Eficacia policial. ¿Y judicial?

Federico Jiménez Losantos

Federico Jiménez Losantos | 2000-11-09
El MInisterio del Interior encadena éxito tras éxito en los últimos días. Tras la detención de los cuatro etarras en Madrid -sigue pendiente la estructura fija de la banda en la capital de España- y de algunos cómplices en Madrid y Barcelona, hemos conocido hoy la detención de los remitentes de cartas-bomba a famosos periodistas y, para postre, nada menos que la captura de los jefes del GRAPO en París. No sería justo que si pedimos prontitud policial para localizar a los anarquistas de marras y eficacia investigadora para cazar a los cabecillas grapenses, ahora fueramos mezquinos en el elogio y escatimáramos el reconocimiento ciudadano que merecen estas actuaciones policiales. Ya sabemos que entra en el sueldo de los policías y los guardias capturar a los delincuentes, especialmente si son terroristas. Pero también entra en el sueldo de los jueces condenarlos y no siempre cumplen con esa obligación.

Sucede que los éxitos de la Policía y la Guardia Civil en la lucha antiterrorista ponen de manifiesto la ineficacia o algo peor de la Policía Autónoma vasca y en los medios de comunicación no deja de manifestarse la diferencia de comportamiento y, en consecuencia, de valoración entre los distintos cuerpos represivos nacionales o autonómicos, léase nacionalistas. Con todo, lo más grave no es lo de la Ertzantza. Lo que estas afortunadas y trabajadas actuaciones policiales plantean en toda su crudeza es la falta de adecuación del Código Penal a la represión de los delitos más graves y, de forma creciente, la falta de profesionalidad o de valor cívico de muchos jueces que son los que en un Estado de Derecho deben concluir la tarea policial, aplicando el castigo que merecen las conductas criminales con arreglo a la legalidad vigente.

Pero después de que hasta los jueces de la Audiencia Nacional, teóricamente especializados en la lucha implacable contra el terrorismo, empiecen a escandalizar a los ciudadanos con su "comprensivo" comportamiento ante los etarras, hay al menos tres preguntas obligadas: ¿Por qué cuando más se aprecia la eficacia policial en la lucha contra el crimen debemos echar más en falta la eficacia judicial? ¿Es que todavía hay jueces "progres" que creen que los contribuyentes les pagamos el sueldo para llevarles la contraria a los policías? ¿O es que los jueces no cobran a fin de mes, y, por cierto, bastante más que un guardia civil o un policía? Quizás el ministro del Interior debería detener e interrogar al presunto ministro de Justicia para conseguir alguna respuesta. Sería otro éxito policial. Y no de los menores.