¿Donarían los órganos de su hijo de 17 años?

Sergio Pérez

La Seminci termina con dos películas francesas y una israelí sobre trasplante de órganos,  paternidad y bodas concertadas en el mundo árabe.

Sergio Pérez (Valladolid) | 2016-10-29

El último día de la Seminci nos ha hecho llorar, y de qué manera. La película francesa Reparar a los vivos plantea la encrucijada en la que se encuentran unos padres que acaban de perder a su hijo de 17 años en un accidente de tráfico. El chico es mantenido con vida de forma artificial, ya que sufre muerte cerebral, a la espera de que sus progenitores decidan si quieren donar sus órganos. Entretanto, conocemos poco a poco la historia de una mujer que tiene dos hijos adolescentes y que necesita urgentemente un trasplante de corazón.

La película de Katell Quillévéré está basada en la novela de Maylis de Kerangal, Réparer les vivants. Quillévéré ha conseguido mantener el equilibrio entre las escenas dramáticas y las médicas, sabiendo guiar perfectamente a sus actores para no caer en el melodrama fácil. De esta forma, nos encontramos ante una película efectiva que nos va guiando lentamente hasta un final emocionante en el que entendemos la postura de cada personaje. Mención especial merece la banda sonora. La película ha pasado previamente por los festivales de Venecia y Toronto.

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Mucho menos emocionante es la película israelí Tormenta de arena, que nos sitúa en una aldea beduina del sur de Israel, pese a su gran inicio. Jalila tiene que hacer de anfitriona de la boda de su marido con su segunda mujer, una chica mucho más joven que ella. En esa fiesta descubrirá que su hija mayor ha conocido a un chico judío en la universidad. A partir de aquí la película va decayendo y no despierta ninguna compasión por ningún personaje pese a lo terrible de la historia.

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La clausura ha corrido a cargo de otra película francesa, El hijo de Jean. Un parisino de 35 años que nunca ha conocido a su padre ni sabe quién es recibe una llamada desde Canadá. Su padre ha muerto y ha dejado encargado a su amigo que le mande un paquete. Sin embargo, él viaja a Canadá porque se entera de que tiene dos hermanos y quiere conocerlos.

El hijo de Jean es una película de buenas intenciones sin más. No emociona, es un tanto previsible… pero no aburre y está bien hecha. Ya está todo el pescado vendido en la Seminci y sólo falta que el jurado emita este sábado su veredicto.

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