Malos tiempos para la lírica

José Luis Roldán

Aquí, ahora, como en la Alemania de preguerra que cantó Bertolt Brecht, son malos tiempos para la lírica.

José Luis Roldán | 2014-05-06

La semana pasada estuvo en el Parlamento el consejero que se escapó de la botella de Anís del Mono –eso sí, ya rasurado–. Pensábamos –pensaban los ingenuos, que todavía los hay– que iba a dar explicaciones sobre el inconmensurable fraude de los fondos de formación para el empleo y hacer, sin excesos, un poco de autocrítica. Sin embargo, llegó, soltó cuatro perogrulladas perfumadas con tono solemne, después cuatro mentiras adobadas, culpó al PP y a los ayuntamientos del fraude y luego, como el valentón del soneto cervantino, miró al soslayo, fuese y no hubo nada. Bueno nada, nada, no. Consiguió cabrear, aparentemente, a los corruptos virginales de IU, que sólo lo son –corruptos– por matrimonio de la mano izquierda unida, o sea, corruptos morganáticos, por afinidad, y que terminaron acusándolo de falta de diligencia y exigiéndole menos palabrería y más celeridad.

La oposición, que se resistía a aceptar el cervantino mutis y dar por zanjada la comparecencia, le reiteró la petición de una comisión de investigación, y eso fue nefasto para su estrategia e intereses, peor que haberle pedido dinero a Fagin, el avaro personaje de Dickens. Porque le pusieron en bandeja la ocasión, que supo aprovechar, y les contó un cuento. Les leyó El Principito. Era de esperar, siendo maestro de escuela. Bueno, eso dice él, porque, a juzgar por lo adornado de su currículum oficial, más parece ingeniero que maestro. Entiende de todo, como los ingenieros; de ferrocarriles, de patrimonio histórico, de parques naturales, de sanidad, de urbanismo, de deportes, de cultura... Un sabio polifacético, un nuevo Leonardo o, por lo menos, un nuevo Fígaro, sono il factotum della Juntá... la ra la la la ra…

Así que el monosabio de Susana les soltó a los del PP: ¿que queréis una comisión? No sabéis que es una locura odiar a todas las rosas porque una te pinchó. Renunciar a todos tus sueños sólo porque uno de ellos no se cumplió. Y eso fue lo más importante y revelador que dijo. Se abismó en la lírica. El Canalsur lo dio a la hora de la siesta y el personal, acariciado por el idílico arrullo, se durmió. Ahí siguen.

Lo que ocurre, sin embargo, es que aquí, ahora, como en la Alemania de preguerra que cantó Bertolt Brecht, son malos tiempos para la lírica. Y, como él, algunos podríamos afirmar que en nuestra razón –y en nuestro corazón– combaten el entusiasmo por el manzano en flor y el horror que provoca la podredumbre de un régimen liberticida y cleptocrático. Y, como a él, sólo esto último nos impulsa a escribir.

Lo siento, consejero, no podemos, como tú, dejar nuestra conciencia olvidada entre las azucenas y las rosas; son éstos malos tiempos para la lírica.