Aquel día que entrevisté a la hermana de John Lennon

Manuel Román

El 8 de diciembre de 1980 John Lennon fue asesinado cuando salía de su lujoso apartamento de Nueva York.

Manuel Román | 2016-12-08

Eran cerca de las once de la noche, hora de Nueva York (las cinco de la tarde en España) del 8 de diciembre de 1980. Un muchacho veinteañero, algo metido en carnes se acercó a John Lennon, que se disponía a penetrar en el edificio Dakota, donde vivía. Y por la espalda disparó cuatro veces contra el compositor británico, al que llevaron urgentemente a un hospital cercano, donde moriría apenas veinte minutos después. Hacía pocas horas que en el mismo lugar, cuando salía camino de su estudio de grabación, John Lennon había satisfecho la petición de aquel mismo joven que luego lo asesinó, dedicándole su autógrafo sobre la portada del que iba a ser su último disco, el álbum Double fantasy; por cierto, no bien recibido por la crítica norteamericana.

De esta manera brutal, a manos de un maníaco admirador con evidentes rasgos esquizofrénicos, llamado Mark David Chapman, desaparecía a los cuarenta años de edad uno de los más grandes talentos de la música pop, brillante compositor y cantante fundador de Los Beatles, y luego cantautor solista que entre otras joyas nos dejó una de las canciones más hermosas del último cuarto del siglo XX, "Imagine". Nadie pudo comprender qué llevó al susodicho Chapman a quitarle la vida precisamente a su genio de la música favorito. Fue condenado a cadena perpetua.

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Julia, hermana de John Lennon

Ocho años después de aquel triste suceso tuve la oportunidad de entrevistar en Madrid a Julia, hermana del músico asesinado. Durante más de una hora conversé a solas con quien era físicamente muy parecida a John. Su estancia entre nosotros obedecía a la presentación de un libro que había escrito sobre su famoso hermano, donde contaba cómo su madre, Julia Stanley, había contraído matrimonio con un extravagante ciudadano inglés, Alf Lennon, quienes inmediatamente después de celebrar sus desposorios, de carácter civil, se fueron cada uno por su lado a sus respectivas casas. No tenían hogar propio. Tres días después de la insólita boda, el señor Lennon se embarcó en un carguero, rumbo a las Indias Occidentales. Tras una travesía de tres meses regresó para convivir con su mujer, aunque sin permanecer mucho tiempo en aquel desquiciado y modesto hogar. Ni siquiera estuvo presente el día que nació el hijo de la pareja, el futuro gran músico, John Lennon, el 9 de abril de 1940, quien a los dos años de nacer fue confiado a su tía Mimí, una segunda madre para él. Julia Stanley, se separó de su marido y tuvo otras relaciones sentimentales. De su posterior convivencia con un camarero, la madre de John Lennon tuvo dos niñas, una de ellas esta Julia, a quien yo entrevisté, nacida en 1947.

En Liverpool, Julia, veía muy a menudo a John. "Nunca pretendí vivir a la sombra de él –seguía relatándome Julia Bird, apellido tomado de su marido escocés-. Sólo recientemente, encontrándome en Nueva York, quise ver a una cantante que me interesaba pero hallé dificultades para encontrar unas localidades; fue cuando invoqué en la taquilla que yo era hermana de John Lennon,y en seguida me las facilitaron. La única vez en mi vida que hice algo así". Me contó. "Me pregunta usted las razones de haber publicado un libro sobre él. Mire, en 1985 la BBC le dedicó un programa, anunciado a bombo y platillo y me enfadé porque la imagen que se daba sobre nuestra madre era irreconocible. Pero es que se han editado otras obras, como la de Albert Goldman, que ya había escrito otras sobre Lenny Bruce y Elvis Presley, cuya lectura abandoné apenas leídas las primeras páginas. No he pretendido hacer un psicoanálisis sobre John, sino situarlo en su verdadero ámbito familiar. Todo el mundo sabe que se drogaba, que bebía, que se pegaba con la gente. Mas mi intención no ha sido la de contar lo más feo de su vida".

Le pregunté si creía que John era frágil, débil de carácter. "Algo de eso, sí, tenía mi hermano, pues no olvidemos que su infancia y adolescencia transcurrió entre mujeres, nuestras tías, sobre todo Mimí. Entonces, John tenía cierto componente femenino en su manera de ser. Entiéndase bien lo que quiero decir con eso. Y cambió mucho al conocer a Yoko Ono, que era mujer fuerte, adecuada para sacarle cosas que tenía escondidas dentro de sí hacía mucho tiempo. Al encontrarla, John se dejó llevar por ella. Se fue con Yoko porque quiso. Estaban muy enamorados. No la conocí personalmente pero era quien cogía el teléfono cuando yo llamaba a mi hermano desde Inglaterra. Y Yoko no me pasaba con John. Claro que cuando él quería ponerse en contacto conmigo, lo hacía. Por ejemplo, la última vez que hablamos lo encontré muy ilusionado. Había comenzado a pintar de nuevo, como en sus años jóvenes. Y trataba de escribir un libro muy en serio. Era muy hábil escribiendo, jugando con las palabras, lo que había demostrado ya con dos libros publicados. Tenía muchas cosas todavía por decir…".

Me interesé por un tema harto debatido, acerca de la separación de Los Beatles. Julia Baird reflejaba en su libro que los cuatro componentes del famoso grupo estaban hartos sobre todo del acoso continuo de sus admiradoras: "Uno de los problemas que tuvieron fue con su casa discográfica, Apple Records. También se había deteriorado bastante su amistad con Paul McCartney. Asimismo, en el último concierto que ofrecieron en San Francisco pasaron mucho miedo y tuvieron que sacarlos del escenario a bordo de un helicóptero, pues una masa de jóvenes entusiastas los tenían acorralados. Ocurrió desde luego que cada uno fue buscándose la vida cada uno por su lado, ya que tenían suficiente talento individual. Lo que se demostró, por ejemplo, cuando Paul formó otro grupo, Los Wings, que era maravilloso. A McCartney le pedí precisamente que me escribiera el prólogo para mi libro y aceptó enseguida enviarme su manuscrito. Un hombre que no fuma, no bebe, es vegetariano, quiere vivir sanamente y en los negocios le ha ido muy bien pues controla un gran imperio comercial".

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Me contó también la hermana de Lennonque la canción suya que más le emocionaba era "Julia" dedicada a su madre. Conservaba de él una de sus primeras guitarras. Cuando fue asesinado, a Julia le costaba volver a escuchar sus discos, que los tenía ya rayados, de tanto usarlos: "Las casas de discos, afortunadamente, me han repuesto esas grabaciones".

Para poner punto final a aquella entrevista le pedí a Julia que me indicara el mensaje que podía extraerse de las letras de las canciones de John que aún interesara a los jóvenes. Y esto es lo que me respondió: "Su mensaje de paz, aunque no sea el único que hacía campañas para pregonarla, pues no he de olvidarme de Gandhi o de Luther King. Quizás siga estando vigente durante mucho tiempo el lema que propugnó John de que todos necesitamos el amor y que hay que seguir dando una oportunidad a la paz".

Julia Baird ejercía de profesora de inglés y francés. Me causó una grata impresión conocerla. A punto de despedirnos, agregó: "John fue un poco filósofo, un gran soñador que para mí sigue estando vivo. No me hago a la idea de que lo hayan matado. Creo que está cerca de nosotros, que volverá, aunque se haya marchado lejos para un largo viaje".