El silencio de Castro II

Zoé Valdés

Un sospechoso silencio se ha cernido alrededor de la figura de Raúl Castro. Nadie lo menciona, pero él tampoco agrega nada desde la muerte de su Hermanazo.

2017-02-22

Un sospechoso silencio se ha cernido alrededor de la figura de Raúl Castro. Nadie lo menciona, pero él tampoco agrega nada desde la muerte de su Hermanazo. Y si él no añade nada, pues nadie más podrá hablar. Y acerca de él mucho menos. Tampoco nadie reprocha ese silencio. Como si nadie echara en falta su desagradable voz entre gangosa y fañosa.

Lejos estamos de aquellas frases elogiosas de los escritores títeres del raulismo light, como aquella tan tratacatana de Wendy Guerra en la revista París-Match –en un reportaje de Laurence Debray, la hija de Régis Debray, que lo mismo escribe sobre el rey Juan Carlos que sobre la hijaza Mariela Castro– creyendo que nadie en Cuba o en Miami iría a leerla: "Raul a remis l’île au centre du monde, assure la romancière Wendy Guerra. Il n’y a plus de marche arrière possible. Le plus dur est derrière nous". "Raúl ha vuelto a poner a la isla en el centro del mundo, asegura la novelista Wendy Guerra. No hay ninguna posibilidad de una marcha atrás. Lo más duro está detrás de nosotros".

Pues bien, se equivocó la señora Guerra con ese olfato de analista política tan extraordinario que al parecer piensa ella poseer: no era precisamente Castro II el que ponía a la isla en el centro del mundo, y la marcha atrás sigue en su trayecto inquebrantable e indetenible hacia el más hondo de los abismos, eso sí toda glamour, boutique Guerlain incluida, con la acostumbrada "valentía contestataria" de los diminutos sombreritos de Guerra que invita, al que la quiera comprar, a creer en el renovado cuento verdeolivo, como se ha creído ella misma de sí misma eso de que para ser escritora hay que llevar ridículos sombreritos enanos encajados en la cabeza. Pero hasta para llevar sombrero hay que tener, más que cabeza, cerebro. Pero echemos a un lado a esta señora, la pequeña eterna, con sus baboserías raulistas.

El asunto es que dentro de unos meses entraremos en el 2018, y no olvidemos que ese será el año en el que Castro II prometió que cedería el poder al vicepresidente, su efebo, Miguel Díaz-Canel. Aunque de eso tampoco se habla, y en todos estos años en que Díaz-Canel lució como vicepresidente en verdad no ha pasado de ser eso: un lucimiento de cara a la galería, y de ninguna manera un verdadero ejercicio de su cargo.

Lo que sí se ha extendido cada vez más entre la población cubana es que Raúl Castro está cada día más convencido de que será su hijo el único heredero, en lo que sería otra sucesión dinástica castro-comunista, y que por lo tanto ya se olvidó de Díaz-Canel y de su encanto tropical. Sí, me refiero su hijo, a Alejandro Castro Espín, aquí tienen su primera entrevista.

También se rumora que otra posible heredera de otro cargo importante sería Mariela Castro, la única mujer del castrismo, en la sombra tras la muerte de su madre, hasta que la bloguera Yoani Sánchez la dio a conocer mundialmente haciéndole unas preguntas en público. Preguntas que fueron debidamente filmadas y transmitidas al mundo entero a través de You Tube, haciéndole por supuesto un bien enorme a la Hijaza, y por supuesto a ella misma, Yoani Sánchez. Quien desde hace algún tiempo se ha alejado del protagonismo que antes la asistía y según ella la protegía para escoger con pinzas sus apariciones e intervenciones públicas. También muy atrás quedaron aquellas aventuras que la convirtieron por obra y gracia de Google en "la mujer más valiente de Cuba", según palabras de otro bloguero de aquel grupo del que se esperaba liberaría a Cuba de décadas de tiranía.

Otro nombre se baraja en la sucesión hacia el abismo, siempre hacia el abismo, y es el nieto de Castro II, el supernieto, cuyo nombre es Raúl Guillermo Rodríguez Castro, pero al que la gran mayoría conoce como el Cangrejo, o Arnol-Mal, quien se hizo célebre durante la visita de su abuelo a París invitado por el presidente socialista francés, en el Palacio del Elysée. En el momento en que entraba al palacio, sin despegarse un segundo del vejete, tuvo que ser prácticamente empujado hacia atrás por el presidente François Hollande, obligándolo a que retomara su puesto de nieto guardaespaldas.

De manera que de ese silencio de Castro II sólo han trascendido estas noticias que les reproduzco hoy. Juzguen ustedes el panorama que nuevamente se presenta a los cubanos, quienes pienso muy a mi pesar continuarán soportando carnerilmente la maldición de esta familia y la estupidez de sus bufones, esos escribanos adocenados que Gabo y Carmen Balcells ubicaron a nivel internacional con la intención de aplastar y silenciar a los verdaderos escritores del exilio.