Las meteduras de pata económicas en el debate de Pablo Iglesias y Albert Rivera

Luis Fernando Quintero

Iglesias demostró desconocer el modelo que pone de ejemplo, Dinamarca. Tampoco cuál es el sueldo medio en España. Ni Évole ni Rivera se lo afearon.

D. Soriano | Luis F. Quintero | 2015-10-19

Pablo Iglesias y Albert Rivera se reunieron en un bar, con Jordi Évole en La Sexta y hablaron de las propuestas con las que tratarán de atraer a los votantes. Lo cierto es que el programa fue novedoso en muchos aspectos: formato, escenario, moderador, tono de la conversación...

Eso sí, en otros no fue tan diferente a los debates de la vieja política. Tanto Iglesias como Rivera hicieron afirmaciones (o dieron por buenos argumentos del contrario) que no son ciertas. Y no hablamos de cuestiones ideológicas, en las que cada uno tiene su opinión. De esas también hubo, por ejemplo cuando Iglesias pidió nacionalizar entidades bancarias, eléctricas y parte del tejido industrial de nuestro país. Eso puede parecer una locura a algunos, pero habrá quien diga que es una opción válida.

Pero de lo que hablamos es de afirmaciones que son directamente falsas o de cifras sacadas de la manga que se dejaron en el aire sin explicar nada. De esas también hubo unas cuantas, sobre todo por parte de Iglesias. Ni el moderador ni su adversario le pidieron cuentas (y nunca mejor dicho) al de Podemos. De hecho, éste es quizás el punto que más se criticó en las redes sociales, teniendo en cuenta que hablamos de dos partidos que se presentan como la cara de la regeneración (también hubo para el presentador, que no rebatió ninguna de estas afirmaciones).

El modelo que no existe

El debate empezó con el tema de las políticas de empleo. Iglesias evitó hacer propuestas concretas. De hecho, una de las pocas afirmaciones que hizo no era cierta. El líder de Podemos puso a Dinamarca como ejemplo del mercado laboral que le gustaría para España y defendió que nuestro país tenga un salario mínimo como el que existe en el país nórdico.

Pues bien, olvidó Iglesias (y Rivera no se lo recordó) que en Dinamarca no hay salario mínimo. Por cierto, tampoco hay indemnización por despido y las cotizaciones sociales son mucho más bajas que en España. De hecho, este país es uno de los que tiene un mercado laboral más libre y flexible del planeta. Según el Índice de Libertad del WSJ y la Fundación Heritage, Dinamarca tiene el quinto mercado laboral más libre del mundo y el primero de Europa. Sólo EEUU, Singapur, Hong Kong y Brunei ganan a los daneses en este aspecto. ¿De verdad ése es el modelo que defiende Iglesias? No parece. Pero Rivera tampoco dijo nada al respecto.

Salarios y limosnas

Pero no se quedó ahí la cosa. La discusión continuó sobre el salario mínimo, la renta básica y el complemento salarial que propone Ciudadanos. Iglesias seguía insistiendo en que hay que subir el SMI y calificó de "limosna" la propuesta de Rivera del complemento salarial. Eso sí, a preguntas de Évole no fue capaz de fijar una cifra concreta para dicho salario y no aclaró cómo se podría financiar.

El líder de Podemos cree que el complemento salarial de Ciudadanos "obliga a la gente a ser pobre y pedir una subvención", pero subir el salario mínimo es "permitir que la gente tenga un sueldo digno".

¿Quién paga la renta básica?

Del salario mínimo se pasó a la renta básica. Rivera le afeó a Iglesias lo que considera una propuesta imposible de cumplir, puesto que implicaría un coste de "115.000 millones de euros". Y el de Podemos más o menos vino a admitir que es cierto, que no se aplicaría desde el primer momento, pero que lo importante es decir que se hará. "Apuntar alto" para llegar a "cosas mejores", dijo Iglesias.

En este sentido, hay que decir que fue coherente con los últimos documentos que han salido de su formación. Círculo 3E, el formado por los economistas más cercanos a la cúpula de la organización, ya admitía hace unos meses que la renta básica no se aplicaría inmediatamente y que su puesta en marcha dependería de cómo marchase la recaudación. Es decir, que subirán los impuestos desde el minuto uno, pero luego, a la hora de pagar o no la famosa renta no hay una fecha concreta para ponerla en marcha.

En este punto del debate, Iglesias volvió a sacarse de la manga uno de los mantras más queridos por Podemos: la recaudación que se podría generar luchando contra el fraude. Como en otras ocasiones, Iglesias recuperó los datos de Gestha y aseguró que "habría 90.000 millones más" sólo llevando "los tipos nominales a los tipos reales".

Más allá de que los datos de la asociación de técnicos de Hacienda son poco de fiar (por ejemplo, en fraude fiscal las cifras que ofrecen se basan en un informe fantasma que nadie ha visto), no queda claro a qué se refiere Iglesias con esa frase: "Igualar tipos nominales a reales". ¿Habla de todos los impuestos? ¿IRPF, IVA, Sociedades? Normalmente, cuando se dice algo así se está hablando de Sociedades. En ese caso, la cifra de 90.000 millones es completamente absurda, porque es varias veces superior a toda la recaudación del Impuesto en un año (no llegó a los 19.000 millones en 2014). Si Iglesias habla de IRPF e IVA, entonces es aún más preocupante. ¿Está proponiendo terminar con todos los tipos de IVA reducido? ¿Pagar todo al 21%? ¿Eliminar los mínimos personales, familiares y de trabajo en el IRPF? ¿Acabar con todas las deducciones en este impuesto? Esto supondría la mayor subida de impuestos de la democracia, aunque es cierto que acercaría los tipos nominales a los reales... a costa del bolsillo de los contribuyentes.

Eslóganes, poses y sueldos

Rivera le atacó por el lado de la demagogia y dijo a Pablo Iglesias que con poses y eslóganes no convencería a los ciudadanos. Iglesias negó que su discurso se centrara en poses y eslóganes, aunque acto seguido soltó una frase que se parecía mucho a un eslogan: "Que un eurodiputado pueda meter 6.500 euros al mes en la cuenta cuando la mayor parte de los ciudadanos de su país no llegan a 1.000 me parece una barbaridad. Si la mayoría de mis ciudadanos están cobrando 1.000 nosotros tenemos que ser un ejemplo". Al menos reconoció que "es verdad que eso no soluciona los problemas".

Lo que ocurre es que esta afirmación también es falsa. Según la Encuesta de Estructura Salarial del INE, el salario medio en nuestro país en 2013 fue de 22.697 euros. Según el decil de salarios de la EPA, el salario mediano (el que deja a la mitad de los asalariados por encima y a la mitad por debajo) era de 1.600 euros al mes. Y eso que en estas encuestas entran todos los trabajadores: también los que sólo trabajan unos meses al año o los que tienen jornada reducida. Pues bien, incluso así, la afirmación de Iglesias de que "la mayor parte de los ciudadanos no llega a los 1.000 euros" es mentira.

(…) Unos segundos después, en el mismo turno de palabra:

Los sueldos de los funcionarios

Tampoco cuando hablaron de los sueldos de los empleados públicos hubo demasiada precisión. Iglesias quería comparar lo que cobra un ministro, un diputado o el presidente del Gobierno con lo que ganan cada mes médicos, profesores o inspectores de Hacienda. Aquí no hubo afirmaciones temerarias sobre mileuristas como en el punto anterior, pero se dibujó una situación que tampoco tiene demasiado que ver con la realidad.

De nuevo, podemos recurrir a la encuesta de deciles salariales que complementa a la EPA. Según los datos del INE, en 2013 el 60% de los empleados públicos españoles tuvo un sueldo superior a los 2.159 euros al mes. Es más, el 18% de los empleados públicos estaba en el último decil salarial (en el caso de los trabajadores del sector privado esta cifra es el 8%) y ganaba más de 3.350 euros al mes. De nuevo, cuando Iglesias presenta un escenario en el que médicos, inspectores de Hacienda o profesores de universidad apenas llegan a los 1.000 euros, no dice la verdad. Puede que haya empleados públicos (muy pocos) en esta situación (algunos eventuales), pero los funcionarios con plaza y un nivel alto en la administración ganan (de media) más que sus pares en el sector privado. Y sus remuneraciones no están muy lejos del nivel que a Iglesias le parece escandaloso para el presidente del Gobierno.

A vueltas con las Sicav

Quizás la parte más confusa de todo el debate llegó cuando Évole sacó el tema de las sicav. Los candidatos de Ciudadanos y Podemos demostraron que no tienen ni idea de en qué consiste esta figura jurídica. De nuevo, no hablamos de una cuestión de posición ideológica. Eso es otro tema. Se puede estar a favor o en contra. Lo grave es que se hicieron afirmaciones que no eran ciertas. Sorprende, sobre todo, en un exempleado de banca como Rivera, que demostró un desconocimiento palmario sobre una de las cuestiones que más polémica ha generado en nuestro país en los últimos años.

Évole les pidió opinión sobre las sicav, "esas sociedades que tributan al 1%". Para empezar, ninguno de los dos explicó lo obvio, que las sicav sólo tributan al 1% mientras el dinero está dentro de la sociedad, pero que cuando el dueño quiere retirar sus ganancias paga como todo hijo de vecino. De hecho, el régimen de las sicav es, en esta cuestión, bastante parecido (si acaso, un poco peor) al de los fondos de inversión que millones de ahorradores españoles tienen abiertos y por los que no se pagan impuestos hasta que se retira la participación. La diferencia con las sicav reside fundamentalmente en las posibilidades de gestión de esos activos (en el caso de las Sicav, los propietarios tienen más flexibilidad en la política de inversión).

Pero la explicación que dieron (sobre todo Rivera) sobre unas sociedades con el "patrimonio congelado" no son ciertas. Sí hay algo de verdad en la cuestión de los partícipes (esos llamados mariachis que se usan para llegar a los 100 inversores por sicav), pero nada más. El resto de la explicación simplemente no se ajustaba a la realidad. Por supuesto, tampoco se hizo alusión a la posible recaudación extra que se obtendría si las sicav tributasen al 30% (lo que haría que estas figuras desaparecieran y todo el dinero se fuera a fondos de inversión, en el que no tributaría nada). Hablamos de unos 1.000 millones de euros, apenas el 2% de los 50.000 millones que, aproximadamente, tendrá España de déficit público este año.

¡Nacionalícese!

Por último, el debate entró en el terreno de las nacionalizaciones. Aquí, Rivera pareció llevarse el gato al agua, acusando a Iglesias de practicar una política económica "franquista" y denunciando que no hay ningún país de Europa en el que se esté transitando este camino. Como denunció el de Ciudadanos, está pasando más bien al contrario: en aquellos lugares (como Francia o Italia) donde el sector público mantiene grandes participaciones industriales, si acaso se está retirando del mercado.

En esta cuestión, uno y otro manejaron argumentos más ideológicos y dieron menos datos concretos, por lo que no metieron la pata sobre cuestiones objetivas como en otros momentos del debate. Quizás lo más cuestionable llegó cuando hablaron del rescate bancario e Iglesias comentó cuánto le había costado este rescate a los españoles. En esto, Rivera le recordó dos cosas: 1. que no fue un rescate a la banca, sino a las cajas públicas que defiende Iglesias; y 2. que si no se vende Bankia, entonces sí costará 22.000 millones. La forma más rápida de devolver ese dinero al contribuyente es privatizar la entidad por la cantidad más elevada posible. Por cierto, otra cosa que no le dijo Rivera a Iglesias, cuando este pidió que Bankia siguiese siendo pública, es que eso es imposible porque en el acuerdo con Bruselas se pactó su venta antes del final de esta década.

Y así terminaron, discutiendo sobre comunismo y capitalismo de amiguetes. Rivera insistió en que querer nacionalizar todos los servicios públicos de un país "tiene un viejo nombre que es comunismo". ¿La respuesta de Iglesias?: "No puede ser que cuando una persona dice que una compañía aérea tenga que ser pública se diga esto es Cuba". Eso es cierto, no todos los países con una compañía aérea pública son como Cuba. Eso sí, también habría que recordar al líder de Podemos que tampoco hay demasiados de nuestros socios en la UE que tengan eléctricas, compañías aéreas o el cuarto banco del país en manos del Estado.