El Gran Oriente Medio, cárcel y cementerio de periodistas

Pablo Molina

El país de Bashar al Asad es, sí, y de lejos, el más peligroso para ejercer el periodismo.

Pablo Molina | 2013-12-27

Setenta y un periodistas asesinados y 178 encarcelados en todo el mundo es el siniestro balance que arroja el año 2013, según el informe anual sobre libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras. Los datos suponen una reducción del 20% respecto a 2012 en el número de periodistas que perdieron la vida en el ejercicio de su profesión, pero los secuestros y encarcelamientos han aumentado casi un 130%. Asia y Oriente Medio, con 24 y 23 periodistas asesinados, son las regiones más peligrosas para el ejercicio del periodismo. En este negro punto destaca el caso de Siria, con 20 víctimas mortales como consecuencia de la guerra que allí se libra desde comienzos de 2011.

El país de Bashar al Asad es, sí, y de lejos, el más peligroso para ejercer el periodismo. Cuarenta periodistas han sido encarcelados allí este año por ejercer su profesión. A este acoso gubernamental contra la prensa se han sumado, de manera especialmente cruenta, los grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda que forman parte del bando rebelde, para los cuales un periodista que informe de sus atrocidades es sospechoso de ser un agente enemigo o un infiel. Este año se han disparado los ataques contra los profesionales de la información y los ciudadanos que, de forma voluntaria, se dedican a contar al resto del mundo las peripecias de la guerra. Nada menos que 35 "periodistas ciudadanos" –así los califica RSF– perdieron la vida en 2013, asesinados por uno u otro bando.

En Somalia, los terroristas islamistas de Al Shahab han asesinado a siete periodistas, once menos que en 2012, año que marcó un punto de inflexión en la furia de la milicia islamista contra los medios independientes. Al Sahab lleva a cabo asesinatos selectivos, como el perpetrado en marzo contra una joven productora de radio, que fue ejecutada en las calles de Mogadiscio al objeto de sembrar el terror entre la profesión en un país en el que algunos periodistas pernoctan en las instalaciones de sus medios de comunicación para salvar la vida. Reporteros Sin Fronteras acusa al Gobierno islamista somalí de condescendencia con estas prácticas, con un Ministerio del Interior que no sólo no protege a los medios sino que, por el contrario, los tacha de "demasiado independientes" y, en casos concretos, como el de Radio Shabelle, los proscribe sin miramientos.

Pakistán, el país más mortífero para los periodistas entre 2009 y 2011, ha visto cómo siete de ellos morían asesinados este año. El último incidente grave se produjo a comienzos del presente mes, unos individuos que se desplazaban en motocicleta atacaron las instalaciones del grupo Express Media en Karachi, la ciudad más peligrosa del país para ejercer el periodismo. A los atentados de fuerzas islamistas hay que sumar la brutalidad policial y los abusos de poder perpetrados por autoridades, numerosos e impunes.

En cuanto a Turquía, sigue siendo una de las mayores cárceles de periodistas, con 29 periodistas y empleados de medios de comunicación apresados en 2013 por tratar de ejercer su profesión. A pesar de la apertura de la que blasona Ankara, la legislación local tiene rasgos liberticidas, que aprovechan las autoridades para tratar a los periodistas críticos con el poder prácticamente como terroristas, de ahí que no sea inusual que los mantenga presos sin juicio durante largos periodos de tiempo. En estos momentos el número de periodistas presos supera los 60, aunque hay numerosos casos adicionales pendientes de investigación por organizaciones defensoras de la libertad de información como RSF.

Otro aperturista es Hasán Ruhaní, presidente de Irán desde agosto de 2013, cuyas reformas no han alcanzado a los medios de comunicación: 76 periodistas han sido detenidos desde el 1 de enero de este año, 42 de los cuales fueron privados de libertad en la segunda mitad del año –ya con Ruhaní en el poder–, y 12 medios de comunicación han sido objeto de suspensión. La situación de los periodistas presos suele ser calamitosa, lo cual no les convierte ni mucho menos en especiales en el tétrico sistema penitenciario iraní.

Así las cosas, no es de extrañar que Christophe Deloire, secretario general de RSF, afirme que la lucha contra la impunidad de los ataques a la libertad de prensa siga siendo una crucial asignatura pendiente de la comunidad internacional.

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