'Infiltrados en clase'

Juan Manuel González

Juan Manuel González | 2012-05-12

Aunque no lo parezca, Infiltrados en clase es otra adaptación al cine de una serie televisiva, esta vez la denominada 21 Jump Street, un olvidado policial protagonizado por un jovencísimo Johnny Depp entre 1987 y 1991, y que en España recibió el nombre de Jóvenes policías. Quizá conscientes de que una adaptación literal resultaría rutinaria y desfasada, además de terriblemente innecesaria, los jóvenes directores Phil Lord y Chris Miller han decidido coger el toro por los cuernos y aprovechar la ocasión para chotearse tanto de los estereotipos del género policial como de la comedia adolescente de instituto, apostado por una mezcla de gamberrismo e incorrección política inesperadamente bien ideada.

Su aproximación ha funcionado: Infiltrados en clase lleva recaudados en la taquilla estadounidense unos espléndidos 134 millones de dólares sobre un presupuesto de unos exiguos 40, cuando su exhibición en aquel país todavía no ha terminado. Un excelente resultado comercial que certifica la habilidad de Lord y Miller, responsables del reivindicable filme animado Lluvia de albóndigas, a la hora de mezclar incorrección y humor cafre con un trasfondo irónico más fino de lo que pudiera parecer.

Infiltrados en clase parte del axioma de las denominadas buddy movies o películas de colegas, con dos protagonistas opuestos –el atractivo Channing Tatum y un delgadísimo Jonah Hill- ejerciendo de policías de incógnito en un instituto. Y a partir de ahí la película crece pese a partir de lo más previsible. La inversión de roles e intercambio de papeles (el fuerte obligado a estudiar química, el sensible convertido en hombre de acción), o el contraste entre los veteranos polis y los estudiantes más jóvenes (los nuevos traficantes juveniles son gays, negros y además ecologistas, y por tanto intocables...) suponen el punto de partida de una animada parodia que taladra los clichés de la serie televisiva originaria y llega incluso hasta la moda reciente de revivals nostálgicos que se vive Hollywood.

La cinta logra rematar la jugada con una solvencia inexistente en otras que han apostado por la misma fórmula, sea la reciente Sombras tenebrosas o la similar adaptación de Starsky y Hutch, que protagonizaron Ben Stiller y Owen Wilson. Infiltrados en clase es un filme innecesario y lo sabe, de hecho presume de ello ametrallando al personal con gags sin cuartel que sólo decaen pasada la primera hora de cinta. La presencia de Ice Cube burlándose del estereotipo de capitán negro y cabreado, o la persecución de coches (en la que no acaba de producirse la debida explosión) son sólo parte de la munición de Lord y Miller, que llegan incluso a chotearse de la necesidad de un prólogo explicativo o de la división en actos de la narración cinematográfica. Infiltrados en clase no es ninguna maravilla, pero creo que esta riqueza de capas, que recoge méritos tanto de la comedia generacional del reciente Judd Apatow como de la locura paródica del trío Zucker-Abrahams-Zucker (responsable de Aterriza como puedas o Agárralo como puedas), la convierte en una de las mejores comedias en lo que llevamos de año.