Donde habita el olvido: la conmemoración de los asesinatos de Alberto y Ascen en Sevilla a manos de ETA

Pedro de Tena

La crueldad e indiferencia moral de una izquierda psicópata incapaz de admitir que quienes no piensan como ella tienen derecho a existir es insoportable.

Pedro de Tena | 2020-01-31

Seguramente, habrá algún tiempo futuro en que todo lo que está ocurriendo en España sea considerado un rapto pasajero de locura y miseria moral. O no. A lo mejor lo que sucede es un tiempo oscuro de sumisión y fuga de toda crítica y libertad. Lo cierto es que los asesinatos de Alberto Jiménez Becerril y Ascensión García el 30 de enero de 1998, cada año son menos tenidos en cuenta.

En general, los asesinatos de ETA a lo largo de décadas están siendo evacuados por el sumidero del olvido puesto en marcha por una alianza política infame impulsada por el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero después de 2004. Que haya un gobierno de la Nación, social-comunista-separatista que depende del voto recaudado por ETA para aprobar cualquier ley que exija la mayoría absoluta en el Congreso, exige como consecuencia el olvido de los crímenes y la mirada estrábica y vergonzante de un PSOE cuyos muertos lloran junto a los de las fuerzas de seguridad, el PP, otros partidos y las personas de a pie aniquiladas por los asesinos.

Lo más indignante de todo es que quienes descerrajaban tiros en la nuca o explosionaban bombas con niños de por medio por no compartir su locura ideológica y política, se presenten en la sociedad española e internacional como "progresistas" y "demócratas".

La crueldad e indiferencia moral de una izquierda psicópata incapaz de admitir que quienes no piensan como ella tienen derecho a existir física, civil y políticamente en un marco de convivencia compartida, es cada vez más insoportable. Ni creyeron ni creen en la democracia.

Llamar al asesinato "lucha por la democracia" y al exterminio del contrario "camino de progreso" puede repugnarnos, pero son frases que se multiplican en los medios de comunicación y que obtienen el silencio de la mayoría de los demócratas que hay en España, cada vez más contaminados por el virus de lo políticamente correcto.

La única que lo dijo claro ayer en el cada vez más reducido homenaje ofrecido a los asesinados Alberto y Ascen, fue Teresa Jiménez Becerril. "ETA no pertenece al pasado. Que no nos confundan hablando de convivencia, cuando realmente de lo que se trata es de un pacto oportunista…Ya tengo suficiente con soportar a los herederos de los asesinos de mi hermano y mi cuñada en el Congreso. De tener a Bildu con mando en plaza", gracias "a los que han decidido olvidar sus asesinatos por un puñado de votos".

Si se hacen las cuentas, sale lo siguiente: desde el 7 de junio de 1968, fecha del primer asesinato de la banda terrorista perpetrado a tiros contra el guardia civil José Antonio Pardines Arcay en Villabona (Guipúzcoa) han pasado casi 52 años. En estos años, hubo 3.500 atentados, 864 muertos y 7.000 víctimas. De ellos, hay centenares de crímenes sin esclarecer.

Hace sólo unos días se ha visto cuál es el precio que toda una nación, España, está pagando por interés del gobierno socialista de Pedro Sánchez. Ruínmente, los socialistas europeos, los españoles entre ellos, se opusieron a aprobar que una misión de eurodiputados viajara a España en 2020 para investigar por qué siguen sin resolverse 379 asesinatos cometidos por la organización terrorista ETA.

Prefirieron apoyar una misión similar pero... ¡para averiguar las causas del deterioro del Mar Menor! Hasta insultante suena. Según ellos, ETA ya no existe y el terrorismo separatista ya no es un problema. Pero el día antes de que el PSOE se opusiera a esta misión europea por la verdad, el brazo político de ETA, Bildu, anunciaba el apoyo de su grupo parlamentario a los presupuestos de Pedro Sánchez. No, no puede ser una coincidencia.

Alberto, concejal del PP en el Ayuntamiento de Sevilla y Ascen, procuradora en los tribunales andaluces, dejaron tres huérfanos: Alberto, Clara y Ascen. Ni siquiera estaba en el acto de conmemoración el alcalde de Sevilla, el socialista Juan Espada, con lo clara y distinta que es la fecha para cualquier agenda. No fue la única ausencia relevante.

La rima LXVI de Gustavo Adolfo Bécquer, luego retomada por Cernuda para un título, terminaba así:

en donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.

El olvido habita crecientemente en el encuentro de las calles don Remondo y cardenal San Flores de Sevilla donde hace 22 años fueron asesinados Alberto y Ascen. Allí está creciendo su tumba, pero también la de una nación digna y democrática cuyo gobierno prefiere callar ante los asesinos y olvidar a sus víctimas.