Iglesias ya tiene su comandante

Cristina Losada

Podemos confirma que su modelo es el de los espadones americanos.

Cristina Losada | 2015-11-05

Ha hecho bien Podemos en fichar al general Julio Rodríguez. Ha transmitido con claridad dónde están sus coordenadas. No se hallan aquí, en Europa, y menos en España, donde la presencia de uniformados en política suele reavivar malos recuerdos, sino en el continente sudamericano, y más en concreto en la peculiar mezcla de militarismo, nacionalismo y socialismo que allí fraguó.

Muchos ven en el fichaje de Rodríguez un fantástico golpe publicitario, una insuperable treta de marketing político y hasta una competición con el PSOE, que fichó antes a la excomandante Zaida Cantera, víctima del acoso sexual de un superior. Lo que son las coincidencias: el acoso a Cantera se produjo en la época en que Rodríguez era el Jemad y Carme Chacón, ministra de Defensa. Chacón lamentó posteriormente no haberse enterado del caso en su momento.

Y no diré yo que no sea un golpe si se trata de que todo el mundo mediático hable de ello y los columnistas llenemos el folio con el asunto –yo misma lo estoy haciendo, muy agradecida–. Sí, en ese marcador de la competición política que sube y baja en función de factores tan notables como el share de las apariciones en la tele, quién ha hecho mejor el payaso en tal o cual programa o cuanta expectación despierta una rueda de prensa, hay que reconocer que Iglesias Turrión se ha apuntado un tanto.

Cosa distinta es que el fichaje de un señor general de cuatro estrellas vaya a encandilar a la base sociológica de Podemos, que se parece mucho a la de la extrema izquierda de toda la vida. Y la izquierda, no digamos la extrema, es en España desde hace décadas tercamente antimilitarista. Cuarenta años de dictadura del general Franco tienen algo que ver con ese sentimiento. No le diga usted a un izquierdista de pro que el ejército español es el ejército profesional y moderno de un país democrático. Seguirá viendo –y reviviendo– el fantasma.

Tendríamos que remontarnos a la historia española del XIX para contrarrestar esa imagen del ejército que dejó en herencia la dictadura con la de un ejército liberal y, todo hay que decirlo, dado al pronunciamiento, esto es, al golpe. Hasta hubo una intentona, la sublevación de Jaca de los capitanes Galán y García Hernández, para proclamar la república en diciembre de 1930. ¿Pero quién quiere clases de historia? Para el común izquierdista español el ejército figura en la lista de los sospechosos habituales, y hemos de suponer que Iglesias y los suyos lo saben. ¿Entonces?

Entonces, hay que dejar de mirar a Podemos con las anteojeras de la cultura política española y europea. A pesar de alguna que otra proclamación de fe socialdemócrata, sus dirigentes mantienen el empeño en aplicar aquí el marco político latinoamericano. No en vano crecieron políticamente a la vera del comandante Hugo Chávez, siempre tocado con su boina roja de paracaidista, figura emblemática del militar revolucionario y nacionalista.

Los intentos de Podemos por trasplantar a España el discurso nacionalista de los caudillos populistas de Sudamérica no han cuajado. No se sabe qué quieren decir cuando hablan de patria, como no se entiende que quieran defender la soberanía nacional frente a Bruselas o Berlín, pero no frente al separatismo. Son contradicciones inevitables cuando se bascula entre dos marcos políticos distintos. Y el resultado de las oscilaciones es la confusión. Sí, Iglesias ya tiene su general para ponerle cuerpo a esa patria difusa y confusa que mienta, pero sospecho que no conseguirá por ello más votos de los que va a perder.