El caso del bote de gas lacrimógeno de El Madrigal, un misterio por resolver

José Miguel de Pedro

Un año después del lanzamiento del artefacto que obligó a desalojar el estadio, apenas ha avanzado la investigación.

José Miguel de Pedro | 2015-02-18

En tan solo unos segundos el césped de El Madrigal se llenó de humo. Aficionados, futbolistas, técnicos y colegiados comenzaron a sentir un intenso picor de ojos y comenzaron a tener dificultades para respirar. Quedaban tres minutos para que se cumpliese el tiempo reglamentario del encuentro liguero entre el Villarreal y el Celta de Vigo cuando, tras el desconcierto inicial, el colegiado ordenó la suspensión temporal del partido y se desalojó el estadio.

Lo que había sobre el césped era una bomba de gas lacrimógeno, algo inaudito en el fútbol español, que desde un primer momento puso en cuestión las medidas de seguridad empleadas. El choque se pudo reanudar 20 minutos después y comenzó entonces una investigación que un año después sigue en el mismo punto desde el que partió. Tras doce meses, apenas se sabe nada acerca de un episodio que desde el club castellonense siempre calificaron como la obra premeditada y perfectamente planificada de un profesional.

Las primeras investigaciones apuntaron a un hombre de 1,70 metros de estatura, unos 30 años y vestido con ropa oscura, que sembró el pánico en el estadio. Lanzó el bote desde un vomitorio del fondo sur cerca del portero vigués y vestía una camiseta del Villarreal que, supuestamente, luego camufló con una chaqueta. Se encontraba en una de las salidas a la grada más cercana a la puerta del estadio y se marchó sin dejar rastro.

Tras el optimismo inicial que apuntaba a la posibilidad de que llegasen las detenciones a los pocos días del suceso, después reinaron la incertidumbre y el desconcierto. Las investigaciones se estancaron y la policía no pudo avanzar más porque la cámara de seguridad de esa zona del estadio estaba inutilizada. Sí se averiguó que el artefacto es habitual de la Policía de Europa del este, pero no se pudo seguir su rastro.

Poco se supo entonces de lo sucedido, el conjunto levantino fue homenajeado por la LFP por la actuación cívica de su afición y, paralelamente, fue multado con 6.000 euros. La teoría más extendida es que se trató de un plan perfectamente orquestado. El sujeto calculó todos los posibles riesgos para no poder ser localizado. Se sospecha que sabía que la cámara de esa zona no funcionaba y organizó todo para no ser identificado y desaparecer. Un año más tarde, el lanzamiento del bote de gas lacrimógeno de El Madrigal sigue siendo un misterio.