El espacio en el hablar de los españoles

Amando de Miguel

Sector y segmento son metáforas geométricas y, como tales, mantienen una cierta pretensión de un espacio limitado y medible. Pero hay otras dos palabras favoritas del hablar culto que se utilizan con profusión: "área" y "ámbito".

Amando de Miguel | 2009-06-19

Es fácil suponer que las ideas que tenemos sobre el espacio que nos rodea son simples y constantes. Nada de eso. Son ideas troqueladas por el tiempo en que vivimos y los ambientes a los que pertenecemos. Se pueden rastrear variaciones notables a través del hablar, esto es, las palabras que más se utilizan, las que están de moda. Por ejemplo, se podría demostrar que en el hablar español culto se observa una sutil evolución de la metáfora del "sector" a la del "segmento" para dar cuenta del lugar social en que se está. Es decir, en el primer caso el sujeto percibe una realidad circular y en el segundo, lineal. A pesar de esa preferencia por el "segmento", en la jerga de la vida económica, subsiste, y aun se refuerza, la idea del "sector" para describir la pertenencia a uno u otro tipo de actividad empresarial.

Sector y segmento son metáforas geométricas y, como tales, mantienen una cierta pretensión de un espacio limitado y medible. Pero hay otras dos palabras favoritas del hablar culto que se utilizan con profusión: "área" y "ámbito". Obsérvese que ambas son esdrújulas, lo que refuerza su atractivo retórico. Pero sobre todo son dos referencias difusas con límites indeterminados. De eso se trata. El hablar culto presume de serlo por cultivar la indeterminación.

Las unidades tradicionales de la geografía política eran bien claras en España: provincias o regiones. Ahora se emplean menos. Las provincias tienden a ser "territorios" y las regiones "comunidades autónomas". Sólo una de ellas, la de Murcia, sigue empleando la etiqueta tradicional de "región". Lo de ser autónomas no añade nada a las comunidades regionales, pues todas lo son. Anótese la excepción de Madrid, que es legalmente la "Comunidad de Madrid" sin que aparezca su carácter autónomo.

Si en alguna región las provincias tienen raigambre milenario es en el País Vasco. Pero es ahí donde ha cuajado más la sustitución de las "provincias" por los "territorios". Se añade lo de "territorios históricos", como si los hubiera carentes de esa cualidad.

En la vida cotidiana hay un defecto llamativo de los españoles para entender el lugar donde están. Son los puntos cardinales que apenas se utilizan fuera de los mapas meteorológicos. En mi pueblo madrileño hay un letrero antes de entrar en la autopista de La Coruña en dirección norte. No dice "norte" sino "Adanero". Con lo fácil que hubiera sido poner el punto cardinal y no el nombre de un pueblo que pocas personas saben dónde está. A los turistas extranjeros les tiene que resultar extraña esa prescindencia de los puntos cardinales en los rótulos de las carreteras. Un efecto curioso de esa escasa familiaridad con los puntos cardinales que tienen los españoles (con la excepción de los pocos campesinos y pescadores) es su proverbial incapacidad para leer todo tipo de mapas.