El fin de Europa

Enrique Navarro

Más de veinte regiones con derechos históricos que dejarían en pañales a los catalanes aspiran a un referéndum de autodeterminación

Enrique Navarro | 2017-10-02

El primero de octubre de 2017 no sólo hemos asistido a la incapacidad del gobierno de España de detener una acción política sediciosa, hemos dado un paso que las generaciones venideras marcarán en los libros de Historia. –A ver Jaimito ¿Cuando comenzó la desaparición de Europa?, el primero de octubre de 2017, señorita.

Sólo había tres opciones, detenerla a tiempo; no hacer nada o hacer que pareciera que algo se había hecho sin hacer nada. Habiendo optado por esta última hemos conseguido el peor de los escenarios, dar apariencia de legitimidad a lo que es un chiste de Chiquito de la Calzada "¿saben ustedes aquel que organizó una consulta por la gloria de mi madre?".

Pero no nos engañemos, España en su composición nacida de la Reconquista ya ha comenzado a morir. Puede empezar la semana que viene o en un año y de ahí al continuo goteo de quiebra de la existencia nacional todo será un torrente imparable. Y todo esto va a acontecer no por obra de la osadía de Puigdemont; ni porque haya conseguido movilizar más gente que a la mayoría antisecesionista; sino por obra y gracia y liderazgo de Mariano Rajoy. Bajo la apariencia de una negociación, aplaudida por todos incluyendo a Rivera, veremos, antes de lo que creen, a los catalanes votando en un referéndum legítimo por la independencia. No se lo han ganado, se lo vamos a regalar.

Pero la que se nos viene es mucho peor. Europa agoniza. Europa pasó del feudalismo a los grandes imperios sin solución de continuidad. Los movimientos nacionalistas contra las grandes dinastías que dominaron Europa durante siglos dieron pie a la división que nació básicamente después de la Primera Guerra Mundial, que con pequeñas modificaciones ha llegado hasta nuestros días.

Pero una Cataluña independiente con el respaldo del gobierno español, abrirá de forma inexorable el melón de la fragmentación europea. Es el final de las soberanías nacionales sustituidas por las regionales, vecinales o de comunidades de vecinos. Es decir, vamos a liquidar las naciones y a sus macrogobiernos, y de paso nos vamos a llevar por delante el Euro y la Unión Europea.

Más de veinte regiones con derechos históricos que dejarían en pañales a los catalanes aspiran a un referéndum de autodeterminación. Si Cataluña abre esta vía en menos de cinco años podemos tener en Europa más de cincuenta países, o quizás setenta.

Estas pequeñas mini-repúblicas no podrán sobrevivir en un entorno de libre comercio y de moneda única y liquidarán a la Unión Europea y al Euro. Estaremos inmersos en esta manía idiomática del dialecto y veremos a nuestros jóvenes hablando lenguas minúsculas e ineficientes mientras que los norteamericanos y asiáticos nos barren de mapa. Vamos a ser la Europa de los paletos de forma irremediable.

Yo sé que a algunos este escenario les parecerá idílico, pero no se engañen. Es el fin de los estados nación sustituidos por los municipios o barriadas nación. Y cada uno de ellos tendrá su propio ejército y sus propios intereses estratégicos. Y entonces veremos una guerra entre Cataluña y Occitania por Perpignan, o entre Flandes y Valonia por Amberes o entre Escocia e Ingletarra por unos pastos de ovejas. Europa va a terminar con el periodo moderno que empezó con el Renacimiento y los descubrimientos, y volveremos a la Edad Media. Una Europa regional donde los radicalismos se impondrán y los conflictos se sucederán. Y todos esos pequeños estados manejados por europeos incompetentes acabarán dentro de unas cuantas décadas formando el califato de Córdoba o de Sarajevo. Porque con el fin de Europa nacerá una nueva Europa, inmersa en guerras, incapaz de dar respuesta a los problemas reales de los ciudadanos que cuando quieran darse cuenta verán que todo aquello que le prometieron que iba a traer su independencia era falso.

Para entonces sólo nos quedará el Islam para terminar de convertir a Europa en algo irrelevante. No sólo asistimos al fin de España, es el fin de la Edad Contemporánea. No sabemos con seguridad como será este nuevo mundo; pero con el melón catalán ha llegado la hora del hundimiento. Adiós a Leonardo y Miguel Angel, a Voltaire y Goethe a Cervantes y Rembrandt, bienvenido a la Europa feudal de Puigdemont, Urkullu etc etc. Y cuando seamos tan débiles y pequeños vendrá el zarpazo yihadista y ya no seremos nada. De Cataluñistán a Europistán hay un camino que hoy ya es mucho más corto, gracias a ese personaje que los libros de historia recordarán junto a Godoy, el duque de Lerma o Francisco de Asís, un listo inútil más en nuestra historia, Mariano Rajoy. Hoy hemos matado a Europa, sálvese quien pueda.