reagan en Estados Unidos), cuando con un mismo o incluso menor nivel impositivo se ha recaudado más; y también, en sentido contrario, con Zapatero, con quien los ingresos públicos se han reducido a pesar de mantener o elevar los impuestos. 

La lógica de esta posibilidad (supuestamente contraintuitiva, como tantas cosas en economía) está en que una elevación de los impuestos, en la medida que perjudica el consumo, la inversión y, en general, la actividad económica, puede cosechar una recaudación menor, incluso a corto y medio plazo. Al contrario, la rebaja fiscal –no digamos ya si va acompañada de una disciplina y reducción en el gasto público–, puede estimular la economía lo suficiente como para que el Estado recaude más gravando menos.

Si saco a colación la llamada curva de Laffer –que tiene antecedentes difusos en autores como Ibn Jaldún, Bastiat, Mises o, de forma perversa, el propio Keynes–, es porque me extraña que no salga a colación frente a quienes, desde filas socialistas y fuera de ellas, consideran una irresponsabilidad propia de gente populista rebelarse contra la subida del IVA aprobada por Zapatero. 

Esa subida fiscal no sólo va a desincentivar la creación de riqueza, sino que además va a estimular que se genere mucha mayor economía sumergida, de la que no se nutre –o muy escasamente– la hacienda pública. Creo que lo que me molesta además es que se observe la política fiscal, no con ojos de economista, sino con ojos de contable que ve la realidad económica como algo dado y estático, y no como un proceso abierto y dinámico, tal y como es el mercado, en el que no vale tanto la cuantificación como la cualificación.

Es cierto, tal y como el propio Laffer indica, que su fórmula no es exacta y que es difícil establecer el punto concreto a partir del cual una elevación de los impuestos se traduce en una menor recaudación. Mas aunque no estuviéramos en ese "punto" en el que Mises ya decía que "el sistema tributario se volvía autodestructivo", está por ver en cuánto esta subida fiscal va a aliviar –si es que lo alivia– a nuestro preocupante déficit público.  

En cualquier caso, la forma que yo entiendo como liberal y adecuada para reducir el déficit público no es subiendo ningún impuesto, sino reduciendo drásticamente el gasto público. Más aun si fuera de las filas socialistas hay consenso en el enorme gasto superfluo que hay en las administraciones locales, autonómicas y central. 

Zapatero ya la lió bastante con aquella falsa y no practicada proclama de que "bajar impuestos es de izquierdas" como para que ahora le ayudemos a liarla todavía más considerando como liberal, no ya la socialización de pérdidas del rescate bancario, o las reformas gravosas liberticidas como las destinadas a hacer viable el coactivo e ineficiente sistema público de pensiones, sino también con la de subir impuestos. 

Aunque no perdamos de mira la necesidad de reducir el déficit público y el endeudamiento, confiemos, sensata y responsablemente, en la grande maravilla de la libertad.