Los nacionalistas y los límites a la solidaridad

Guillermo Dupuy

El 'principio de ordinalidad' podría darse a la hora de financiar a las autonomías tanto con un sistema progresivo como con uno proporcional

Guillermo Dupuy | 2013-10-14

El problema no es que los nacionalistas y quienes los tratan vanamente de contentar quieran limitar la solidaridad. El problema está en que casi todos los políticos y no pocos comentaristas llaman solidaridad al arbitrario reparto que hace un gobernante de un dinero extraído coactivamente a los ciudadanos. La solidaridad, sin embargo, sólo es tal cuando se ejerce libremente, y esto es lo único que no sucede cuando hablamos de algo que, no por nada, se llaman impuestos.

Dicho esto, y al margen de algo tan decisivo como que los impuestos nos lo pagan los territorios, sino los individuos, que haya políticos que consideren que la financiación de las Administraciones que gobiernan debe ir en proporción a los impuestos que sus habitantes han abonado a Hacienda nada tiene que ver con el sistema tributario. El cacareado y tan mal entendido principio de ordinalidad podría darse a la hora de financiar a las autonomías tanto con un sistema progresivo como con uno proporcional.

De hecho, los nacionalistas no están en contra de que los habitantes del barrio de Pedralbes paguen al fisco mucho más, tanto en términos absolutos como relativos, que los habitantes de un barrio humilde de la misma ciudad de Barcelona. Ellos son partidarios, tanto como el que más, de esa sacrosanta progresividad fiscal y por las mismas y demagógicas razones que los que apelan a una peor entendida justicia social. De hecho, sólo están a favor de su principio de ordinalidad cuando se trata de la financiación de las Administraciones autonómicas, pero no de la municipal ni de ninguna otra.

Con un sistema fiscal proporcional, y por utilizar una manida y engañosa expresión en defensa de la progresividad, quienes más tienen seguirían pagando más. La diferencia está, como diría Thiers, en que "la proporcionalidad es un principio mientras que la progresividad no es más que odiosa arbitrariedad". Contra esta "odiosa arbitrariedad", contra este "solapado hurto" –en expresión de Stuart Mill– han combatido intelectualmente desde hace mucho los liberales, muy especialmente los miembros de la Escuela Austriaca.

Yo, aunque sea más modestamente, no voy a dejar de criticar esa progresividad fiscal, ni a dejarla de considerar un obstáculo para la movilidad social porque algunos crean erradamente que los nacionalistas se oponen a ella. Desgraciadamente, tampoco los nacionalistas lo hacen.