El veneno de Scorpions no se agota

Felipe Couselo

La banda alemana celebra sus cincuenta años con nuevo disco y gira mundial.

Felipe Couselo | 2015-03-09

Cuando uno piensa en bandas cuyo debut se remonta a cinco décadas atrás, pocas son las que vienen a la mente y que cumplan los siguientes puntos: que sigan en activo, sacando discos al mercado e inmersas en preparativos de una gira con presencia (a día de hoy) en tres continentes distintos. De hecho, son tan pocas las formaciones que cumplen estas características, que por fuerza han de tener un eco especial, una fuerza diferente. En el terreno del hard rock europeo, el nombre propio en esta categoría son Scorpions.

En realidad, sólo hay un músico de la formación actual que vivió el primer acto de la banda, allá por 1965 en Hannover. Por aquellos días, el guitarra Rudolf Schenker formaba una banda muy marcada por el clima artístico más visceral de su tiempo, que iría configurando su sonido en base al rock ácido e incendiario de Cream y Jimi Hendrix, que más tarde combinarían con el desgarrador sonido de dos bandas tan icónicas como Led Zeppelin y Black Sabbath. La formación terminó la década de los sesenta sin grabar un solo disco de estudio, pero con algunos cambios decisivos en sus integrantes, sobre todo en el terreno de la voz. Porque nadie se imagina a Scorpions sin la laringe de Klaus Meine, que se incorporaba en 1969.

Si bien sus trabajos más conocidos responden a la década de los ochenta, fue justo en los diez años anteriores cuando fraguaron gran parte de su fórmula personal, con discos de gran factura como Lonesome Crow (1972) o In Trance (1975). Poco después, se asentaba como otro pilar de la banda (presente hasta nuestros días) el guitarra Matthias Jabbs, que sustituía a Uli Jon Roth. Hacia el final de los setenta, Scorpions lograban abrirse paso en los mercados japonés y norteamericano, representando ya un puntal del rock duro en Centroeuropa. El álbum de 1978 Lovedrive tenía buena parte de culpa del fenómeno, alternando potentes riffs con baladas intensas, constante que definirá el devenir musical de la banda durante toda su carrera.

Aunque existió un momento de suspense, que estuvo cerca de alterar el rumbo de las cosas: Klaus Meine sufrió serios problemas con su voz, dejando momentáneamente la banda para someterse a cirugía y volver a reencontrar su instrumento. El milagro de su recuperación se plasmó en Blackout y, sobre todo, en el célebre y exitoso Love at First Sting. Con el primer disco, los alemanes facturaban un trabajo que certificaba la influencia recíproca entre los Scorpions y el heavy metal británico, patente en temas como No One Like You. En cuanto al segundo… basta decir que contiene himnos como Still Loving You (ejemplo perfecto de la expresión power ballad, épica, intensa y apasionada) o Rock You Like a Hurricane. Con este álbum, la banda gobernaba en el hard rock a nivel mundial, con un calado especial el todo el rock duro europeo y americano de la década. Su éxito quedó de manifiesto en giras monstruosas y actuaciones ante cientos de miles de personas en el primer festival Rock in Rio o el Moscow Music Peace Festival, al final de la década.

Precisamente en la URSS se inspiró Meine para el tema Wind of Change, uno de los más icónicos de su carrera, que vio la luz en 1990 y quedó para siempre asociado a la caída del Muro de Berlín. Aunque en los noventa su trayectoria fue algo irregular, durante las dos últimas décadas se han mantenido mejor de lo esperado por muchos, y en los últimos tiempos dan demostrado que su público no les olvida. Si hace un par de años se anunció su gira de despedida (ampliada varias veces ante la avalancha de peticiones de conciertos), la banda decidió después continuar su andadura, esta vez ya sin fecha de caducidad. Para dejarlo aún más claro, hace pocos días salía al mercado Return to Forever, un nuevo disco que mezcla canciones inéditas de su época dorada con otras composiciones recientes. Además, en nuestro país han confirmado asistencia para el Rock Fest de Barcelona el próximo 23 de julio. Como siempre, el público volverá a sucumbir ante el aguijón de la bestia que lleva por nombre Scorpions.