El dios del Blues británico cumple 70 años

Felipe Couselo

La trayectoria de Eric Clapton marca el sentido de la música moderna.

Felipe Couselo | 2015-04-01

El 30 de marzo de 1945, en la localidad de Ripley, localizada en el condado de Surrey, la adolescente de dieciséis años Patricia Molly Clapton daba a luz a un niño llamado Eric. El padre de la criatura, un soldado canadiense nueve años mayor que ella, no quiso reconocerle y volvió a su país. De este modo, y durante los primeros años de vida del pequeño, su madre le hizo creer que sus abuelos eran sus padres, y que ella era su hermana mayor. Cuando Eric tuvo edad suficiente para entender los cuchicheos de los vecinos, el engaño se deshizo y Patricia se mudó a Alemania a rehacer su vida. Su hijo quedó al cargo de sus abuelos, que le hicieron un regalo muy especial al entrar en la adolescencia: una guitarra acústica con la que, tras un par de peleas y desencuentros, comenzó a pasar las horas y perfeccionar una técnica marcada a fuego por la pasión del blues. Los discos con los que aprendió a maravillar con las seis cuerdas llevaban la firma de grandes como el malogrado Robert Johnson o B.B. King, dos figuras que le acompañarán durante toda su carrera musical. Tras dejar sus estudios y dedicarse por entero a la guitarra, Eric comenzó a ganarse una reputación desde algunos grupos de calado menor, hasta que le llegó la hora de dar el gran paso.

La oportunidad del joven Eric en un proyecto musical serio llegaría en 1963, junto a la banda The Yardbirds (cuya guitarra solista dirigió en los dos primeros discos de la influyente formación) bajo el apodo de Slowhand (Mano Lenta). Pero el estilo bluesero del conjunto se fue perdiendo a medida que la popularidad crecía, y Eric abandonó el proyecto a comienzos de 1965. Por su puesto pasarían dos monstruos de la talla de Jeff Beck y Jimmy Page… casi nada. De ahí, y tras un fantástico disco junto a los Bluesbreakers de John Mayall, la leyenda de Clapton comenzó a forjarse de verdad, con una reputación de instrumentista de primer nivel reflejada en una célebre pintada en el metro de Londres: "Clapton es Dios". Y en lo que se refiere a su siguiente proyecto, el enardecido fan artífice de la frase no iba muy desencaminado.

Junto al batería Ginger Baker y el bajista Jack Bruce, formó la banda Cream, un proyecto de virtuosismo y blues-rock ácido con toques de psicodelia responsable de auténticos monumentos como Fresh Cream, y los imprescindibles Disraeli Gears y Wheels of Fire. Clapton comenzó también a desempeñar tareas vocales (aunque la figura principal en este terreno era Bruce), y en aquellos años tuvo el honor de ser uno de los primeros músicos invitados a una sesión de grabación de los Beatles, invitado por su amigo George Harrison a participar en While My Guitar Gently Weeps. Esta relación le llevó a conocer a Patti Boyd, mujer de Harrison y objeto de enamoramiento para Eric, para la que firmaría canciones como Layla o Wonderful Tonight, esta última ya como marido y mujer. Pero antes de eso llegó la agria ruptura de Cream y la fugaz existencia de su siguiente proyecto, Blind Faith, con un único disco de estudio tras el cual Clapton cambió radicalmente su vida. Sumido en el desencanto de su amor por Patti y en sus adicciones (de las que no se libró en muchos años), Clapton pasa a formar parte como secundario de la Plastic Ono Band de John Lennon y también de la gira de Boney & Delaney, con cuyos fantásticos músicos de apoyo creará una de sus mejores obras: Layla and Other Assorted Love Songs. Un disco que aparece en el mercado en 1970, y en el que participa también otro monstruo de la guitarra (uno más en la lista de Clapton), el virtuoso Duane Allman.

Eric Clapton en 2013 | Corbis Images

Durante la década de los setenta, el artista firmó algunos de sus mejores trabajos en solitario, como 461 Ocean Boulevard o Slowhand, que le confirmaron como un auténtico mito viviente y ampliaron su repertorio e influencias hacia terrenos tan dispares como bien ejecutados. En el directo, su solidez se hizo patente en citas como el concierto de despedida de The Band, recogido por Martin Scorsese en The Last Waltz. Los ochenta fueron una época de gran éxito comercial, y también de colaboraciones con otro guitarrista de primer nivel, Mark Knopfler y sus Dire Straits. Pero el destino le tenía reservada una amarga pérdida a comienzos de los noventa, cuando falleció su hijo Connor (de tan sólo cuatro años de edad) al caer desde una ventana del apartamento de Nueva York en el que vivía. El dolor se tradujo en el tema Tears in Heaven, incluido en su exitosísimo Unplugged de comienzos de la década. Desde entonces y hasta ahora, el mito recorre los caminos del blues una vez más, homenajeando a sus ídolos en trabajos tan destacables como Me and Mr. Johnson o Riding With The King (firmado junto a B. B. King). Setenta años ya de Mano Lenta, del Dios del Blues Británico. Del alma de seis cuerdas con magia en los dedos: el irrepetible Eric Clapton.