La violadora eres tú

Zoé Valdés

"El hombre soy yo", pareciera que gritan a pecho peludo. O sea, que revisa primero tu 'hombrismo' antes que tu hembrismo.

2019-12-12

La violadora eres tú, y lo sabes. Al menos lo saben las ideólogas de un nuevo feminismo que, más que referirse a las libertades de las mujeres, las enredan y limitan, enviándolas a la arenga fácil, a las calles a payasear y a perpetrar círculos de terror en contra de todo lo que tenga que ver con lo masculino. Salvo cuando lo masculino las atañe y aglutina. Porque estas nuevas feministas dejaron de ser mujerangas (como se les llama despectivamente en los países machistas-leninistas) para meterse a mujerongas. A empoderadas no de lo femenino, sino de lo masculino. Su solapada aunque máxima aspiración –no nos engañemos– es la hombría. "El hombre soy yo", pareciera que gritan a pecho peludo. O sea, que revisa primero tu hombrismo antes que tu hembrismo.

Estamos frente a un nuevo feminismo de la envidia al hombre, del irrespeto, que obedece a un sistema fracasado y lleva la ideología comunista como estandarte preponderante de la abulia. Impone los patrones marxistas de deterioro de la familia y de la humanidad civilizada y próspera.

Indaguen en la vida de Karl Marx, un auténtico desastre. Hijos abandonados y muertos de frío en los más duros de los inviernos, porque al señor filósofo del progrerío no le daba la gana de ocuparse de ellos como habría hecho un verdadero padre de familia. Un vago insensato y manipulador. ¿Por qué las nuevas feministas no queman sus libros como hace poco quemaron libros en hogueras públicas en Chile? Ah, no, faltaría más, por favor, que nadie toque al ídolo de masas (nunca mejor dicho).

Entonces, reitero: la violadora eres tú porque atacas espacios públicos con tu encuerismo y tu cursilería. Con ese lenguaje corporal que te delata como una pobre ignorante, maciza obediente de consignas, dependiente e indigna de los valores más elementales, los de la cordura. No sabes de música ni de baile, pero te mueves así, con gestos marciales bajo un ruido pegadizo del que se hace eco muy pronto La Caja Tonta Que Eructa (la tele), y el resto de esa prensa que estudió periodismo sólo para tener un diploma y no para ejercer como eco de la verdad, enfrentada a la falacia. Repito: lo que estás vendiendo son marchas insípidas e himnos marciales, politiquería baratucha, ideología de medio pelo.

Alguien en las redes sociales lo ha comparado con los mismos bailoteos machistas de los islamistas y de sectas macharrandangas que tú, por cierto, jamás has denunciado. No, tú has preferido igualarte a ellos, igualarte a los que de verdad torturan y asesinan a mujeres indefensas, en Irán y en los países regidos por la Sharia, y de los que eres cómplice con tu silencio islamo-marxista.

La violadora eres tú, sí, de mis derechos de mujer y de feminista, que siempre lo he sido, y mi obra y mis acciones lo prueban, lo han probado durante toda mi vida. Violadora de la verdad. Porque invariablemente hemos deseado que la igualdad entre los sexos –caso de que fuese posible algún día– se asemeje lo más posible a la belleza, a un cierto nivel de cultura, a la sabiduría y a la idea más completa de la paz. Para que tú te aparezcas ahora con tu himno reguetonero de reciente oportunismo, y de a tres por quilo, a imponer que no le hagamos la cena a nuestros maridos, o al hombre al que cada cual decida hacerle la cena, si le sale de sus entrañas.

La violadora eres tú, y lo sabes. Cuando humillas a un hombre que se ha levantado para darte el asiento en el metro y con un gesto autoritario lo mandas a sentar de nuevo sin dar ni siquiera las gracias con amabilidad, cuando toqueteas a otro públicamente en sus partes, cuando provocas con discursos politiqueros y mercachifles en plazas y conventos ideológicos de la izquierda; en lugar de sentarte a escribir seriamente tus opiniones e ideas, como han hecho con anterioridad Camille Paglia y tantas otras feministas reconocidas.

Vuelvo a aconsejarte: revísate, porque estás dando lugar al más vulgar de los odios, al más extremo de los desprecios; debido a tu irresponsable comportamiento querrán meternos a todas en un cartucho. Un cartucho del que numerosas mujeres hemos salido hace mucho tiempo, liberándonos mediante nuestro esfuerzo, que no poco ha costado; y que tú con tu cantico de pacotilla y tus taconeos y machacaditas majaderas en el pavimento estás degradando y pisoteando.

La violadora eres tú, apréndetelo de memoria, repítelo como un mantra, y no trates de imitar. Que imitar nunca se le ha dado bien a nadie, como no sea a los mediocres.