Ante el Frente Popular Separatista, ¿qué puede hacer la derecha nacional?

Federico Jiménez Losantos

Si Casado, Abascal y Arrimadas no son capaces de enfrentarse con él de forma conjunta, ellos se irán al guano, pero antes nos habrán descalabrado a todos.

2020-01-12

Lo más difícil ante una enfermedad es hacer un diagnóstico acertado, a partir del cual se puede buscar el remedio. Esta semana echará a andar, o mejor, a tropezar, el Gobierno más peligroso de la España contemporánea. Pero ¿en qué consiste ese peligro? ¿Qué cabe temer a corto y medio plazo? ¿A qué nos enfrentamos? Y una vez identificada la naturaleza del peligro que nos acecha, ¿cómo afrontarlo y, si es posible, cabe intentar resolverlo?

Entre el viernes y el sábado se han hecho tres análisis por parte de tres personas especialmente cualificadas, en tres entrevistas: Jaime Mayor Oreja en esRadio, Mikel Buesa en El Mundo y Jon Juaristi en Vozpopuli. Los tres son vascos, siempre han estado en la acción y la reflexión política, y no tienen ningún lazo en común, salvo dos esenciales: buscan entender lo que nos está pasando y la mejor manera de defender España y la Libertad.

Un proceso revolucionario

Mikel Buesa, cuyo hermando Fernando fue asesinado por ETA, militó en el PSOE, fundó y abandonó UPyD y entre sus últimos libros destacan ETA S.A. y La pachorra conservadora, responde así a Fernando Palmero, en una gran entrevista, a la pregunta clave:

-¿Estamos ante un proceso constituyente?

-Estamos a las puertas de un proceso revolucionario. Lo de constituyente es un eufemismo para ocultar que estamos ante un cambio constitucional fuera del cauce que establece la Constitución. Y a eso se le llama revolución. Creo que no va a ser violento, pero no descarto totalmente la posibilidad de que lo sea. En cualquier caso, ese proceso revolucionario, si finalmente se va asentando, no va a ser un proceso de ruptura en un momento, sino de pequeñas rupturas que en su conjunto conducirán a una situación completamente distinta. Por ejemplo, de combatir las noticias falsas, como dicen que van a hacer, a tener censura previa o autocensura, que es todavía peor, hay un paso.

Juaristi no está de acuerdo -yo tampoco- con la opinión positiva que Buesa tiene de Rubalcaba, pero comparte su preocupación ante un proceso poco claro salvo en lo que tiene de temible. Preguntado por Karina Sáinz Borgo, contesta:

-Tenemos Gobierno de coalición. ¿Qué opinión tiene al respecto?

-Muy mala. Habrá que esperar a que se produzca la catástrofe, para no ponerse la venda delante de la herida. Esta situación, que antes parecía privativa del País Vasco y después de Cataluña, es decir, sociedades antagonizadas y divididas, ya es una realidad general en toda España gracias a los socialistas. Pero esto es un proceso largo que comenzó con Rubalcaba el 13 de marzo de 2004, cuando lanzó a sus bases al asalto de las sedes del PP en la jornada de reflexión electoral. Continuó luego con Zapatero y hemos llegado hasta aquí. Es terrible, pero aún no sabemos cuáles serán las consecuencias." (…)

Los consensos básicos ya habían saltado por los aires en 2004. Lo que sí es nuevo es la radicalización extrema del PSOE, que se ha convertido en un partido populista de izquierdas, vamos, un partido bolivariano. Lo ha hecho por mimetismo con respecto a Podemos. En lugar de desplazarse hacia el centro, el PSOE ha optado por la radicalización que ya había comenzado con Zapatero. Convendría recordar que él se refirió a sí mismo como el más rojo de todos.

La duda de la Derecha sobre sí misma

Lo esencial en la reflexión de Juaristi es definir la naturaleza del PSOE. Recuérdese que, hasta el raudo abrazo de Sánchez e Iglesias tras las elecciones generales, muchos en el PP y Cs situaban al partido de Sánchez en el campo constitucional, pese a la evidencia de su pacto con comunistas y separatistas en autonomías y ayuntamientos, incluyendo Navarra. Es como si la Derecha no se atreviera a plantar cara al Golpe de Estado catalanista en solitario, sin ayuda de la Izquierda, léase PSOE. La realidad ha destruido esa quimera, que no expresaba certeza sino miedo. Y la permanente duda sobre su propia legitimidad, sin esa forma de pedir permiso para existir a la Izquierda que es la manía del consenso.

Esto tiene consecuencias decisivas al plantear la oposición a un Gobierno que es social-comunista en su composición y separatista en su vocación. Si las Derechas se ven frente a un todo, un Frente Popular para destruir España, han de agruparse y prescindir de los tres liderazgos insuficientes: PP, Cs y Vox. Decía este sábado Rafa Latorre en un brillante análisis que comunistas y separatistas, unidos en el Poder, tratarán de convencernos de que lo que está unido es toda la Oposición, que en el fondo es Vox hablando por sí mismo y a través de PP y Cs. Sucede justo lo contrario: por encima de sus diferencias, todas las extremísimas izquierdas y las extremísimas derechas separatistas, se han unido para gobernar. En cambio, los tres partidos de centro-derecha siguen desunidos en la Oposición.

Bastaba ver este fin de semana a Ciudadanos manifestándose contra Díaz Ayuso junto a los comunistas para comprobar que el centro sigue idiotizado y se cree capaz de presentar, no se sabe desde dónde ni a través de qué medios, nada menos que una alternativa. El PP no deja de declinar ciegamente el verbo liderar. Y Vox sigue creyendo la propaganda que hace contra ellos la Izquierda, viéndola como un anuncio de un triunfo futuro, que le vendrá a las manos por los errores del Gobierno, que no es un Gobierno sino un nuevo régimen revolucionario, que no se sabe cuántos pasos precisará para alcanzar su fin, la destrucción de España, pero que, evidentemente, no tiene otro camino que seguir dándolos y a toda prisa. Es decir, que cada partido sigue pensando sólo en sí mismo, cree que basta acudir a su electorado, real o supuesto, por separado y dejar los acuerdos para cuando se aclare su único problema: no quién gobierna sino quién mandará en la Oposición.

Tres citas electorales a vida o muerte

Y entramos en el análisis de Jaime Mayor Oreja en La Mañana: la base del nuevo Gobierno, que no es un Gobierno sino un Proceso que supone la extensión del Prusés a toda España, son ETA y ERC. Con el respaldo de los demás partidos separatistas, de los comunistas, y, con una estrategia más gradualista, del PSOE. El núcleo duro de este Poder en proceso, o de esta revolución en marcha, no está en el PSOE, sino en la izquierda separatista y Podemos, que no duda, estando ya prácticamente en el Gobierno, en manifestarse en favor de los asesinos etarras y de los golpistas catalanes. Es un proceso cuyo fin lo marcan los extremos y en el que no hay guion: cada cuál desafinará del modo más tele-estridente que pueda.

Esto obliga a PP, Cs y Vox, explicaba Mayor, recordando aún la ruina de UCD, de la que le costó salir 14 años a la derecha, a llegar en sólo 14 meses a diversos acuerdos, según las características en cada lugar, para salvar los tres obstáculos que afrontan las fuerzas nacionales y constitucionales: las elecciones gallegas, vascas y catalanas. Si en ese terreno minado son incapaces de llegar a ningún pacto electoral -siquiera PP y Cs-, porque los post-electorales no valdrán, la derrota de esta oposición ratonera está asegurada. La ruina de España, también.

Estoy de acuerdo en lo sustancial con los tres análisis citados: estamos ante un régimen en marcha cuyo fin último es liquidar la Nación en cómodos plazos, a través de la permanente y sistemática violación de la Constitución. Si Casado, Abascal y Arrimadas no son capaces de enfrentarse con él de forma conjunta, ellos se irán al guano, pero antes nos habrán descalabrado a todos.