Comecuras y titiriteros

Aurelio Alonso Cortés

Bien que se movió Zapatero a principios 2006 como articulista ocasional en el International Herald Tribune, criticando la publicación de unas simples caricaturas de Mahoma por un diario danés; todo un esfuerzo para quien no es hombre de pluma.

Aurelio Alonso Cortés | 2007-03-22

Desde la accidental llegada del PSOE al gobierno proliferan los comecuras que practican el pimpampum contra los sentimientos religiosos de los católicos. Los ofendieron gravemente en la llamada "Biblia pornográfica" publicada por la Junta de Extremadura que preside Ibarra. Y la pasada semana les ha seguido el Ayuntamiento de Lérida –regido por el socialista Ángel Ros– con su folleto sobre Lesbianas, gays y transexuales en el cómic que mezcla perversiones sexuales con simbolismos bíblicos.

Los socialistas del recién estrenado lema "Miramos adelante" de modo incoherente han instalado su retrovisor en el anticlericalismo del siglo XIX. Impunemente, sintiéndose protegidos desde arriba –y no precisamente desde los cielos–, con bula para el citado deporte de feria y sin aparente riesgo, ya que Zapatero deja hacer sin darse por enterado de las sonoras reacciones que estos desmanes han provocado.

La Conferencia Episcopal Española, refiriéndose a la "biblia" de la Junta, espera que "se pidan las responsabilidades correspondientes por las vías pacíficas y legales" contra lo que califican de "crudas y lamentables blasfemias" que denigran a Jesucristo y a la Virgen María, las imágenes más representativas de la fe. Los obispos invocan que la Constitución "reconoce y protege el derecho de libertad religiosa de las personas y de las instituciones", y que las leyes civiles y penales tutelan este derecho.

En paralelo el Centro Jurídico Tomás Moro –tras enviar a Zapatero una carta de protesta por ésta y anteriores vejaciones que relata con detalle– se ha querellado judicialmente contra los autores del libelo extremeño por un delito contra los sentimientos religiosos tipificado en el artículo 525.1 del Código Penal. Y el sindicato de funcionarios públicos Manos Limpias ha denunciado los hechos ante el fiscal del Estado resaltando la "tremenda alarma social de la comunidad católica". Téngase en cuenta que, según el Tribunal Supremo, el Código no otorga una protección especial a la religión católica sino a toda religión por igual, sea musulmana, budista o cualquier otra. Protege penalmente "a un derecho fundamentalísimo en todo Estado de Derecho, como es el respeto a un sentimiento, para algunos el más profundo y querido".

Sin embargo nada parecen temer los presentes y futuros comecuras. ¿Será porque toda cuestión penal ha de pasar por el filtro del fiscal del Estado, ese alter ego de Zapatero sin cuyo beneplácito no prosperan denuncias ni querellas? Acabamos de verle actuar sumisamente en los casos De Juana y Otegi –a través de sus vicarios fiscales Zaragoza y Burgos– desdiciéndose de anteriores peticiones de pena para mandarles a casa. A los etarras, no a los fiscales.

Desde esta impunidad los modernos iconoclastas esperan elevados dividendos de su conducta. Ya sea la inclusión en puestos destacados de listas electorales como el consejero extremeño patrocinador de la susodicha "biblia" quien opta a la alcaldía de Badajoz. Ya por darse a conocer rápidamente en el mundillo del "arte" gracias al marketing express del escandaloso ataque a lo más santo. Y lo más usual será pasar el cepillo de la subvención que permite hacer películas como churros sin que algunas merezcan estrenarse.

No extrañe pues que el aparato titiritero del Gobierno haya vuelto a las barricadas con un manifiesto de 136 sedicentes intelectuales a favor de la "libertad de creación " que, en su sapiencia, confunden con la zoofilia del folleto extremeño. Son las termitas que se alimentan de "madera presupuestaria". Tanta madera que permite fichar al decadente, aunque premio Nóbel de Literatura, Saramago.

Mejor harían sus más distinguidos firmantes tomando ejemplo de los actuales intelectuales franceses. Me refiero al "fenómeno Bernanos" de conversión al catolicismo. Es el caso de la escritora Sylvie Germain que con su novela Magnus cautiva a Francia y a Europa. Y de filósofos como René Girard o François Tallandier que han regresado a la fe tras la estela de Paul Claudel, François Mauriac, el citado Bernanos y muchos otros.

Discrepo de quienes quitan gravedad a estos ataques con un "esto no es quemar iglesias". Para mi los daños en los edificios son recuperables, pero permanece la denigración al mismo Jesucristo y la Virgen María, esencias del cristianismo. Tampoco coincido con los eclesiásticos que ofrecen de antemano perdón cristiano a estos pseudoartistas que además no lo solicitan. Ni comparto la idea de ofrecerles la otra mejilla; se podría aceptar si fuera la nuestra pero nunca cuando el otro carrillo es la fe en Cristo.

Zapatero está emplazado, pues, a defender la religión básica de España. Dando instrucciones a su leal servidor el fiscal Conde Pumpido para que ejerza la acusación penal. De no hacerlo le pasarán factura algunos millones de españoles en las próximas elecciones. Para ellos Zapatero significa lo pasajero y la Iglesia lo permanente. Bien que se movió a principios 2006 como articulista ocasional en el International Herald Tribune, criticando la publicación de unas simples caricaturas de Mahoma por un diario danés; todo un esfuerzo para quien no es hombre de pluma. Reúnase también con los obispos como entonces hizo con los imanes musulmanes de España.

Y termino dedicando a su fiscal, para concienciarlo, una adaptación de aquel famoso dicho, creo que de Perich: "¡Cuando España se quema algo suyo se quema, señor Conde!"