Llamazares o el Espíritu de la Cheka

Federico Jiménez Losantos

Federico Jiménez Losantos | 2003-04-29
Izquierda Unida empieza a parecerse ya a esos adolescentes gamberros, granulentos, malencarados y zafios que en vez de ir a clase vagabundean por colegios y calles buscando algún blanco para su ira o alguna ocasión para sus barrabasadas. Además de despreciar públicamente a las decenas de miles de fusilados, a los cientos de miles de encarcelados y a los dos millones de exiliados de Fidel Castro, su “modelo de referencia”, resulta que tampoco quieren rendir homenaje a los seis millones de judíos asesinados por Hitler. La causa real es el antisemitismo rampante de la izquierda en todo el mundo y su identificación cada vez más descarada con los terrorismos árabes antijudíos y antiamericanos, desde Arafat hasta Sadam Husein pasando por Gadaffi y Osama Ben Laden. La excusa última para no rendir homenaje al Holocausto es que tampoco se recuerda a los soldados soviéticos muertos en la segunda guerra mundial. Está claro que las divisiones de Stalin siguen siendo la concreción máxima del materialismo histórico, y como tal quieren celebrarlas.

Hay un pequeño problema para celebrar a los héroes soviéticos de la Segunda Guerra Mundial y es que durante año y medio fueron aliados de Hitler, se repartieron Polonia con los alemanes y se intercambiaron prisioneros para exterminarlos en sus respectivos campos. Al fin y al cabo, el modelo de los campos nazis fueron los campos soviéticos, donde también se practicó el exterminio sistemático de judíos, antes y después de la caída del III Reich. Y es un poco difícil honrar a la vez la memoria de las víctimas y de los verdugos.

Pero si Llamazares no se siente a gusto honrando a los seis millones de judios asesinados en el Holocausto, podía empezar a promover el recuerdo de los cein millones de víctimas del comunismo, desde las primeras víctimas de Dzherzinsky, fundador de la Cheka con Lenin, hasta los tres últimos asesinados por Castro. Es hora ya de que el PCE, todos los PC del mundo, pidan perdón por los cien millones de cadáveres que sembraron en los cinco continentes en menos de un siglo de totalitarismo rojo. Es hora de que a los chekistas profesionales o vocacionales se les pidan cuentas de sus crímenes, de los que todavía defienden y de los que, cuando pueden, perpetran.