Estados Unidos y el capitalismo salvaje

Mario Noya

El topicazo de que EEUU es el ogro neoliberal estatófobo por antonomasia no resiste el menor análisis.

Mario Noya | 2013-06-11

The Land of the Free se ha convertido en a nation of takers, denuncia, documenta Nicholas Eberstadt en este librito que se titula precisamente así y que deja por los suelos el topicazo de que Estados Unidos es el ogro neoliberal estatófobo por antonomasia, que se come sin pelar a los niños, los viejos y demás gente de mal vivir productivo.

The Land of the Free, se espanta Eberstadt, ya no es the home of the braves sino, lo dicho, a nation of takers, el paraíso de los sobrecogedores, de los que saben cómo sacar la leche a las tetazas del Estado, que no suelen ser los que más lo necesitan sino los más vivos y los amigachos de los vaqueros, o sea de los politicorros de turno y de los miembros de la sacrosanta casta funcionarial. Esto no es, esto no es, viene a decir Eberstadt, sin dejar de pensar en los Founding Fathers… ¡y hasta puede que en la madre del padre del monstruoso New Deal, FDR, una nenaza si se lo compara con algunos, bastantes de sus sucesores!

En los últimos cincuenta años, el aparato estatal americano ha experimentado una transformación radical y fundamental. En algunas cuestiones básicas –su tamaño, sus preocupaciones, incluso sus propósitos–, el Estado norteamericano de hoy sería difícilmente reconocible incluso para Franklin Delano Roosevelt, y mucho menos para Abraham Lincoln o para Thomas Jefferson.

Se ha transformado el Estado, sigue denunciando/lamentando Eberstadt, y se ha transformado la sociedad, que ya no parece empeñada en poner límites al poder y en la búsqueda privada de la felicidad sino en pedir prebendas, garantías, protecciones, derechos de esos que consisten en despojar al prójimo, que más que como semejante es visto como el gran pagano, "persona que paga, generalmente por abuso, las cuentas o las culpas ajenas". El grito libertario Leave us alone! se ha trocado en un estruendoso Go, Obama, go! ¡Adelante, colócanos a tós! (Obama... o Bush, a ver qué va a pasar con esas risitas republicanófilas. Porque, apunta Eberstadt, George W. y los también republicanos Nixon y Ford se cuentan entre los presidentes que más han cebado al Leviatán).

Vamos con los datos a quemarropa, para el que tenga prisa en aventarlos ante la alegre muchachada topitoxicómana:

De la moral del trabajo se ha pasado a la del relajo y el sablazo, insiste Eberstadt, que aporta más datos abracadabrantes:

Todo esto, en un país que no ha vivido guerras en su territorio desde hace siglo y medio y que disfruta de una calidad de vida excepcional; en un país donde la esperanza de vida al nacer ha crecido 9 años entre 1960 y 2009 y donde el porcentaje de fallecimientos entre los individuos con entre 18 y 65 años ha caído del 26 al 15 en el mismo periodo.

Eberstadt, amargado, se teme que a la célebre Declaración de Independencia le sustituya la Declaración de Dependencia, que nadie habrá puesto aún negro sobre blanco pero que desde luego ya campa por sus respetos. Al final lo mismo acaban por cambiar de animal totémico y todo: ¿del águila al gorr(i)ón?