Contaminación, fábricas, coches y colegios: lo que los libros de texto no dicen... pero deberían

Domingo Soriano

Richart y Soriano se preguntan qué estamos enseñando a los alumnos de primaria sobre medioambiente, transporte, energía o desarrollo tecnológico.

N. Richart | D. Soriano | 2020-02-02

La polémica del mes ha tenido como protagonista al PIN parental: la propuesta de VOX para que los padres decidan si quieren que sus hijos asistan o no las actividades complementarias (y obligatorias, aunque las imparta personal ajeno al centro escolar). Sin embargo, casi nadie cuestiona los contenidos que vienen en los libros de texto, si son adecuados o no, si reflejan la realidad o si transmiten ideas equivocadas a los niños.

En este episodio de La Pizarra… (ver aquí todos los vídeos anteriores), Nuria Richart y Domingo Soriano abren este polémico melón. Y lo hacen con un ejemplo aparentemente inocuo: ejercicios para niños de 6-8-10 años en los que se les pide a los niños que tachen las fábricas o los coches porque son “malos” para el medioambiente [más contenidos relacionados en el nuevo Podcast de Libertad Digital, Economía para quedarte sin amigos].

Richart y Soriano se preguntan si este planeamiento es acertado, si esta idea que les estamos transmitiendo a los alumnos más jóvenes es correcta y si es verdad que las fábricas o los coches han sido negativos (en términos absolutos y sumando sus contribuciones positivas y negativas) para el medio ambiente. Y lo hacen con una mirada muy diferente a la habitual: en este caso, nos ofrecen una clase de historia económica, en la que se preguntan cómo ha sido posible que Europa (y, en general, todo el planeta) haya conseguido alimentar a una población que, en los últimos 200 años, se ha disparado. No sólo no tenemos menos alimentos que nuestros antepasados a nuestra disposición, sino que en realidad el consumo de calorías se ha disparado, nuestra dieta es mucho más variada y las enfermedades relacionadas con la alimentación son mucho menos frecuentes. ¿Milagro? No, una mezcla de tecnología (desarrollada en fábricas y laboratorios), mejora de las técnicas agrícolas (tractores, cosechadoras, máquinas para el riego) y comercio-transporte (intercambio de cultivos, semillas y productos entre países y continentes).

Las consecuencias de este fenómeno (el incremento de la productividad agrícola y la mejora en el suministro de alimentos) no han sido sólo beneficiosas para la dieta de los habitantes del planeta. Además, todo esto ha tenido efectos muy positivos para el medio ambiente: en Europa (también en España) se ha disparado la superficie forestal. Al revés de lo que ocurría hace 2 o 3 siglos, los agricultores europeos ya no necesitan talar, roturar y poner en producción nuevas tierras cada pocos años. Ahora esa nueva tecnología nos permite producir más alimentos en menos terreno, lo que está favoreciendo la recuperación de áreas boscosas que se habían perdido hace siglos.

O lo que es lo mismo: las fábricas, los vehículos contaminantes o los plásticos de los invernaderos, no sólo no están perjudicando el medioambiente, sino que están ayudando a que lo cuidemos como nunca antes en nuestra historia. Éste es, creen Richart y Soriano, un relato mucho más fiel a la realidad que el que se intuye en los libros de texto actuales. Y la pregunta es ¿saldrá algún niño del sistema educativo español habiendo escuchado algo remotamente similar a lo que plantea esta Pizarra?