El Gobierno evita responder sobre Bolinaga ante la indignación de las víctimas

Pablo Montesinos

El Gobierno optó por intentar sortear la tormenta política con el silencio. Voces del PP alertan del enfado de las bases.

Pablo Montesinos | 2012-08-31

El Gobierno recuperó una de las estrategias más habituales de Mariano Rajoy en la oposición: el silencio. Formalmente, el Ejecutivo no quiso hacer comentario alguno sobre el salvoconducto al etarra Bolinaga. Se limitó a remitir al Ministerio del Interior, que es lo mismo que proclamar respeto a las resoluciones judiciales sin incluir pero alguno al auto del juez Castro, contrario a todas luces a la opinión de la Fiscalía.

Así, por segundo día consecutivo, la Moncloa intentó rebajar la importancia de la polémica, que se acrecienta toda vez que las víctimas al unísono han mostrado su disconformidad y han roto relaciones con el Gobierno, recordando a la situación vivida con el gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero. De hecho, como entonces, en la excarcelación del secuestrador de Ortega Lara "hay mucho de política", como incluso admiten entre bambalinas cargos del Partido Popular, algunos muy descontentos con el proceder del Ejecutivo en este capítulo.

No hubo preguntas sobre Bolinaga en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, muy marcada por la actualidad económica habida cuenta de que se presentaba una nueva reforma del sistema financiero, pero al término sí se le abordó por el espinoso asunto a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que declinó hacer comentarios. Se derivó a Interior, como también hizo previamente el ministerio de Justicia.

Un portazo a responder al meollo político -fue Jorge Fernández Díaz, al que ahora señalan, quien marcó la senda al hablar de tercer grado para el asesino- que centra ahora toda la atención al inicio del curso político que el presidente del Gobierno protagonizará este sábado en Sotomayor, Pontevedra. Aunque, ya advierten desde Génova, "mucho tendrían que cambiar las cosas" si Rajoy decide incluir alguna referencia sobre ETA -véase corroborando los pilares básicos de su estrategia- a tenor del guión habitual de sus discursos mitineros, exclusivamente económicos.

El PP alerta del enfado de las bases

Hasta al propio PP pilló con el pie cambiado el no hay comentarios gubernamental, ya que esperaba incluir la formalidad del Consejo de Ministros a las palabras de sus dirigentes, que calificaron -en voz de Leopoldo Barreda- de "coherente" la decisión del magistrado. Fuentes de Moncloa se escudaron en que "nadie le preguntó" a la vicepresidenta en el turno de preguntas. Desde Génova se añadió que "hubiera sido bueno un mensaje de reconciliación con las víctimas".

Precisamente, y de forma cada vez más insistente, algunas voces destacadas hablan del riesgo de perder parte de la base electoral más sólida de la formación, y que ve en la firmeza contra ETA un punto irrenunciable. Y, para más alarma, a las puertas de los comicios vascos con unos sondeos que no son positivos. "Si no nos explicamos, ¿cómo van a creer en nosotros? Hoy muchos creen que somos como Zapatero con ETA y tenemos que decirles que no y que tienen que confiar en nosotros", destacó un veterano popular, en conversación informal. Esto es: mejorar la política de comunicación, este viernes nula. Visto el desplante de la AVT al ministro del Interior también tienen trabajo para rato con este colectivo.

'El Gobierno no negocia con ETA'

Lo que, en fuentes, se aseguró desde el Gobierno a este diario es que no hay hoja de ruta porque "no existe" negociación con ETA. "La banda se tiene que disolver y entregar las armas", y el caso de de Bolinaga -según versión oficial- es "puntual" y se debe "al cumplimiento estricto de la ley y no a las emociones que cada cual pueda tener". Nada tiene que ver, según este portavoz de la administración, con la puesta en liberta de Iñaki De Juana Chaos por parte de Zapatero y que sacó a la cúpula del PP a las calles.

Firmeza a micrófono cerrado que parece no contentar las víctimas y, según temen en el propio PP, tampoco a su electorado. De momento, lo que se intenta desde la dirección nacional popular es precisamente evitar que los más críticos de los suyos pongan el grito en el cielo, provocando de esa forma una imagen de división que en pleno mes de agosto provocó la regañina de Moncloa.