Mucho ruido pero las mismas nueces

Federico Jiménez Losantos

Federico Jiménez Losantos | 2001-05-31
Toda la palabrería, todas las especulaciones, todos los buenos deseos sobre la conversión a la democracia del PNV se han estrellado a las primeras de cambio con la dura realidad. En Bilbao, nada menos que en Bilbao, donde los partidos españoles han obtenido más votos que PNV y EA, el alcalde del PNV, Iñaki Azcuna, gracias a los votos proetarras y al concejal-escoba Gorordo, ha impedido que las víctimas del terrorismo reciban el homenaje póstumo de la medalla de oro de la Villa. Y eso que Azkuna es el bueno, el moderado y el dialogante del PNV. Si llega a ser el malo, al portavoz del PP Basagoiti y al del PSOE Dimas Sañudo los manda detener por desórdenes y alboroto público. Habrá que ver y leer las explicaciones de los cebrianes y tussellones. Seguramente dirán que ante semejante provocación, los pobres nacionalistas no podían hacer otra cosa.

El asunto no es baladí, ni tampoco simbólico, sino absolutamente real. Es la primera vez que el PP y el PSOE toman una iniciativa conjunta en defensa de las víctimas del terrorismo después del 13 de Mayo. Ya se ve que si para ellos no ha cambiado ni puede cambiar lo sustancial de la vida política vasca, que es la lucha antiterrorista en defensa de su vida y su libertad, tampoco el PNV ha cambiado en lo sustancial. Para Azkuna no plantea ningún problema moral votar junto al brazo político de ETA en contra de una inciativa del PP y del PSOE en favor de las víctimas del terrorismo. Y ese es el argumento de fondo, al lado del cual los argumentos de Azkuna sobre que esto de dar medallas es "complicado" y que no pueden condecorar a todos por si le toca a Melitón Manzanas son excusas de mal pagador.

Mientras para el PNV lo complicado no sea votar junto a los representantes del terrorismo etarra, todo seguirá siendo dramáticamente simple. Nada habrá cambiado: mucho ruido, mucho frufrú dialogante de Ibarretxe, pero, al final, nos tropezamos con las mismas nueces. Arrancadas por los mismos y del mismo árbol. Como lección de horticultura no está mal. Como escarmiento político, tampoco.