Otro año más, la misma falacia: no, en España no hay trece millones de pobres

Domingo Soriano

Las estadísticas de ingresos se pervierten detrás de un lenguaje poco preciso. Los datos sí son relevantes; su uso, muy cuestionable.

D. Soriano | 2017-10-22

Casi un 28% de la población en España, 12,9 millones de personas, vive en riesgo de pobreza y exclusión social.

Este titular, con ligeras variaciones, se ha repetido en la mayoría de los medios de comunicación españoles durante la última semana. Algunos han estirado algo los porcentajes para hablar de "casi el 30%" y otros han redondeado a 13 millones. Pero el mensaje no ha variado demasiado: en España hay más/menos 13 millones de pobres o de personas en riesgo de exclusión. No sólo eso, las informaciones sobre el tema se han ilustrado con fotos de personas pidiendo limosna en la calle, buscando en el cubo de la basura o en la cola del banco de alimentos de su ciudad.

No es algo nuevo. Cada año, por estas fechas, coincidiendo con el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, se publican cifras similares. Y cada año, en Libre Mercado, reiteramos que no son ciertas: o mejor dicho, que los datos estadísticos sí tienen validez y pueden ser relevantes. Pero que las palabras e imágenes que los acompañan ("pobreza", una foto de un mendigo...) no reflejan en absoluto la realidad que hay detrás de esas cifras.

Definición de "pobreza"

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define pobreza como "cualidad de pobre" y a este último como alguien "necesitado, que no tiene lo necesario para vivir".

No es una definición cerrada o que pueda acotarse entre dos cifras. No es pobre el que gana menos de 1.000 euros al mes. Tampoco es un concepto fijo: varía en función del país, la época o la persona que lo valora. ¿Qué es "lo necesario" para vivir? Probablemente ahora entran en estas estadísticas personas que antes se quedaban fuera. Además, según se hace más rica una sociedad también varía el umbral de lo que considera como tolerable: en España metemos en esta categoría hogares que en otros lugares del mundo se considerarían de clase media. Y en muchos sentidos está bien que sea así, que nos pongamos siempre unas metas más elevadas.

El problema es que en España (y no sólo en nuestro país, pero aquí con la crisis se incide más en el error) se ha tomado una variable estadística como un sinónimo de esta palabra. Así, el indicador conocido como AROPE (At risk of poverty or social exclusión) debería ser una herramienta de trabajo para economistas, políticos y periodistas... no una cifra destinada a generar alarmismo o pintar una realidad mucho más negativa de la que nos cuentan esos mismos datos

AROPE es un indicador que reúne tres conceptos diferentes: personas "en riesgo de pobreza", personas con "carencia material severa" y personas que viven en un hogar "con baja intensidad de trabajo".

Cualquier persona que esté en alguna de estas tres categorías forma parte de AROPE y, por lo tanto, está incluida en ese 27,9% de la población "en riesgo de pobreza o exclusión social" que han repetido los titulares: Hablamos de 12,8 millones de personas.

Umbrales

Las siguientes son las cifras detalladas más interesantes que ofrecen Eurostat y EAPN-España:

Carencia material

En todos estos años, en Libre Mercado siempre hemos defendido que el indicador que mejor reflejaría la realidad, si queremos hablar de "pobreza" tal y como entiende este término el ciudadano medio, es el de "carencia o privación material severa" (PMS o "severely materially deprived" en inglés). Ni mucho menos quiere decir que el resto de las personas que están por debajo del umbral de la pobreza sean potentados o que su situación económica no sea preocupante. Lo es y está claro que lo han pasado mal (muy mal) en estos años.

Una familia de cuatro miembros e ingresos de 17.000 euros al año (u 8.000 euros para una persona) tiene muchas dificultades para llegar a fin de mes. Lo podemos llamar de una forma u otra, pero su realidad diaria es evidentemente complicada. Es cierto que aquí hay muchas variables que entran en juego (su edad y tiempo en el mercado laboral, si vive o no en su propia vivienda ya pagada, si tiene ingresos extra de la economía informal, su lugar de residencia…). Pero que quede claro: estas familias de bajos ingresos deben estar en el primer lugar de la preocupación pública. Otra cosa es que su situación se ilustre con una foto de una persona junto a un contenedor.

En lo que respecta a este indicador de "carencia material severa", los datos tampoco son buenos. Eso sí, son mucho mejores de lo que se intuye leyendo determinados titulares.

eapn-spain-pobreza-indicadores-porcentaj
EAPN-España

Por último, un apunte importante. Además de las noticias sobre "riesgo de pobreza" o "umbrales de pobreza" en Europa, a lo largo del año se publican otras sobre "pobreza en el mundo". En estas otras informaciones se habla de cientos de millones de personas que no alcanzan el nivel mínimo requerido por los organismos internacionales. Por ejemplo, según los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, en 2030 no debería haber nadie que viviese con menos de 1,25 dólares al día. Es un plan ambicioso pero, por primera vez en la historia de la humanidad, gracias al capitalismo y la globalización, es posible pensar que se puede conseguir. Sí, como explicábamos hace unos meses, el mundo puede estar cerca de terminar con la pobreza extrema.

¿Por qué sacamos todo esto a colación? Pues porque es importante destacar que en Europa nada de esto está sobre la mesa. Es decir, los índices de pobreza en nuestro continente (y también en España) miden otras cuestiones: hace mucho tiempo que lo de los 1,25 dólares al día u otros indicadores similares no forman parte de nuestra realidad. Y es una gran noticia: como decíamos antes, no tendría sentido que nuestro indicador fuera el mismo que el de Zambia o Sierra Leona. Pero también por eso es importante el lenguaje: porque se usan los mismos términos ("pobreza, necesidad extrema, pobreza severa o privación material") para realidades que, afortunadamente para nosotros, nada tienen que ver.