No hay mercado bajo chantaje

Federico Jiménez Losantos

Federico Jiménez Losantos | 2001-03-06
El anuncio del Presidente de la SEPI, primer accionista de Iberia, de que suspenderá la OPV que debía completar la privatización de la compañía el mes que vienen si los pilotos no deponen su actitud es coherente y razonable. Muestra que no es posible un mercado digno de este nombre bajo chantaje, aunque el chantajista lleve corbata como el SEPLA, aunque se trate de un sindicato de señoritos como el de los pilotos de Iberia, un vástago más del monopolio que se intenta perder de vista. En una empresa normal de un país serio, donde la propiedad sea respetada y el mercado esté protegido por las leyes, si un grupito de empleados se cargase el valor de la compañía no sólo acabarían en el paro, sino, como mínimo, ante los tribunales.

Aquí, no. Aquí todavía tenemos que pasar por el aro de un monopolio de hecho para salir volando en cualquier dirección, lo que no deja de ser una metáfora de la economía europea en general y española en particular. La llamada propiedad pública de ciertos sectores estratégicos se traduce infaliblemente en atoramientos no menos estratégicos que colocan al contribuyente bajo la doble opresión de pagar una compañía por un precio superior al del mercado y de tener que usarla bajo la violencia y el desprecio de quienes son sus beneficiarios. El trato vejatorio que los pilotos de Iberia están dando a los ciudadanos españoles que pagan sus pingües sueldos obliga, en un primer momento, a parar la OPV. Pero cuando se privatice la compañía, que se privatizará, debería llevar, en justa correspondencia, a su despido en masa. Homenaje tardío pero merecidísimo al monopolio maldito.