ZP le da a Rajoy cuerda donde ahorcarse

Federico Jiménez Losantos

La impresión que está dando el PP no es de prudencia, como sin duda buscan sus líderes, sino de apocamiento e indecisión.

Federico Jiménez Losantos | 2005-01-10
Es ya evidente que el PSOE ha puesto en marcha una estrategia cuyo fin esencial es impedir la vuelta del PP al Poder, es decir, evitar la alternancia democrática, y cuyo mecanismo es la apertura de un proceso entre subversivo y revolucionario que pasa por el desbordamiento de la legalidad y la instauración de ipso de un proceso constituyente. O mejor: desconstituyente, puesto que de lo que se trata es de romper la base misma de la Constitución, que es la nación española. La única forma de asentar esa estrategia y de consolidar al PSOE en la Moncloa mientras los separatistas consiguen sus objetivos a medio plazo es marginar, machacar y destruir al PP. Y da la impresión de que en el PP no se enteran o no quieren enterarse de que esta es la realidad. Tan dramática como cierta.
 
Es comprensible que gente de centro, es decir, geológica y hasta patológicamente de derechas, como Rajoy o Elorriaga anden atónitos y espeluznados ante este terrorífico panorama. Tal vez por eso responden de la forma habitual en la Derecha cuando la izquierda echa un órdago, que es la de no responder. La impresión que está dando el PP no es de prudencia, como sin duda buscan sus líderes, sino de apocamiento e indecisión. A un partido que representa no ya a media España, sino a la mayor parte de la ciudadanía que sigue considerándose inequívocamente española, no se le puede tratar con el desprecio que muestra Zapatero. A diez millones de votantes no se les puede tratar a puntapiés, sin que sus representantes reaccionen con la contundencia debida. A veces tenemos la impresión de que la misma indecisión y debilidad que ZP muestra ante los separatistas vascos y catalanes la muestra a su vez el PP ante ZP y el PSOE.
 
Y al revés de lo que ha dicho el presidente del Gobierno a propósito del 34, que por lo visto también desconoce, eso es justamente lo único que la Derecha no puede hacer. Porque Alcalá Zamora, Lerroux y Gil Robles, atenazados por el miedo y los complejos, se limitaron a la suspensión temporal de la autonomía catalana tras fracasar el golpe de estado del PSOE y Companys, porque no fueron capaces siquiera de poner fuera de la ley a los partidos golpistas, vino después la reacción de los derrotados: la campaña de absoluta manipulación de la represión de Asturias, las elecciones de febrero del 36, la escalada revolucionaria, el asesinato de Calvo Sotelo y la generalización de la guerra civil, como el PSOE había decidido desde 1933, al perder el Poder en las urnas.
 
No es que la Historia sea maestra infalible de todo, pero la de España sí lo es en una cosa: cuando la Izquierda hace lo que quiere y la derecha no hace lo que debe, las cosas acaban muy mal. Esta vez, tan mal que, simplemente, acabarán. Muerta España, ya no habrá más errores. Ni aciertos, claro está. El PP merece nuestro respaldo. Pero merecemos también el respaldo del PP. Zapatero le está dando a Rajoy cuerda donde ahorcarse. Ni a él (obviamente), ni a su partido, ni a sus votantes nos gustaría que lo consiguiera.