Valderas el filántropo

José Luis Roldán

Lo que verdaderamente me revuelve las tripas es que estos de IU sostengan un régimen corrupto, incompetente y dañino, y pretendan pasar por virtuosos.

José Luis Roldán | 2013-07-07

Hay tanta agitación estos días en la charca andaluza, que me siento más pintor que plumilla, dedicado como estoy al retrato de los nuevos pícaros de la escuela de Monipodio. Me ocupo hoy de Dieguito el butanero, que es como aquí se llaman a los repartidores de bombonas de butano; aunque yo pienso que eso es una invención maliciosa: pues, si ha estado veinte años de alcalde, unos cuantos de presidente del Parlamento de Andalucía, otros tantos de diputado, algunos de coordinador general de la Izquierda Unida andaluza, ahora de vicepresidente del Gobierno andaluz, las cuentas no salen. No sé cómo hay gente tan malvada que se atreve a acusar a un pobre hombre de haber tenido un trabajo honrado.

Pero a lo que vamos, resulta que nos hemos enterado ahora de que don Diego compró el piso de una persona que había sido desahuciada por una caja de ahorros (gobernada por el Partido Socialista y los sindicatos UGT y CCOO) por no pagar la hipoteca. La compró a precio de chollo, 30.000 euros, después de haber rechazado la oferta que el desahuciado le hizo.

Descubierto el pastel, Valderas y su partido, IU-CA, se han apresurado, como buenos hipócritas, a rasgarse las vestiduras y a hacerse las víctimas. El victimismo es el recurso que utilizan cada vez que son cogidos con las manos en la masa; les gusta tomarnos por imbéciles. Dicen los de IU que eso lo hacían todos. Ellos sabrán. Yo no lo hacía; ni las personas decentes que conozco y trato. Y el propio Valderas ha dicho que él no tiene conciencia de haber hecho daño a nadie, sino que, por contra, se ha dedicado toda su vida a hacer el bien.

Valderas, pues, el filántropo. Toda su vida sacrificada al servicio de la ciudadanía. Flipo con estos filántropos que ejercen la filantropía a precio de oro. Valderas lleva toda su vida mamando las ubres ubérrimas de la política. ¿Cuándo soñó ganar 70.000 euros anuales, y tener un Audi 8, y comer gratis en los mejores restaurantes, y viajar a costa del público por todo el universo mundo, y otra numerosa serie de prebendas sólo al alcance de gente desprendida como él?

Me emociono ante tales ejemplos de solidaridad, desprendimiento y sacrificio. Él, que podría estar tranquilamente en su pueblo repartiendo butano, o, sencillamente, cobrando el paro, como la mitad de sus paisanos, ha elegido, sin embargo, el estrecho y empinado camino del sacrificio, para el bienestar de los andaluces. Y todavía hay hijos de mala madre que se atreven a criticarlo.

Valderas y su partido son el huésped simbiótico del leviatán socialista. A él debemos, por tanto, los andaluces seguir disfrutando de las bondades del régimen; por ejemplo, una tasa de paro del 37%, o encabezar los índices de pobreza y fracaso escolar.

Si algo me resulta nauseabundo no es la esencia despótica del régimen que padecemos en Andalucía (totalitarismo blando, lo llamó mi admirada Cristina Losada). Un despotismo que ni siquiera es ilustrado –si acaso, lustrado; apariencia sólo–; ni provisor, o, mejor dicho, provisor sólo de sus sectarios. Ni, tampoco, su naturaleza tenebrosa y cleptocrática.

Lo que verdaderamente me revuelve las tripas, por lo que entraña de insulto a la inteligencia, es que estos dieguitos valderas de IU sostengan un régimen corrupto, incompetente y dañino, y pretendan pasar por virtuosos. Que practiquen, participen, tapen, protejan y se beneficien de las mismas corruptelas, y pretendan dar lecciones de ética.

Sepulcros blanqueados, que en su interior sólo albergan podredumbre; y que, a la postre, sólo incitan a la náusea.