Pablo Iglesias 'amenaza' a Évole y Pastor con su propuesta de salarios máximos

Domingo Soriano

La formación pide un tope salarial y su líder se inventa en Salvados una ley suiza inexistente. ¿Cómo afectaría a las estrellas de la televisión?

D. Soriano | 2014-11-05

¿Cuánto cobran Ana Pastor y Jordi Évole? A diferencia de los futbolistas o de algunos actores, los salarios de los presentadores de televisión constituyen uno de los secretos mejor guardados de la vida pública española. Según algunas informaciones, los que más cobran son Ana Rosa Quintana y Jesús Vázquez, a los que Telecinco pagaría cerca de 4 millones de euros al año. Del resto no se sabe mucho, aunque viendo el éxito de sus programas y su popularidad, es lógico suponer que tanto a Pastor como a Évole su cadena les remunera con generosidad sus servicios.

Por eso, fue curiosa la (no) reacción que ambos tuvieron cuando, en su última entrevista con Pablo Iglesias, el líder de Podemos les dijo a la cara que aquellos que ganan sueldos parecidos a los suyos eran avariciosos, estúpidos o, directamente, delincuentes. Dos periodistas con fama de agresivos y buenos polemistas miraron hacia otro lado, como si no fuera con ellos.

El primero de estos momentos llegó el pasado 1 de junio, cuando Ana Pastor llevó a su programa al flamante eurodiputado. Mientras hablaban de casta y salarios de los políticos, Iglesias realizó esta sorprendente declaración:

Si yo le digo a mi madre que me han ofrecido un trabajo en el que me van a pagar 8.000 euros al mes, mi madre me dice: ‘Hijo, eso es ilegal. Eso tiene que venir de las drogas o algo raro’. La clase política tienen que ser ciudadanos y para ser ciudadanos tienen que tener un sueldo que les garantice unas condiciones de vida dignas, pero que no les alejen de los ciudadanos.

Algo parecido ocurrió hace unos días, cuando el líder de Podemos se enfrentó al cuestionario de Évole en Salvados en Ecuador. En esta ocasión, el presentador catalán le preguntó directamente por la propuesta, incluida en su programa para las Elecciones Europeas, de imponer un sueldo máximo que se establecería en función del salario mínimo interprofesional. Ésta fue la respuesta de Iglesias:

Es una cosa que hacen los suizos. Creo que son veinte veces como máximo el salario mínimo. No es por joder. Es que para que el país vaya mejor, hay que limitar la desigualdad, que es lo que destruye la economía de los países. Los países más decentes, los que más gustan a todo el mundo, claro que hay desigualdades, pero no tan grandes. Hay que pedirles un poquito de patriotismo [a los ricos]. No es para impedir que usted tenga 18 cuartos de baño, ni 12 coches muy caros, sino para que la economía de todos vaya mejor. Se puede vivir muy bien con veinte salarios mínimos. A los ricos a veces hay que tratarles como a los niños pequeños, con cariño y con dulzura, pero hay que ponerles límites.

En España, el salario mínimo es de 645 euros al mes, por lo que Iglesias parece que propone establecer un salario máximo de 12.900 euros mensuales, algo más de los 8.000 euros que su madre piensa que es cosa de delincuentes. Como apuntamos anteriormente, no hay constancia pública de cuánto cobran al mes o por programa Pastor o Évole, pero viendo los sueldos de otras estrellas televisivas no deben andar muy lejos de las cifras manejadas por el líder de Podemos.

Por ejemplo, en el caso de la presentadora madrileña, cuando dejó TVE, se publicó que cobró 156.000 euros al año de dinero público durante su paso por el ente, más que un eurodiputado de esos que tienen sueldos que escandalizan a Iglesias y a su madre.

En realidad, lo relevante no es cuánto cobran Évole o Pastor; si son 7.900, 8.100, 13.500 o 50.000 euros al mes. La cifra exacta es algo que sólo les compete a ellos y a su empresa. Pero es evidente que están en un sector en el que numerosas personas (quizás también ellos) cobran salarios similares o superiores a los denunciados por Iglesias. Por eso, parece extraño que callasen cuando una persona les decía a la cara que este nivel de remuneración era propio de un delincuente, un antipatriota, un imbécil al que hay que tratar como a un niño pequeño o un avaricioso sin escrúpulos. Y no se quedó en los calificativos, también amenazó a los que tuvieran estos sueldos (algunos ejecutivos, pero también futbolistas, cantantes o estrellas de la televisión) con la confiscación de sus ganancias si llegaba a La Moncloa.

La propuesta

En realidad, esta medida hay que situarla dentro del programa económico de Podemos. Así, la propuesta de un sueldo máximo es la otra cara de la moneda de la renta mínima. Lo que ocurre es que sobre ésta se ha hablado mucho. Se ha debatido si es justo que alguien reciba algo por no hacer nada, si sería financiable, si se aplicaría realmente a todos (incluidos los inmigrantes cualquiera que sea su número) y sobre los incentivos que eso generaría en una sociedad. Sin embargo, sobre el tema de los topes salariales casi no se ha dicho nada.

La idea de fijar un sueldo máximo se ha hecho muy popular en los últimos años en buena parte de la extrema izquierda europea. Los que defienden esta medida aseguran que no es justo que mientras haya personas que pasan severas privaciones materiales, otros se embolsen cientos de millones de euros cada año. Además, como apunta Iglesias nadie necesita para vivir "18 cuartos de baño o 12 coches muy caros". Eso es avaricia, vienen a decir, y es necesario que el Estado la reprima, incluso aunque esto moleste a los ricos (esos "niños pequeños" según el líder de Podemos).

No hay un límite claro que establezca dónde poner el tope. Por ejemplo, en Suiza se votó y se rechazó una propuesta para que en cada empresa el salario más elevado no pudiera ser más de 12 veces superior al más bajo. Podemos, en su programa para las Europeas, llevaba una referencia genérica que pedía el "establecimiento de un salario máximo vinculado proporcionalmente al salario mínimo interprofesional". Luego, ya hemos visto que, a preguntas de Évole, Pablo Iglesias fijó este límite en 20 veces el SMI.

En Francia, Jean-Luc Melenchon, figura cercana a Iglesias, propone limitar la diferencia de salarios en las empresas: el más alto no podría ser 20 veces mayor que el más bajo y, además, se establecería un impuesto del 100% (es decir, la confiscación pura y dura) para los sueldos superiores a los 360.000 euros.

Eso sí, a pesar de lo que dice Iglesias, no hay ningún país occidental con una ley de este tipo. Desde luego, no existe en Suiza, donde sus ciudadanos rechazaron en 2013 la medida en un referéndum (por cierto, también rechazaron el salario mínimo), pero tampoco en ninguna democracia de la UE.

En este sentido, resulta cuanto menos extraño que un político que se presenta ante el público como el paladín de la honradez, de la seriedad en el trato al votante y que presume de sus doctorados, sus másteres y de prepararse de forma concienzuda sus apariciones en televisión, mienta de forma tan descarada ante las cámaras.

Así, además de citar el falso ejemplo suizo, apunta que, en relación al salario máximo y mínimo, en "los países más decentes, los que más gustan a todo el mundo, claro que hay desigualdades, pero menores". De esta forma da a entender que este tipo de medidas están extendidas en otros países.

En realidad, no es así. Ninguna de las economías desarrolladas tiene un salario máximo e, incluso, en países como Suecia, donde en determinados momentos los tipos marginales del IRPF eran tan altos que casi funcionaban como una confiscación para determinados niveles salariales, se han ido reduciendo a lo largo de los años.

Las consecuencias

En cualquier caso, y aunque España sería un caso único en el mundo si se aprobase esta propuesta, puede haber gente que se sienta atraída por la medida y que piense que, efectivamente, nadie "necesita 18 cuartos de baño" y que querer un salario 20 veces por encima del SMI sólo puede deberse a la avaricia.

Pero más allá de las valoraciones morales que cada uno haga de una norma que prohíbe a alguien disfrutar de un salario legítimamente adquirido y que prohíbe a su empresa pagárselo libremente, no estaría de más que aquellos que defienden la propuesta al menos se planteen cuáles serían las consecuencias prácticas de la misma. A bote pronto, surgen al menos cuatro dudas:

- Sin mercado para el talento: si las empresas no pueden discriminar ofreciendo sueldos más altos para puestos de mayor responsabilidad o tareas más complicadas, los profesionales más talentosos se recluirán en los lugares más cómodos, no en los que son más necesarios. Lo explica de forma muy clara Juan Ramón Rallo, en su artículo sobre el referéndum suizo:

"Éste es el problema de fondo de los salarios máximos: se elimina el mercado de trabajadores altamente cualificados. Los accionistas ya no pueden competir por los mejores directivos ofreciéndoles salarios más elevados de los que les ofrece el resto de compañías. De ahí que los mejores directivos no terminen estando al frente de aquellas compañías donde más riqueza pueden generar (o mayor destrucción de riqueza pueden evitar) sino al frente de aquellas otras donde se sientan más a gusto.

Imaginemos dos tipos de empresas: la empresa A es una multinacional con inversiones arriesgadas en medio mundo y donde el puesto de consejero delegado es altamente estresante; la empresa B es una empresa nacional grande con inversiones conservadoras y donde el consejero delegado realiza tareas meramente de representación institucional. A y B no pueden pagar a su consejero delegado más de 12.000 euros mensuales.

¿Dónde creen que escogerían ir los directivos más brillantes? Pues, en general, a la empresa B. La compañía A se vería incapacitada para contratar a los mejores directivos del planeta (pues no podría sobrepujar a la empresa B) y tendría que contentarse con otros con un perfil más mediocre, cuando lo socialmente razonable es que los brillantes se dirigieran a A (donde su responsabilidad es mucho mayor) y los mediocres se quedaran en B (donde apenas tienen que sonreír)".

- Fuga de cerebros: desde hace años es una constante queja entre políticos, periodistas y tertulianos varios. Los jóvenes españoles mejor formados se están marchando al extranjero en busca de mejores oportunidades. ¿Y qué pasaría con los mejores de los mejores: ese 1% de brillantísimos ingenieros, médicos o informáticos, que destacan sobre los demás, si se limitan los salarios máximos?

Quizás el ejemplo más gráfico de las consecuencias podamos encontrarlo en una actividad secundaria para el PIB, pero muy presente en nuestras vidas: el fútbol. Los clubes españoles están entre los mejores del mundo gracias entre otras cosas a que pueden pagar a sus estrellas salarios astronómicos. Si se limitan los sueldos a 13.000 euros al mes, ¿cuánto tardarán Cristiano, Messi o Griezmann en buscar refugio en la liga inglesa o la italiana? Y Koke, Iniesta o Sergio Ramos: ¿seguirían en España o huirían en busca de los millones de euros que les podrían pagar en la Premier?

Pues lo mismo pasaría en los demás sectores de la economía nacional. No sólo eso. Del mismo modo que la segunda división española, la 2ª B e incluso las canteras de los grandes equipos se verían muy perjudicadas por la fuga de las grandes estrellas, en un efecto cascada que acabaría con el fútbol de alto nivel en España, las pymes y los trabajadores corrientes podrían salir muy dañados de una medida (confiscar los salarios altos) que en teoría no les afecta.

- ¿Y quién invierte?: las gracietas sobre los 18 cuartos de baño que los avariciosos ricos supuestamente quieren acumular ocultan una realidad, las grandes empresas se forman también a través de fuertes inversiones. Si se prohíben los salarios altos y, en lógica correspondencia, también los ingresos elevados procedentes de dividendos y otras inversiones, ¿quién va a querer asumir la responsabilidad de dirigir o invertir en esas empresas? ¿Quién va a tener una riqueza personal suficiente para poner en marcha estos proyectos? ¿Quién va a ser capaz de acumular fondos para impulsar una empresa de tamaño medio-grande?

No hay que olvidar que el patrimonio acumulado y los ingresos anuales de los multimillonarios que aparecen en las listas de los más ricos muy pocas veces consiste en dinero contante y sonante. Así, cuando se dice que Amancio Ortega tiene una fortuna de 46.000 millones de euros o que ésta ha crecido en unos cuantos miles de millones en el último año, alguien podría pensar que el empresario gallego tiene una piscina llena de billetes y monedas en la que se baña, como el Tío Gilito. Nada más lejos de la realidad.

En realidad, ésa es la estimación de lo que valdrían sus diferentes inversiones. Como explica perfectamente Juan Ramón Rallo en su comentario sobre el informe de Oxfam sobre la pobreza: "Su patrimonio deriva esencialmente de ser propietario de Inditex. Punto. ¿Serían los españoles más ricos si no existiera Amancio Ortega? No: serían más pobres".

- ¿Y quién paga impuestos?: la última gran pregunta y la que más debería interesar a Pablo Iglesias y a Podemos. Cada vez que se les pregunta como financiarán su programa electoral, lleno de promesas de gasto público que van desde la renta básica a incrementar los subsidios o disparar las partidas de todos los ministerios, los responsables de la formación acuden a los mismos argumentos: todo eso se puede pagar luchando contra el fraude y con un sistema fiscal que grave la riqueza y a las grandes rentas.

De nuevo, más allá de la consideración moral que cada uno tenga, surge una duda muy lógica: si prohíbes los salarios por encima de los 13.000 euros al mes, ¿a quién le vas a cobrar esos enormes impuestos que en teoría van a pagar todos esos servicios públicos que prometes?

Si ya no hay superricos a los que sangrar (puesto que has prohibido que los haya por decreto), ¿quién pagará los impuestos que aseguras que recaudarás? Tampoco hay, por ahora, respuesta a estas cuestiones.