Ni la de Stalin, ni la de Castro; ni la de Primo, ni la de Franco

Federico Jiménez Losantos

Federico Jiménez Losantos | 2003-04-14
El Partido Socialista pretende conseguir una legitimidad indiscutible basada en una más que discutible autoestima. Hay que creer que hoy es demócrata y lo ha sido siempre sólo porque ellos lo dicen, del mismo modo que en 1979 había que creer que eran honrados porque ellos lo proclamaban: “Cien años de honradez”, decían falsificando las canas de González ; “... y cuarenta de vacaciones”, añadían los comunistas. ¿Pero cuántos comunistas había durante la época vacacional del PSOE? Poquísimos. Así que se les ha creído lo que ellos han querido hacernos creer y ahora pretenden que no tienen que justificar su apoyo de hecho a la dictadura de Castro porque, según Zapatero, “siempre han estado contra la dictadura”. Pues bien, nada más falso. Ni han estado contra las dictadura de izquierdas ni contra las de derechas.

Contra el totalitarismo comunista de Lenin y Stalin no combatieron nunca, antes al contrario: en 1917, en 1934 y desde 1936 hasta 1939 trataron de establecer una dictadura soviética, en el caso de los Gobiernos de Largo Caballero y de Negrín aceptando incluso que España fuera un protectorado soviético, con absoluta libertad para los sicarios del GRU y la NKVD (luego KGB) tanto en lo militar como en lo policial. Pero las checas del propio PSOE, la entrega del oro del Banco de España y la carta de Largo a Stalin rechazando moderar la ferocidad revolucionaria del Gobierno del Frente Popular por “el descrédito de la institución parlamentaria entre nosotros” prueban su identificación con el terror y el Gulag. Su complacencia con Fidel Castro no es sino la prueba de esa continuidad esencial de la izquierda supuestamente reformista con la izquierda totalitaria, que en la España de hoy está más a la vista que nunca.

Pero tampoco contra las dictaduras españolas de derechas, mucho más benignas que las comunistas de izquierdas, luchó nunca el PSOE, hasta que cayeron. Con Primo de Rivera colaboró hasta el final, aceptando Largo Caballero el cargo máximo en materia de trabajo para fortalecer la UGT a costa de la persecución de la CNT. Con Franco no existió el PSOE. Más del 95% de los militantes actuales entraron en el partido después de la muerte del dictador y los poquísimos realmente antifranquistas, como Nicolás Redondo Urbieta, han sido machacados por los implacables oportunistas de izquierdas que fueron González y Guerra, héroes de la resistencia antifranquista jamás encarcelados por Franco. Al contrario, como prueban las memorias de San Martín, fueron protegidos o tutelados por los servicios secretos de Carrero para preparar una alternativa no comunista de izquierdas a la muerte de Franco. Por cierto, con éxito.

Así que en lo que se refiere a la resistencia a todas la dictaduras, Rodríguez Zapatero puede aplicarse el refrán: “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.