Fidel Castro: ¿cielo o infierno?

Fray Josepho y Monsieur de Sans-Foy

Fray Josepho y Monsieur de Sans-Foy han recibido sendos mensajes del Más Allá: ambos con el mismo remitente, pero de procedencias opuestas.

Fray Josepho y Monsieur de Sans-Foy | 2016-12-02

Fray Josepho y Monsieur de Sans-Foy, como es sabido, tienen acceso a revelaciones supraterrenales. No se sorprendan: los poetas (especialmente los poetas aficionados al morapio) siempre han tenido algo de médium... Incluso, de cuarto y mitad.

En esta ocasión, sus percepciones extrasensoriales les han hecho recibir sendos mensajes del Más Allá: ambos con el mismo remitente, pero de procedencias opuestas.

¿Cuál de los dos es el mensaje auténtico? Lean y opinen.

FIDEL, DESDE EL CIELO
por Monsieur de Sans-Foy

Si ayer mimmo me lo cuentan,
yo, compais, no me lo creo.
Ya tenía mis barruntos
de que había un Padre Eterno...
(Porque he sido comunista,
pero, como buen gallego,
tuve ciertas intuiciones
que guardé pa mis adentros).

Lo que a ustedes les sorprende
y hasta a mí me deja muerto
¡es que el menda, Fidel Castro,
les platique desde el Cielo!
Y es que he sido, no ya malo
ni peor... Tampoco pésimo.

Lo que he sido yo en el mundo,
no lo se lo he contado al médico
ni a Juan Pablo ni a Francisco
ni al mismísimo San Pedro.
Lo que he sido tiene nombres
tan cochinos y tan puercos
que no pueden pronunciarse
tras la bóveda del Cielo.

He matado a mucha gente,
me he quedado su dinero,
he tenido en la miseria
cinco décadas al Pueblo,
y he sembrado en mis paisanos
un desánimo tan denso
que han perdido hasta las ganas
de acordarse de mis muertos.

¡Allí veo a los cubanos
exiliados en el Cielo!
Voy derecho a saludarles
y a mostrarles mis respetos:
¡Compatriotas, sin rencores!
¡Sin inquina, compañeros!
¿Dónde vais con esas pintas?
Parecéis ropavejeros...
¿Dónde vais con esos trapos
y esos tristes muebles viejos?

–Hasta nunca, Comandante...
Nos marchamos al Infierno,
que estaremos como en vida...
¡pero sin tener que verlo!

CASTRO, DESDE EL INFIERNO
por Fray Josepho

Yo me encumbré triunfante en el gobierno,
tras derrocar a tiros a Batista.
Yo fusilé sin dudas al fascista,
y al altanero gringo mandé al cuerno.

Yo fui líder invicto, casi eterno.
Yo fui, como Dios manda, comunista…
¡Y tras morir, me ponen en la lista
de los que tienen plaza en el infierno!

Qué abuso. Qué demérito. Qué afrenta.
Se me condena así, sin miramientos.
Sin vuelta atrás. Sin quejas. Sin recursos.

Y el fascistón del Diablo me comenta
que sufriré el peor de los tormentos:
¡oír eternamente mis discursos!