Valverde, el nuevo Santamaría

Juan Manuel Rodríguez

2020-01-15

Recuerda hoy con acierto y oportunidad Jaime Candil en el diario As que una jugada muy similar a la que se produjo el domingo pasado entre Álvaro Morata y Federico Valverde sucedió hace 40 años en Inglaterra y que, a raíz de aquella entrada y del posterior debate que se originó a su alrededor, se alumbró la decisión de expulsar del terreno de juego al jugador que cometiera la falta. En aquella ocasión el título en juego era la FA Cup, los rivales eran el Arsenal y el West Ham United, y los protagonistas Paul Allen, que sería nuestro Morata, y Willie Young, el defensa central del Arsenal, que sería nuestro Valverde. Cuando se produjo la acción el equipo de Paul Allen ya iba ganando por un gol a cero pero el delantero del West Ham encaró solo a Patt Jennings y, cuando estaba a punto de marcar, Young lo barrió. El árbitro observó la jugada, sacó tarjeta amarilla a Young, el West Ham ganó la FA Cup gracias a un solitario gol de Trevor Brooking y, al día siguiente, no se pudo evitar que Allen y Young, Young y Allen, se convirtieran en los protagonistas de una jugada que, como decía, propició un debate inteligente y constructivo que llegó a la conclusión de que jugadas similares a aquellas debían acabar con la expulsión del futbolista que cometía la falta.

Hoy se ha conocido que la jueza única del Comité de Competición, Carmen Pérez, ha castigado a Valverde con un partido de sanción, de modo que el uruguayo no podrá jugar este sábado contra el Sevilla en Liga. Que era lo que, con el acta arbitral en la mano, correspondía puesto que el colegiado Sánchez Martínez no habla en ningún momento de que Valverde no tenga ninguna posibilidad de jugar el balón, como así fue. De haberlo recogido en el acta, de haber hablado Sánchez Martínez de la imposibilidad de Valverde de jugar el balón, y según el artículo 114 del Código Disciplinario, la sanción debería haber sido de al menos dos partidos. Pero todo esto se conocía desde el domingo: se sabía el acta del partido, se sabía que Competición tenía las manos atadas y se sabía que a Valverde le iba a caer un partido, pero aquí, a diferencia de cualquier otro país civilizado, se ha montado un guirigay cuya única finalidad ha sido la de desinformar... desviando la atención de lo trascendente que es, y por este orden, que el Real Madrid ganó la Supercopa y que Valverde se convirtió, además de en el futbolista más valioso del partido, en el elemento trascendental sin el cual el equipo de Zidane no habría regresado a Madrid desde Arabia Saudí con el trofeo en las manos.

Por alborotar, se ha establecido incluso un debate semántico acerca del adjetivo "necesario" y el verbo "ponderar", con cuya segunda acepción me quedo: "Alabar de forma exagerada a una persona o cosa o expresar con gran admiración la bondad de sus cualidades". De modo que la falta de Valverde, a quien felicitó incluso el entrenador rival, Simeone, era a ojos de todos los espectadores absolutamente necesaria, sirvió probablemente para decantar la victoria del lado madridista puesto que Morata se quedaba solo delante de Courtois, cualquiera en la situación de Valverde habría hecho lo mismo, el chico estuvo listísimo porque tomó la decisión correcta en milésimas de segundo, se elogió incluso la posterior explicación del centrocampista madridista que explicó que, de haber podido, le habría agarrado de la camiseta... pero sin embargo no se puede ponderar, o sea alabar de forma exagerada, una acción defensiva acaecida entre dos equipos profesionales de fútbol que se jugaban un título oficial y que sirvió para que lo ganara uno de los dos finales en detrimento del otro. Pues no lo entiendo.

Yo, sin embargo, creo que hay que ponderar la acción de Valverde quien, como si de un cirujano se tratara, hizo falta sobre Morata porque no podía hacer otra cosa y la hizo sin lesionar al futbolista, que jugó sin problemas la prórroga aunque luego debió retirarse del campo porque se encontraba mareado tras una acción con Carvajal. Valverde no sólo tuvo la templanza de decidir lo correcto en muy poco tiempo sino la exactitud de hacerlo sin provocar daño al delantero rival. Yo, como cualquiera que viera esa jugada, justifico esa acción... y la pondero, y la pondero porque sirvió para ganar sin hacer daño. Los mismos que hoy la critican alababan, por ejemplo, el mordisco que el capitán del filial rojiblanco le pegó en su día a Vinicius. Ha nacido otro José Emilio Santamaría. Y, como decíamos anoche en El Primer Palo, por 5 milloncetes de euros. Supongo que eso sí se podrá... ponderar, ¿o tampoco?