De la ilusión de ayer a la corrupción de hoy

Federico Jiménez Losantos

Federico Jiménez Losantos | 2002-11-24
Además de pagar cada año centenares de miles de millones de antiguas pesetas, miles y miles de millones de actualísimos euros, para que las televisiones llamadas públicas soporten un endeudamiento vertiginoso y sin voluntad de corregirse; además de que ese gasto disparatado de las televisiones autonómicas haya desembocado a través de la FORTA en un carísimo acuerdo con la Liga de Fútbol Profesional, que convierte la Liga de las Estrellas en uno más de esos negocios con botas a punto de venirse abajo (como ya ha sucedido en Alemania); además de ver cómo no basta con pagar cada año de sus impuestos ese doble despilfarro, televisivo y futbolístico, para ver un par de veces el Barcelona-Madrid y Madrid-Barcelona, el duelo que más interesa al aficionado, sino que hay que pagarle a Polanco diez euros más impuestos para ver esos noventa minutos más tiempo añadido; además de todo eso, que no es poco, hay que ver al Gobierno del PP aventar cualquier ilusión de que tanto despilfarro y tanto abuso tengan alguna vez remedio. ¡Hay que ver lo que hay que ver!

Pero a la vista está. Delante de Álvarez Cascos, el mismo que hace cinco años ponía como ejemplo de interés general el partido Barcelona-Madrid, que habría de verse “en abierto y gratis”, su sucesor como vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, se permitió responder a un periodista este viernes, con altivez no exenta de fastidio, que “se emitía el partido de fútbol que marcaba la ley”. O sea, el Rayo Vallecano-Real Sociedad, “el partido televisado menos visto de la historia”, según sarcástica definición del propio entrenador vallecano Fernando Vázquez. Posiblemente Rajoy cree que decir campanudamente que “se cumple la ley” es suficiente para tapar la boca a un periodista indiscreto o a un ciudadano cabreado. Probablemente cree que ya nos hemos olvidado de que Polanco no cumple la Ley en lo que al antenicidio se refiere y que el Gobierno se niega a hacérsela cumplir ni siquiera con una sentencia en firme del Supremo y una conminación del mismo tribunal a que cumpla con su obligación. Seguramente cree que entre lo que Polanco silencia y lo que el Gobierno del PP manda silenciar, nos vamos a olvidar todos los ciudadanos de que en España sólo suelen cumplirse las leyes que benefician a Polanco y no suele cumplirse una sola que pueda perjudicarle, y que el máximo garante de esa situación es el Gobierno del PP.

Pero Rajoy se equivoca. Nos acordamos de todo lo que el PP prometió durante la “Guerra Digital” para impedir que Polanco se hiciera con el monopolio de la televisión de pago. Y nos acordamos también de que el gran temor de Aznar y sus ministros, empezando entonces por Cascos y terminando por Rajoy, era que desde esa posición de fuerza Polanco echara de la Moncloa a Aznar en pocos meses, como se jactaba el propio Felipe González. Y también vemos lo que ha cambiado de aquella lucha contra el monopolio al regalo de ese monopolio que Aznar le va a hacer: que ya ha disfrutado del tiempo en la Moncloa que considera suficiente para colmar su ambición. Y que ahora sólo trata de pagar la “protección” para sí y para los suyos que sólo los favores a Polanco garantizan en la España de Aznar. Muy parecida en eso a la de González.

Con una diferencia: entonces, con González en el poder o acechándolo, palabras como las de Cascos nos permitían mantener la ilusión. Hoy, palabras como las de Rajoy sólo nos permiten constatar hasta dónde ha llegado la corrupción. Y el desprecio del votante y del contribuyente, que a eso ha quedado reducido el ciudadano. A pagar sus impuestos, a pagarle a Polanco, a votar, a callar y a olvidar.