Los numeritos de Rivera y la geometría variable

Pedro de Tena

Rivera anunció este lunes que podría apoyarse en votos del PSOE o sumarse a ellos, y quién sabe si a los de alguien más como Podemos e IU.

Pedro de Tena | 2019-01-22

Lo de Albert Rivera está a empezando a parecer una sobredosis de poder antes incluso de obtenerlo en España. Hace años, en 2015, nos preguntábamos si los andaluces íbamos a ser los "primos" de Rivera, un juego de palabras quizá poco adecuado. Pero la pregunta fue correcta y la respuesta fue afirmativa. Los andaluces hemos sido los "primos" de Rivera durante tres años y medio. Ser un primo, en Andalucía cuando menos, es ser un lila, un memo, un ingenuo, un simpaná, alguien que se cree lo que le dice cualquiera porque confía. Y confiamos en Ciudadanos para cambiar Andalucía y Ciudadanos fue cómplice de Susana Díaz y del régimen del 82.

Durante ese tiempo, como el mono de las estampas, ni vieron, ni oyeron, ni dijeron nada sobre todo lo que sustentaron y taparon con sus votos. Lo de las auditorías ni se les ocurrió, oigan. Sobre los ERE, apenas señalaron a los ya señalados Chaves y a Griñán y sobre la formación, donde tienen información, me consta, de primera mano, naranjas de la China. Y, de repente, tras una supuesta visita a un milagroso otorrinolaringólogo político, Juan Marín y Albert Rivera, o viceversa, tuvieron la experiencia de la luz y advirtieron la existencia de un régimen corrupto insoportable al que había que derribar. Vale, pues, dijimos. Todo sea por el cambio.

Pero luego llegó el resultado de las elecciones del 2 de diciembre y se vio que la cosecha de Ciudadanos había sido más que buena dada la pestilencia que desprendían sus hechos cuando Susana era su amiga, pero no suficiente para desplazar al PP andaluz como primera fuerza de la oposición. Nada de sorpasso, ni de Juan Marín for president. Aún así Rivera ordenó sondear por ver si fuese posible que el PSOE renunciase a la presidencia de la Junta, a pesar de ser el partido más votado, y colocar al "manzanillo" al frente de la Junta con algún apaño y si fuese posible, el apoyo del PP. Transcurría el número del "frente constitucionalista".

Tras la caída del primer telón, el creativo inventor de numeritos que España va conociendo, comenzó a hacer su espectáculo de prestidigitación política intentando que los votantes andaluces no vieran el truco del apoyo de Vox al nuevo gobierno tripartito, que es lo que es. Para ello, se simuló que Ciudadanos no se contaminaba con Vox –mientras no le importaba contagiarse de Podemos en la estación de Jerez-, porque no se reunía con ellos a pesar de recibir sus votos. O sea, los votos no contaminan, pero las conversaciones sí. Hasta el gran Houdini se partiría de risa por la bastedad de la fullería.

Pero los numeritos todavía le salen bien al mago. La necesidad perentoria de un PP andaluz con un pésímo buenísimo resultado, al que Pablo Casado y Juan Manuel Moreno se aferraron como desesperados cada uno por sus razones, obligó a los populares a cederlo casi todo, desde la presidencia del Parlamento a carteras esenciales como Economía y Educación o medio Canal Sur y dejar que Juan Marín se convierta de hecho en un presidente bis, como se verá enseguida. Controla casi cuatro carteras de gobierno, una de ellas, miren ustedes lo que son las cosas, la de Administración Local que ha sustraído a la de Administraciones Públicas que dirigirá el puño derecho de Moreno, Elías Bendodo, apenas sin potencia. Sí, por eso. Hay elecciones municipales a la vuelta de la esquina, ¿comprenden?

¿Habrían terminado los numeritos de Rivera antes de empezar a gobernar en serio? No. Ahora se trataba de cubrir la indigencia en currículos que exhibe Ciudadanos en Andalucía y vestir el muñeco con independientes o casi. De ahí, la presencia del prestigioso Rogelio Velasco, del que se esperan grandes reformas anunciadas por él mismo y su equipo de referencia, viejos gestores críticos de la Junta, años antes de ser propuesto por Ciudadanos. Lo mismo podría decirse de las Rocíos del gobierno, casi recién llegadas al partido y a Javier Imbroda. Es natural, porque el equipo de Marín es el clan de la manzanilla y eso apenas valió para Sanlúcar y sólo sabe de balonvolea. ¿Y Luis Salvador, por ejemplo, dónde se ha metido?

Vayamos terminando. Cuando ya parecía que los porteros cerraban las lonas del circo, llegaba Albert Rivera al Parlamento andaluz y le montaba un escrache, a lo fino, no como el de Susana Díaz, al nuevo presidente investido, Juan Manuel Moreno. Elegantemente, le plantó una reunión de media Junta, presidida por él mismo, advirtiendo al PP y haciéndolo evidente para todos, que la Junta no está Junta sino partida por dos, casi aritméticamente, y que arrieros somos. Lo de reírse del nombre de la Consejería de Salud y "Familias", fue innecesario pero es que él es así, señoras y señores.

Pero quedaba un numerito. Porque, ¿qué es una exhibición de poder y chulería sin una amenaza? El mismo día en que se anunciaban los nombres del "gobierno del cambio" – ya veremos si hay "cambiazo" como hace tres años y medio -, Rivera, en los jardines del Hospital Parlamento de las Cinco Llagas, anunciaba su teoría de la geometría variable, nombre que viene, según mi antiguo amigo Raúl Heras, de la II Guerra Mundial y tiene que ver con las alas de los aviones alemanes.

Pero Euclides saltaría de su tumba como una pantera si conociera que la "geometría variable" de Rivera en realidad no es más que las cuentas de la vieja con los numeritos, no con los puntos ni las rectas ni los ángulos. Esto es, que no es más que otro numerito, el último, por ahora. Se refiera el de Barcelona, supongo, con tan enjundiosa expresión a los conjuntos que pueden surgir de las diferentes combinaciones de números de escaños que salieron de las pasadas elecciones andaluzas.

O sea, traduciendo su no geometría, ni variable, se refiere a numeritos. Albert Rivera anunció este lunes que podría apoyarse en votos del PSOE o sumarse a ellos, y quién sabe si a los de alguien más como Podemos e IU, para impedir la aprobación parlamentaria de propuestas incomodantes de Vox o del PP, por ejemplo, en temas como la ideología de género, las familias, Canal Sur y demás, administración paralela incluida y quien sabe que más.

Ojo, Juanma, que el otro Juanma, -rín en su caso, con la Ri- de Rivera, te acaba de advertir que los idus de marzo también son variables y pueden ocurrir en cualquier mes del año, incluso desde enero.