Pruritos progresistas

Carlos Rodríguez Braun

El elevado precio de la sanidad en EEUU no tiene que ver con el mercado libre sino con la intervención política, desde el fomento de la litigiosidad hasta la prohibición de que las aseguradoras se nieguen a firmar pólizas según el historial del paciente.

Carlos Rodríguez Braun | 2009-11-15

Feliz con la posibilidad de que finalmente se apruebe, Xavier Vidal-Folch aseguró en El País que las objeciones a la reforma sanitaria de Obama derivan del "prurito ideológico contra el gasto social".

A don Xavier, en cambio, no le pica nada cuando analiza los famosos 47 millones de "excluidos" sin seguro de salud, y se esmera en informarnos sobre su raza en lugar de señalar un aspecto sistemático y peculiar de ese grupo, que no es la raza ni la renta sino la edad. En efecto, se trata casi siempre de jóvenes, por lógica poco demandantes de servicios sanitarios, y que se autoexcluyen de los seguros porque éstos son muy caros. Su elevado precio no tiene que ver con el mercado libre sino con la intervención política y legislativa, desde el fomento de la litigiosidad hasta la prohibición de que las aseguradoras se nieguen a firmar pólizas según el historial sanitario del paciente o la prohibición a que estipulen un precio conforme a su edad.

Estos asuntos no le pican a don Xavier, encantado como está con la reforma de Obama, que es "una bendición desde el punto de vista del rigor económico" y además "el heraldo de un Estado del Bienestar, de una auténtica América europea, socialmente amable". Todo parecen ventajas pero de pronto el columnista apunta: "La inversión en la reforma costará un billón de dólares, a financiar por los contribuyentes más prósperos". Inobjetable. El gasto no es tal sino "inversión". Y para colmo de bienes lo pagarán los opulentos. Ningún prurito le asalta a la hora de reflexionar sobre la curiosa circunstancia de que esos Estados del Bienestar tan amables socialmente en Europa no son sufragados precisamente por los ricos.