Grecia no está lejos: Podemos está cerca

Federico Jiménez Losantos

No tardarán los alcaldes de Madrid, Barcelona, Valencia o Cádiz en proclamar que ellos "también son griegos". Y Aristóteles no serán, pero Tsipras podrían serlo todos.

Federico Jiménez Losantos | 2015-06-28

Se veía venir pero no llegar. La crisis financiera de Grecia, directamente provocada por el gobierno comunista de Syriza al anunciar que someterá a referéndum las condiciones del acuerdo con la UE, en el que pedirá el "No", plantea sólo una pregunta: ¿por qué no se ha roto antes con los manirrotos? Todos los países, no sólo los bancos de Alemania, Holanda y Francia, han comprado deuda griega, forma de mitigar la imprudencia bancaria y de asumirla como política de Estado. Zapatero, al que Rajoy llamaba "bobo solemne" antes de imitarlo, presumía en su último año del gran negocio que había supuesto comprar deuda helena. Enorme: 27.000 millones de euros. ¿Cuándo volveremos a verlos? Como dijo Stalin cuando el oro del Banco de España, entregado a escondidas por Negrín, con la activa complicidad de Prieto y ante la estólida inacción de Azaña, llegó a Odessa: "Antes se verán los españoles las orejas que su oro". Y así fue.

(Para más detalles sobre la "legalidad republicana" que tanto jalean los progres, léase el extraordinario libro del anarquista Olaya Morales, fruto de décadas de minucioso estudio y al que invite hace bastantes años a un curso en El Escorial: El saqueo de la República (Huerga y Fierro ed.).

Los culpables de todo siempre son otros

Como bien señalaba anteayer Jesús Cacho –y hemos demostrado hasta la saciedad en Libre Mercado- se ha gastado mucho más dinero manteniendo artificialmente a Grecia dentro del euro de lo que hubiera costado su salida de él hace años. La rigidez de las condiciones para estar en la moneda común obligaba a una seriedad administrativa que no todos los países podían asumir. En el caso de Grecia, la incapacidad se convirtió en bandera de orgullo: no pagar el dinero prestado ha sido el único argumento electoral de los comunistas de Syriza para llegar al Poder. Agradezcamos que esa apelación a la voluntad popular en un referéndum haya propiciado el final de ese malentendido según el cual si los griegos de Karamanlis o Papandreu decían que iban a pagar seguían cobrando aunque no pagaran. Los de Tsipras dicen que no pagan y que los que quieren cobrar son nazis. Ahorrémosles la pesadilla del III Reich. Sin Merkel vivirán mucho mejor.

Pero, al final, Alemania será culpable, como los USA en Europa. Si daban dinero a Europa en el Plan Marshall, era sólo para vendernos sus feas mercancías. ¿No daban? Querían comprar baratas nuestras materias primas. Si daban, mal; si no daban, fatal. Echándoles a los gringos la culpa de todos sus males, corrupción incluida, se ganan las elecciones en las repúblicas de Iberoamérica hace más de cincuenta años. A los USA y a España; porque como diría Monedero en la televisión de los Kirchner, Franco convenció a Perón para apoyar a Hitler y a Evita para apoyarle a él, que era lo mismo. Perón era el agregado militar de la embajada argentina en la Italia de Mussolini, cuyo régimen y cuya política internacional –antisemitismo incluido- copió para su Movimiento Justicialista. "¿Y qué? ¿Pretende el imperialismo yanqui violar la voluntad popular argentina?" No, hombre. Llevan tres corralitos peronistas en tres décadas y los siguen votando. Allá ellos, Pero que no le echen la culpa a George Washington.

En México dicen: "¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!". Como que tras robar los territorios que fueron de la Corona de España, malísima también, impusieron al sur del Río Grande la mordida, el PRI y la persecución masónica de los católicos. Pronto van a celebrarse los doscientos años de la independencia de una docena larga de repúblicas hispanoamericanas. Ya verán como España tiene la culpa de lo que les ha pasado: desde la guerra del Chaco a la masacre de indígenas en la Patagonia. Como dice el cuento de Carlos Fuentes: "La culpa fue de los tlaxcaltecas". Por ayudar a Cortés a derrotar a los aztecas, caníbales de la casa. El malinchismo es el leninismo, vía consorte, del populismo americano. Su credo es sencillísimo: la culpa siempre es ajena; o de los de dentro que prefirieron lo de fuera.

Populismo e irresponsabilidad

En Europa, los nuevos movimientos comunistas se basan en culpar al capitalismo de todos sus males. Pero los capitalistas alemanes lograron el famoso "milagro alemán" con el liberal Erhard y los comunistas alemanes sólo lograron el récord mundial de chivatos: de 17 millones, 5 de la Stasi. ¿Y eso no prueba que la clave de la prosperidad está en las instituciones y no en la geografía, la raza, la nacionalidad o la procedencia? Por supuesto. Pero no se ganan popularidad y elecciones apelando a la responsabilidad.

En España, el lento triunfo del separatismo y el rápido del comunismo podemita son dos versiones del triunfo de la irresponsabilidad. De ellos y de los que, en vez de asumir la responsabilidad del Gobierno, que empieza por respetar las leyes y la independencia de los jueces, controlar el gasto y explicarlo a los ciudadanos, se escudan en la herencia recibida o en la falta de herencia.

Pero siempre hay una herencia. Nadie nace de la nada, y los países, menos; y los Estados, nunca. Ahora bien, contra esa herencia, que siempre supone una deuda, moral o material –en el caso de España, muy honrosa, aunque difícil de asumir- se alzan hoy tres formas de política sinpa, o sea, de insolvencia económica e irresponsabilidad moral: la de los regeneracionistas que parecen presumir de que el único error no cometido en el pasado es que ellos hayan nacido; la del juvenilismo, que pretende que el carné legitima la capacidad política; y la del adanismo de partido que, fruto de la ignorancia o de la fatuidad, parece sugerir que en España nadie se ha planteado problemas morales y nadie ha intentado resolverlos hasta ahora, hasta que ellos han dejado el biberón; que, en el fondo, no dejan nunca. Hay jubilados que son bebés toda la vida. Y hay bebés que aspiran a jubilarse con chupete, al que, por disimular, llaman Estado.

Carmena, Colau y El Kichi también son griegos

No tardará la harka podemita en salir en defensa de Grecia. Ni en proponer como modelo de orgullo patriótico -antiespañol, claro, que es como entiende el patriotismo Pablo Iglesias- el desafío de Grecia a la UE, al euro, al capitalismo y a todo lo que, en el fondo, supone responsabilidad en el manejo del dinero público, sea propio o prestado. No tardarán los alcaldes de Madrid, Barcelona, Valencia o Cádiz en proclamar que ellos "también son griegos". Y Aristóteles no serán, pero Tsipras, podrían serlo todos. La Carmena, la Colau, el Kichi y compañía podrían ser de Syriza. En rigor, lo son. Que no nos cieguen las diferencias: Grecia no está lejos de España, porque Podemos está cerca. Tanto, que ya está dentro de las instituciones democráticas, para derrocarlas. Ya ha tocado Poder. Y aspira a quedárselo.