Luis Enrique, Robert Moreno y el Gran Hermano VIP federativo

Juan Manuel Rodríguez

2019-11-28

Treinta horas después de la rueda de prensa de Luis Enrique, en la que llamó ni más ni menos que ocho veces desleal a su ex ayudante, Robert Moreno ha comparecido ante los medios de comunicación. Para empezar, el formato elegido por el ex seleccionador, que se ha dirigido a los periodistas sin leer y notablemente nervioso, casi, casi a punto de llorar, pero seguramente habiendo memorizado previamente un texto al que habrá dado mil vueltas en su cabeza, es poco fiable. El hecho de no haber aceptado las preguntas de la prensa convierte en sospechoso a Moreno, y no porque no haya dicho la verdad en lo que ha expuesto hoy, que eso no lo sabe nadie más que él, sino porque, al no aceptar preguntas y repreguntas, se sobreentiende que no quiere entrar en contradicciones, que es algo que sucede cuando uno no dice toda la verdad o cuando se pretende ocultar algo.

La primera parte de la comparecencia de Moreno, que ha durado escasamente diez minutos, ha ido dirigida a hacer un canto del esfuerzo empleado para llegar hasta donde ha llegado. Especialmente emotivo, aunque haya aportado más bien poco al debate que nos trae hoy aquí, ha sido el momento en el que Moreno ha contado que muchos de los niños que entrenó, convertidos en hombres de provecho, le han llamado para animarle y para decirle que confían en él y que no se creen todo lo que se está diciendo sobre su persona. La segunda parte ha servido para recordarnos a todos que Moreno ha seguido a Luis Enrique allá por donde ha ido, probablemente para intentar convencernos de que es un hombre fiel. El último dato aportado por Moreno ha consistido en contarnos que a estas horas sigue sin saber los motivos concretos por los cuales Luis Enrique le dijo en una reunión que ya no contaba con él.

La única media verdad constatable en este asunto es la de que, efectivamente, si Moreno no le hubiera dicho que sí a la federación, Rubiales tendría que haber ido a buscar otro seleccionador y hoy Luis Enrique no estaría dirigiendo a España, y digo que es la única media verdad constatable porque Moreno dijo sí pensando probablemente en Moreno y sabedor de que jamás en su vida le llegaría una oportunidad como esa y no en el posible regreso de Luis Enrique. Si ahora mismo Robert Moreno puede crecer como entrenador es por la sencilla razón de que siguió la estela de Luis Enrique en el filial del Barcelona, en la Roma o en el Celta y, por último, en la selección; era a Luis Enrique a quien llamaban, no a Moreno, de modo que Robert dijo que sí por fidelidad, sí, pero también por interés, y probablemente en un porcentaje mucho más elevado.

Este Gran Hermano VIP al que hemos asistido desde el miércoles a las once y media de la mañana hasta el jueves a las siete menos veinte de la tarde ha resultado descorazonador. Por un momento llegué a pensar que en cualquier instante aparecería por allí mi amigo Pepe Herrero con su Nomineitor. Y si ahora mismo tuviera que decantarme por cuál de los dos, si Luis Enrique o Robert Moreno, iba a votar el público para que abandonara la casa... yo diría que el expulsado sería Moreno. Y sería Moreno porque, después de la tragedia acaecida, tendemos a posicionarnos inconscientemente del lado de Luis Enrique y porque de todos es sabido que quien golpea primero lo hace dos veces, y Lucho lo hizo ayer, mucho más tranquilo, bastante más relajado y tres veces más contundente que su ex ayudante.

Quiero insistir en que el culpable de todo este desaguisado, con Luis Enrique y Moreno arrojándose los trastos personales y profesionales a la cabeza, ha sido el único ausente, o sea Luis Rubiales. O, por mejor decir, la federación española de fútbol, incapaz nuevamente de gestionar con cierta habilidad comunicativa un marrón que, conocida la secuencia de los hechos, era bastante previsible por su parte que acabara aconteciendo. Nada queda claro salvo que Luis Enrique zarandeó ayer a Moreno delante de toda España, le humilló y le llamó varias veces traidor, y que hoy Moreno, mucho más dubitativo, se ha ventilado su comparecencia rápidamente y en tan sólo diez minutos. Corramos, pues, un tupido velo. Que acabe Gran Hermano VIP y que empiece el fútbol. Y hasta la próxima metedura de pata federativa, que estará al caer si es que no ha caído ya.